En la década de los setenta se consolidó un tipo de comedias de sencilla concepción que calaron hondo en la cultura popular israelí. A estas películas se las llamó “películas burekas”, jugando con la idea de una comida autóctona al igual que el género netamente italiano denominado “spaghetti western” (aunque el término “burekas” ha sido utilizado en su momento para señalarlas de manera peyorativa).

El origen de estas comedias podría situarse en Sallah Shabati de Kishon, debido a que allí se encontraba la semilla de lo que serían las películas burekas: comedias concebidas por realizadores de origen ashkenazí con protagonistas de origen mizrají o sefaradí expuestos de manera un tanto negativa y pensadas para ser consumidas por un público mizrají similar a los protagonistas de estas comedias. Con imagen negativa nos referimos, por ejemplo, a que Sallah era un holgazán, mientras que los protagonistas de las burekas eran también holgazanes, estafadores de poca monta o delincuentes consumados, todos ellos de baja extracción social y, solían conquistar a alguna joven ashkenazí de familia de buena posición, lo que llevaba a ser rechazados por los padres de su enamorada.

Así como Sallah Shabati es considerada el germen del cine burekas, no se puede dejar de mencionar otro film contemporáneo a estas comedias que, si bien no se la considera dentro de este género, posee el mismo hilo argumental que estas comedias. Nos referimos a Kazablan (1973), el musical dirigido por Menahem Golan (productor a su vez de Sallah Shabati y de muchísimos éxitos en aquellas décadas), donde Yehoram Gaon interpretaba a un joven marroquí de clase trabajadora que conquistaba el corazón de una joven polaca. La obra musical de la que deriva el film fue estrenada en teatro en 1966 y ya en ese momento fue protagonizada por Yehoram Gaon. Esta obra era, a su vez, una adaptación de un drama estrenado en teatro en 1954 y en cine en 1964, aunque las versiones musicales de Kazablan muestran una enorme influencia del musical West Side Story (Amor sin barreras). Kazablan, la versión de 1973, fue un éxito descomunal, llegando a superar en Israel la cantidad de público que llevó Sallah Shabati y, al día de hoy, sólo ha sido superada en público por Eskimo limon, dirigida en 1978 por el director de las más importantes películas burekas, Boaz Davidson. Un dato adicional, detrás de las tres películas más vistas en la historia del cine israelí (Eskimo limon, Kazablan y Sallah Shabati), está Menahem Golan como productor.

El realizador detrás de las dos primeras y más famosas comedias burekas es Boaz Davidson, a quien se le adjudica el término “burekas” para esta clase de cine, y en muchas de las comedias que conformaron este género se repiten los mismos actores protagónicos, principalmente Yehuda Barkan y Zeev Revach, a veces en dupla y otras por separado, otros actores como Reuven Bar-Yotam (protagonista de Salomonico, 1972, Yi’ihiyeh Tov Salmonico. 1975 y Bo nefotzetz millon, 1977, en dupla con Yehuda Barkan) y actores secundarios como Arieh Elias y Joseph Shiloach.

El de Davidson es otro nombre trascendente de la comedia israelí. Comenzó dirigiendo una serie cómica clave en la historia de la televisión israelí, Lool y luego fue el artífice de las principales comedias burekas, y de las primeras entregas de la saga de comedia más popular en Israel y de mayor difusión internacional, Eskimo limon. Después de dirigir estos y otros films, Davidson decidió instalarse definitivamente en Hollywood, destacándose desde entonces, principalmente, como productor ejecutivo de films de acción, al igual que Yoram Globus y Menahem Golan, los productores de la saga Eskimo limón, que también emigraron a Hollywood en la misma época.

Dada la enorme popularidad que han tenido las comedias burekas (las más exitosas promediaban los 600 mil espectadores en Israel), popularidad que no necesariamente iba de la mano de la calidad de las mismas, la polémica no se hizo esperar. Como en ese momento el Estado de Israel tenía un sistema de apoyo a su cine que era directamente proporcional a la cantidad de público que llevaba cada película, muchos críticos y realizadores preferían respaldar un cine que recibía menos apoyo financiero por llevar menos espectadores, pero mantenía un nivel de calidad y prestigio mucho mayor que las comedias burekas. Estas comedias, en cambio, se producían específicamente para ser vistas por el público mizrají, que en su mayoría pertenecía a la clase social más baja, y su contenido local hacía que no trascendieran las fronteras hacia Occidente, como sí lo hacìan las de Kishon y otros realizadores de ese momento.

Unas quince películas aproximadamente son las que podríamos considerar entroncadas dentro de este subgénero. Una de las primeras que vale la pena mencionar es Katz veKarasso (Menahem Golan,1971), sobre dos dueños de compañías de seguros, un sefaradí y un ashkenazí, que rivalizan entre sí y que padecen el hecho de que los hijos varones de Karasso (uno de ellos interpretado por Yehuda Barkan) conquistan a las hijas de Katz.

Luego de esta película, dos comedias con Yehuda Barkan y Zeev Revach son las que generaron el “boom” de esta corriente de películas, Charlie ve’hetzi (Charlie y medio, 1974) y Hagiga Be’Snuker (Fiesta en el pool, 1975), ambas dirigidas por Boaz Davidson. En Charlie ve’hetzi, Charlie (Barkan), es un muchacho que traba amistad con Miko, un niño, y ambos se ganan la vida con pequeñas estafas callejeras. Sasson (Revach) rivaliza con Charlie, mientras Charlie intenta conquistar a Gila, una chica ashkenazí de buena posición, haciéndole creer que él proviene de una familia adinerada. El encuentro entre la familia de Charlie y la de Gila, previsiblemente, no termina nada bien, pero ambos intentan sobreponerse a las diferencias sociales que los separan.

En Hagiga be’snuker, Barkan interpreta a dos hermanos gemelos, Azriel y Gabriel. Mientras que Gabriel, junto con su amigo Hanuka, tienen un bar de snooker (una modalidad inglesa del pool) y se dedican a estafar gente allí, Azriel es un inocente muchacho religioso que trabaja en una verdulería. Como Azriel es incapaz de conseguir una chica para casarse, Gabriel decide hacerse pasar por él para lograr que su hermano se case y, de esa manera, poder vender la casa familiar y con eso pagar deudas por apuestas que él y su amigo contrajeron.

Aunque acarreaban críticas que les achacaban el hecho de ser películas hechas por ashkenazis con todos los estereotipos negativos que podían juntar de los mizrajíes, estas películas y algunos otros exponentes de las comedias burekas lograron tanta identificación en el público local que en la actualidad son consideradas películas de culto, con personajes que quedaron como íconos del cine israelí y diálogos que son recordados por todo el país, aunque apenas lograron llegar a países como Rusia y similares.