El primer nombre trascendente en el cine de comedia israelí es el de Efraim Kishon. Kishon fue un gran escritor israelí, habitualmente acostumbrado a plasmar agudas sátiras políticas sobre la sociedad en la que vivía. Su producción literaria comenzó en la década del ‘50 y desde mediados de los ’60 se volcó a la dirección de cine, llevando a la gran pantalla algunas de sus grandes obras literarias. De cinco películas que escribió y dirigió, dos fueron nominadas a los Oscar y ganaron el Globo de Oro a Mejor Película extranjera (Sallah Shabati y Hashoter Azulai) y otra fue nominada a los Globos de Oro (El canal de Blaumilch). Su primera película, Sallah Shabati (1964), fue además el primer gran éxito en la historia del cine israelí, con más de un millón de espectadores en su país.

En Sallah Shabati, Kishon criticaba la vida en los kibutzim y el precario sistema de absorción de los nuevos inmigrantes durante las primeras décadas del Estado, mostrando el choque cultural que se produce cuando un inmigrante yemenita muy humilde y con pocas ganas de trabajar, llega a Israel con sus hijos y debe lidiar con los contrastes culturales que se producen en el kibutz, al tratar de adaptarse a una civilización diferente de la propia. Ervinka (1967) fue su segunda película. Protagonizada por Topol al igual que Sallah Shabati  (Sallah… le dio la posibilidad de desembarcar en Hollywood e interpretar a Tevie en El violinista en el tejado), narra las aventuras de otro personaje vago y aprovechador, aunque, en este caso, la sátira social se reduce a mostrar la inoperancia policial.

Su tercera película fue tal vez una de las más logradas y recordadas, Tealat Blaumilch (El canal de Blaumilch, 1969). Una sátira política que parte de un loco que escapa de un neuropsiquiátrico y comienza a taladrar una calle muy transitada de Tel Aviv. A partir de ese acto de locura, los funcionarios públicos de la ciudad se suman a la “obra” del loco, al punto de enloquecer a todos los ciudadanos.

En Ervinka y en El canal de Blaumilch aparece un personaje particular, un policía bastante tonto e incompetente que ridiculiza a la institución policial en su totalidad (y alimenta el espíritu anarquista de Kishon). Ese personaje, interpretado en ambas por Shaike Ofir, se volvió protagonista en la cuarta película de Kishon, Hashoter Azulay (El policía Azulay, 1971), donde se muestra a fondo su idiotez, aunque en medio de la sátira y la crítica ideológica aparece la ternura característica de sus personajes.

La quinta y última película de Kishon fue Hashual be’lul hatarnegolot (El zorro en el gallinero, 1978), su crítica más filosa al sistema político, con una lectura mucho menos localista y más universal que el resto de sus películas, aunque, pese a esto, fue una de las comedias menos conocidas de Kishon fuera de su país. Allí, Shaike Ofir encarna a un miembro del Parlamento que, después de sufrir un problema cardíaco por stress, decide descansar en un pueblo perdido, que carece de cualquier tipo de gobierno. La calma de ese paraíso socialista y anarquista se ve alterada cuando el político intenta imponerse y adaptar la vida del pueblo al orden social y político que impera en el mundo occidental.