Corría el año 1984. Dos años habían pasado ya de la Guerra del Líbano, denominada eufemísticamente “Operación Paz para Galilea”, en la cual Israel decidió por primera vez intervenir militarmente en territorio extranjero para intentar eliminar a la OLP de Yasser Arafat. Fue la acción militar más ofensiva hasta ese momento y la más cuestionada, incluso desde la propia política interior israelí, particularmente luego de la masacre de Sabra y Chatila, donde las Falanges Libanesas de origen cristiano asesinaron a entre 350 y 3500 palestinos en dichos campos de refugiados, frente a la inacción de las FDI, que no intervinieron para evitar dichas muertes.

Dos años más tarde de esa guerra, la sociedad israelí aún estaba sensible por un enfrentamiento que le dejó una enorme herida política al país y, entre otros resultados negativos, la fundación de Hezbolá. En ese contexto, el cineasta Uri Barbash, que contaba con un largometraje previo, Ot Kain (1982), presenta su primera película consagrada internacionalmente: Me’ahorei hasoragim. Esta película narra los conflictos que ocurren en una cárcel israelí donde delincuentes judíos se enfrentan a terroristas árabes. En ese escenario, uno de los detenidos judíos es asesinado con la anuencia del corrupto oficial israelí que maneja la cárcel, y éste utiliza dicha muerte para enfrentar aún más a los detenidos judíos con los árabes, fomentando el odio en particular hacia Issam, el terrorista árabe detenido que oficia de líder de grupo.

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Este es uno de los tantos filmes israelíes que toman el conflicto israelí-palestino desde un lugar lateral, por afuera del enfrentamiento bélico en sí y es uno de los primeros que concluye de manera aguda y determinante que el foco de conflicto no son los intereses de uno u otro bando sino el aparato institucional que mueve los hilos del conflicto, aprovechándose del odio mutuo. El oficial corrupto encarna la idea del sistema que está por arriba de los dos bandos y manipula los acontecimientos para generar el caos y servirse de él para sus propios fines.

Cuando Uri, el líder de uno de los grupos de detenidos judíos, se convence de que Issam y su grupo no tuvieron intervención en el asesinato de su amigo, decide junto a Issam que ambos bandos se alíen y comiencen una huelga de hambre para acabar con el maquiavélico accionar del oficial. La escena en la que arrojan las bandejas de comida y obligan a todos los detenidos a plegarse a la huelga es de una enorme contundencia dramática y es la escena más importante en una película que cuenta con muchos momentos de hondo dramatismo y excelentes actuaciones.

El actor y director israelí Arnon Zadok interpreta a Uri, mientras que Issam es interpretado por Mohammed Bakri, un actor y director palestino de ciudadanía israelí que muchos años después, en 2002, dirigió el controvertido y censurado documental Jenin, Jenin sobre la intervención del ejército israelí en un campo de refugiados palestinos de Jenin en aquel año.

A poco de comenzar la película, uno de los detenidos, apodado “el ruiseñor” e interpretado por el cantante Boaz Sharabi, participa desde la cárcel en un festival de música televisado y conducido por Yardena Arazi, donde interpreta el tema “Tni li yad” (“Dame tu mano”), que oficia de leit motiv del film, interviniendo en los momentos más dramáticos como puente entre los dos bandos en disputa. Cuando la película logró traspasar la frontera local, ganando el premio de la Semana de la Crítica del Festival de Venecia y, sobre todo, siendo nominada a Mejor Película Extranjera en los Oscar de 1984 (fue la sexta nominación al Oscar en la historia del cine israelí, que no volvería a ser nominado hasta 2007), esta canción compuesta por Shimrit Or y Nurit Hirsh también logró repercusión internacional. Fruto de esa repercusión es que, un año más tarde, Sergio Denis la reversiona, rebautizándola con el título de “Dame luz” e incluyéndola en su disco “Afectos”. (Pueden leer el siguiente artículo para más información)

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Este dato es apenas una pequeña anécdota de una gran película que elevó la vara del cine israelí de entonces, en una década donde el cine local luchaba por reinventarse luego de haber perdido a sus principales referentes, que habían estado en actividad hasta finales de la década pasada y que habían dejado la escena (abandonando la industria, tal el caso de Uri Zohar y Efraim Kishon, o emigrando a Hollywood, como el caso de Menahem Golan).

Uri Barbash, junto con otros grandes realizadores como Assi Dayan, que en esta película interpreta a uno de los prisioneros del bando de Uri, fueron parte de esa nueva generación de cineastas que, a diferencia de quienes los precedieron, se caracterizaron por cuestionar con firmeza la política militar israelí. Me’ahorei hasoragim fue una verdadera resurrección en el plano internacional para el cine israelí, y un drama que merece ser visto una y otra vez para entender el conflicto israelí-palestino desde una perspectiva alejada del campo de batalla.