Jerry Lewis y la historia detrás de su película maldita

Leo Aquiba Senderovsky 20 agosto, 2017 0

Con la muerte de Jerry Lewis, se apagó una de las últimas grandes luminarias de Hollywood. Pero su muerte trajo aparejada no sólo la tristeza de toda la comunidad cinéfila, sino también la satisfacción del propio Lewis de morir antes de que el público pudiera tener acceso a la película que más lo avergonzaba, al mayor estigma de su carrera como realizador: El día que el payaso lloró.

Lewis coescribió, protagonizó y dirigió esta película en 1972, en una etapa de declive en su carrera. Su última película hasta ese momento, ¿Dónde está el frente? (1970), sobre un millonario que decide combatir contra el nazismo, estaba a kilómetros de distancia de sus fabulosas comedias con Dean Martin y de su primera etapa como director y protagonista solitario, a comienzos de los sesenta, donde pueden ubicarse las mayores joyas de su carrera, como El botones (1960), El terror de las chicas (1961) o El profesor chiflado (1963).

Poco antes de terminar de realizar El día que el payaso lloró, Jerry Lewis comentó que estaba confirmado su estreno en el festival de Cannes de 1973, y que luego iba a ser estrenada en Estados Unidos. Sin embargo, la película nunca llegó a proyectarse, sus copias fueron privadas de cualquier tipo de distribución y, en los 45 años que pasaron desde su realización, muy pocas personas confesaron haber tenido el curioso privilegio de verla.

¿Cuáles fueron los motivos que llevaron a Lewis a guardar este film bajo siete llaves? En primer lugar, hubo una disputa entre Lewis y sus dos coguionistas, Joan O’Brien y Charles Denton, quienes no estuvieron de acuerdo con los cambios que Lewis realizó al guion y la forma en la que convirtió al protagonista, un payaso arrogante, en un personaje más simpático, en la línea de Chaplin en El gran dictador.

Sin embargo, el factor principal que hizo que Lewis decidiera mantenerla inédita y fuera del alcance del público radicaba en su trama. Lewis interpretó en esta película a Helmut Doork, un payaso alemán detenido en un campo de concentración nazi por burlarse de Hitler. Allí, Helmut consigue disfrazarse de payaso y hacer reír a los niños prisioneros del campo. Finalmente, es llevado a acompañar a estos niños en tren a Auschwitz, donde es usado como señuelo para lograr que los niños entren en las cámaras de gas. Cuando Helmut se da cuenta de su rol, decide entrar con ellos.

En internet, se puede conseguir el guion de la película, pero no hace falta leerlo para entender el cuestionamiento moral al que Lewis se anticipó cuando decidió cancelar todo tipo de difusión de la película. En 1997, más de medio siglo después de la liberación de los campos de concentración nazis, el estreno de La vida es bella de Roberto Benigni provocó una enorme controversia por la forma edulcorada en la que narró el Holocausto. No es difícil, entonces, dimensionar la crítica que podría haber suscitado El día que el payaso lloró con el recuerdo del horror nazi mucho más fresco en la memoria.

Durante décadas, Jerry Lewis se mostró reacio a responder preguntas sobre esta película. Sin embargo, con el tiempo, sus alusiones a este film se fueron volviendo cada vez más contundentes. Ante una consulta del público en una entrevista abierta en 2013, Lewis dijo “Me avergüenza ese trabajo y agradezco haber tenido el poder de retenerla y no dejar que nadie la viera. Era mala, mala, mala. Podría haber sido maravillosa, pero me equivoqué y no tuve la conciencia necesaria para entender por qué la estaba haciendo y tal vez ahí estaba la respuesta. Nunca se va a ver.”

Pese a esta contundente declaración, dos años después se supo que la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos había adquirido la única copia de El día que el payaso lloró, que hasta ese momento se encontraba en manos del propio Lewis, como parte de una donación que hizo y que abarcaría gran parte de su obra. Sin embargo, se pactó que sea recién estrenada en 2024 y sólo podrán verla quienes vayan a Virginia, donde se encuentra el Centro de Conservación Audiovisual de la Biblioteca. Fácilmente puede deducirse que fue el propio Lewis quien puso esta cláusula. En 2024, Lewis habría tenido 98 años y las chances de que llegara con vida para ese entonces eran obviamente escasas. En otra entrevista, afirmó: “Actualmente, tengo el control total del material. Nadie lo puede tocar. Cuando yo no esté, ¿quién sabe lo que puede pasar?”

Su muerte, dos años después de esa donación y siete años antes de que esa película empiece a circular, puede ser tomada como la última broma de este genio, que se dio el gusto de ocultar su obra más vergonzosa y tuvo la suficiente humildad de interpretar ese film como un error en su carrera, una de las más brillantes en la historia del cine norteamericano.

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