lamugnegashacenpumEn un país jaqueado por la censura y la represión social y cultural, como lo era Argentina durante la última dictadura militar, resulta curioso que el género más habitual en el cine nacional de entonces sea el de la comedia picaresca, con alto contenido de erotismo y de tufillo revisteril.

La comedia picaresca de los setenta era un género que se instaló en el cine argentino, principalmente, a través de Alberto Olmedo y Jorge Porcel, en dupla o por separado. El grueso de sus muchas películas realizadas en los setenta y ochenta apelan a un mismo concepto: Un buen esposo y padre, trabajador, de clase media, intenta infructuosamente tener aventuras extramatrimoniales. El fracaso que conllevan estas “canitas al aire” dan cuenta de la represión social de entonces, pero lo que importan de estos ejemplos no son los magros resultados de estas aventuras amatorias, sino el modelo de familia que proponía la dictadura: Un modelo patriarcal, machista, en el cual se avalaba, a todas luces, la “necesidad” masculina de tener sexo fuera de su cama matrimonial.

Si bien estas películas de Olmedo y Porcel no efectuaban una propaganda explícita del régimen militar, hay otras comedias picarescas que se meten de manera un tanto siniestra con el discurso oficial de entonces. Las muñecas que hacen ¡Pum! (1979) es una comedia escrita y dirigida por Gerardo Sofovich, que, vista en la actualidad, resulta bastante inquietante. El título alude a las mujeres biónicas que usa un grupo para aniquilar a otro, dichas mujeres explotan cuando tienen sexo con algún miembro del bando contrario.

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Los bandos que se enfrentan son, naturalmente, los buenos versus los malos. Los buenos están representados por la organización AM.OR (Amistad y Orden), cuyo líder es Monsieur Grand Tete, interpretado por Javier Portales. Los malos son los de O.D.I.O. (Organización para la Destrucción Internacional del Orden). Dice el personaje de Portales: “AM.OR. es una organización secreta subvencionada por varios países occidentales”. No es difícil inferir que O.D.I.O. vendría a ser una célula internacional comunista, por lo que se insiste en el discurso de la dictadura de tomar como enemigo del país al comunismo internacional, supuesto responsable de la “campaña antiargentina”, como denominaba la dictadura a las denuncias internacionales por violaciones a los derechos humanos.

La fábula se vuelve aún más siniestra cuando, en el medio de un banquete, Monsieur Grand Tete, llama a unos encapuchados para que lleven a una mujer del bando enemigo hasta el sótano de la mansión y le extraigan información “hasta las últimas consecuencias”. Dice el personaje de Portales: “Acompañen a la señora al sótano y procedan. Deben extraerle toda la información que posea”. La mujer se despide muy elegantemente y se da el siguiente diálogo entre el personaje de Julio De Grazia, un agente captado por AM.OR. y el líder de la organización

De Grazia: Me imagino que no la van a torturar en serio, ¿no?

Portales: Por supuesto que sí. Hasta las últimas consecuencias.

De Grazia: Yo pensé que una organización como AM.OR. no utilizaría esos métodos.

Portales: Tanto en el amor como en la guerra, todos los métodos son válidos. Y mucho más en este caso, en que el amor está en guerra contra el odio.

Películas alegóricas a la dictadura hubo muchas, pero generalmente esa alegoría estaba dada por un relato que subrepticiamente aludía a la oscura realidad de aquel momento, desde un punto de vista crítico, entendiendo que esa realidad era perversa y mortuoria. En este caso, la película celebra el discurso del personaje de Portales y se coloca de su lado, subrayando el concepto de “guerra” (a caballo de la idea de “guerra sucia”, que utilizaban los militares para justificar su accionar genocida), y asociando de manera siniestra esta conducta criminal a conceptos como “amor” y “orden”.

Luego de esta escena previa a la tortura, se alarman al afirmar que la mujer torturada “ha desaparecido”.

sucediocircoEn aquella época y en muchas películas que se construían sobre la base del discurso militar, festejando a las fuerzas del orden, suceden muchos secuestros y desapariciones, a veces se ponen en cuestión esos términos (los villanos de esas películas secuestran y desaparecen gente) y al mismo tiempo se los justifica o se los relativiza. En la comedia Sucedió en el Fantástico Circo Tihany (1981), film de Enrique Carreras, se narra un relato policial que intercala los números circenses, y se da el siguiente diálogo: “¿No le parece, comisario, que hay demasiados desaparecidos?” El comisario, interpretado por Tincho Zabala, dice “Cinco”, otro lo corrige y enumera cuatro, pero el comisario dice que se olvida de uno, el muerto. Una figura del circo, interpretada por Tristán, acota: “Ese sí que desapareció para siempre”. El director le dice que no se meta y que vaya a trabajar, y Tristán dice “No, déjeme quedarme junto a usted, están pasando cosas muy raras. ¿A ver si me hacen desaparecer también a mí?”. El director le dice: “Todo puede suceder”, y Tristán le pide que no le haga chistes, “que esta noche el humor se está poniendo muy negro”. Hacia el final, aparecen dos villanos y el comisario se ríe al afirmar “Parece que están apareciendo los desaparecidos”.

Supongamos que esta película elabora un discurso subliminal de crítica al horror de la dictadura. Primero, esta afirmación se desmiente al saber que el director, Enrique Carreras, coincidía ideológicamente con la dictadura y fue uno de los directores que más trabajó en aquellos años. Muchas de sus películas apoyan el discurso reaccionario y los valores conservadores del régimen. Segundo, la frase final que dice Tincho Zabala, “parece que están apareciendo los desaparecidos”,  anula toda supuesta pretensión de alusión crítica a las desapariciones efectuadas por los militares.

Como vemos, el cine de aquella época no tuvo solamente comedias supuestamente inocuas, películas de claro corte propagandista del régimen y films que resistieron los embates de la censura y expusieron, sin llamar la atención de las autoridades, los horrores que se vivían en aquel momento. También hubo comedias que construyeron alegorías inquietantes y siniestras de lo que pasaba por ese entonces, películas que exponían la terrible realidad y luego la negaban, como el caso de la comedia circense de Carreras, o que, directamente, desde la alegoría celebraban el discurso de la Junta Militar.