LOS CHIFLADOS DAN EL GOLPE_1El 9 de octubre de 1975 se estrenó una película llamada Los chiflados dan el golpe, dirigida por Enrique Dawi, el mismo director de De cara al cielo y de las películas más inocuas producidas y actuadas por Palito Ortega durante la dictadura (las más propagandísticas de la dictadura fueron dirigidas por el propio Ortega). Los chiflados… está protagonizada por Albino Rojas Martínez -el Soldado Chamamé-, para los que no lo conocen, me incluyo, un Palito Ortega de cuarta categoría, y Julio De Grazia, la cara más recurrente del cine argentino de los ’70 y ’80 y uno de los mejores actores de la época.

Esta película, secuela de Los chiflados del batallón, estrenada el mismo año (ambas son prácticamente inconseguibles hoy en día, creo que Volver no las programa desde hace años), representa lo mismo que Palito haría meses más tarde, con los militares en el poder. Así como Dos locos en el aire es una propaganda de la Fuerza Aérea y Brigada en acción, un panegírico de la policía, Los chiflados dan el golpe es un institucional de la Armada en clave de humor (vale decir que el humor en estas películas, al igual que las de Palito, es nimio y ramplón).

Los chiflados dan el golpe posee, en principio, un ridículo título que funciona como una peligrosa y no tan inocente premonición. Decimos «no tan inocente» porque el término golpe no sólo aparece en el título, sino que funciona directamente como un leit motiv del film. El personaje del Soldado Chamamé debe fingir que es el capitán del barco en vez del cocinero, cuando su madre y sus hermanas llegan para visitarlo. Reiteradamente, cuando se refieren a la planificación de ese acto de simulación frente a su familia y sin que los superiores se enteren, los personajes hablan de «dar el golpe» o «dar el gran golpe», cuando no hay ningún sentido lógico que una el «dar el golpe» con eso que pretenden hacer. De ahí que la expresión «dar el golpe» queda librada a cualquier sentido ligado más al contexto en el cual se estrenó esta película y a su raíz propagandística de la Marina, que a lo que sucede puntualmente en el film.

El montaje no resulta ambiguo: hay una escena en la que Julio De Grazia dice «listos para dar el golpe», a lo que sigue una larga secuencia de las tropas formadas. Y un dato más para el desconcierto: la canción de apertura de la película repite varias veces el título de la película, para luego ¿aclarar? «los chiflados dan el golpe… de humor».

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La película abre con escenas de la Marina y lo primero que se lee es lo siguiente: «Agradecemos a los hombres que hacen el mar nuestro de cada día, que nos hayan permitido intercalar un toque de alegría en una pausa de su patriótica y esforzada labor.»

Mencionamos el carácter institucional de la película, expresado en esa frase inicial. Este carácter se ve en la conducta de los personajes, afín a la mentalidad de los futuros golpistas. Después de la escena con las tropas formadas, el Soldado Chamamé le dice a un compañero: «Sabés lo que más quiero en mi vida? A la bandera y mi viejita.» Patria y familia, dos de los tres pilares fundamentales del discurso militar (el tercero es Dios).

El otro concepto que se repite referente a la conducta interna en la Marina está dicho por dos personajes distintos, un compañero del protagonista y su superior, cuando responde comprensivamente a la «macana» provocada por el grupo. El personaje del Soldado Chamamé se decepciona de haberse alistado en la Marina para «pelar papas», sintiéndose un inútil. Su compañero le dice: «Aquí en la Marina, haga lo que se haga, todos somos importantes.» Y su superior afirma sobre el final de la película: «En un buque de la Armada, todos los que cumplen diferentes roles son necesarios. Cada uno en su puesto es de vital importancia.» ¿Recuerdan uno de los spots de Malvinas con el slogan «Argentinos a vencer»? En dicho spot se afirmaba «cada uno en lo suyo, defendiendo lo nuestro». El discurso militar repetía permanentemente la ecuación «roles individuales, sentimiento colectivo». El mismo discurso que se afirma una y otra vez en esta película aparentemente inofensiva.

Cinco meses después del estreno de esta película, los chiflados (o no tanto) dieron el consabido golpe, con las consecuencias que todos conocemos.