Estreno en España: 8 Julio 2010

Título: Gainsbourg (Vida de un héroe)

008-068-01-70x100_af 

Sinopsis

Lucien, hijo de padres ruso-judíos, corretea por las calles de París luciendo orgulloso una abominable estrella amarilla en la solapa de su chaqueta. Nos encontramos en 1941, en plena época de conflicto bélico europeo, en un París bajo la ocupación alemana. Aunque todavía no lo sabe, el pequeño Lucien terminará convirtiéndose en Serge Gainsbourg, todo un mito y una leyenda universal.

[youtube id=”boT5jOfwkZQ” width=”600″ height=”350″]

Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

El prestigioso dibujante y guionista de comics Joann Sfar debuta en la dirección con una película que poco y nada tiene en común con sus obras gráficas. Podríamos pasar horas conjeturando qué fue lo que lo llevó al autor de El gato del rabino y La mazmorra a realizar una biopic de Serge Gainsbourg, el cantautor más revolucionario y provocador de su tiempo. Seguramente haya algo relevante para Sfar en el origen judío de Gainsbourg, y en su condición de sobreviviente de una Francia ocupada por los nazis, o en su papel de referente de la generación que nació cuando él se encontraba en el pináculo de su fama. No importa cuáles hayan sido las razones, lo que importa, en este caso, es que el resultado ha sido mucho más que óptimo. Concretamente, estamos ante un debut que consigue guardarse un lugar singular en el mundo de los largometrajes biográficos.

Toda propuesta cinematográfica nace de un concepto, que digita y condiciona la narración y la puesta en escena. Mientras haya un concepto, un elemento que articule el conjunto, puede haber una buena o una mala película, dependiendo de su ejecución, pero al menos hay algo que contar. Sfar da el primer paso con una seguridad poco común para un realizador debutante. Al final de la película se lee una declaración del director que anuncia su interés por las mentiras de Gainsbourg, más que por sus verdades. Esta auténtica declaración de principios cristaliza la lectura del film, y barre de un plumazo el preconcepto de que toda biografía debe mostrar el ascenso y la caída del protagonista, privilegiando, en la mayoría de los casos, su hundimiento y el desenlace redentor. Sfar no intenta redimir al personaje, no le importa si fue un padre desentendido, si fue un inmaduro, si se cebó en su propia egolatría. Aunque todo eso esté en la película, Sfar no obliga al personaje a mirar hacia atrás e intentar corregir los errores. A fin de cuentas, quien se arrepiente y se redime termina siendo un personaje cerrado sobre sí mismo, carente de dobleces. Sfar no apela a la contradicción de Gainsbourg. Lo que hace es reconstruir sus vivencias a la manera de viñetas, el lenguaje que el director maneja de sobra. De ese modo, pasa, sin solución de continuidad, de una etapa a la otra de su vida, privilegiando aquellos aspectos que lo llevaron a convertirse en un mito.

Desde ya que esta idea de episodios que repasan y divide en partes su vida hace tambalear el relato en varios pasajes. No hay manera de que no le demandemos a la película que nos amplíe la evolución del personaje en aquellos momentos que el director eligió sintetizar con elipsis, como en el paso del niño con la estrella amarilla a su adultez. Sin embargo, como esta construcción está sostenida sobre la base de un planteo que se permite acercar la figura de Gainsbourg al terreno más liviano y superficial, cualquier momento menor del personaje es prescindible, en tanto no importa demasiado la veracidad, sino la construcción del mito que allí se esconde.

Esta propuesta no llega al nivel de complejidad arquitectónica de I’m not there, de Todd Haynes (por la simple y sencilla razón de aquella fue realizada por un artista más experimentado que Sfar), pero tampoco se queda atrás. Cuando las vivencias de Gainsbourg podían encarrilar la narración hacia el lado del hombre que lo pierde todo por sus adicciones, el director elige, de forma muy audaz, captar esa sensación sin apelar a resoluciones dramáticas e impostaciones varias, apegándose a la imagen pública de Gainsbourg y a su singular y errático comportamiento.

Sfar explora el aspecto más íntimo del Gainsbourg más histriónico y menos cotidiano. Así, a su conocida capacidad de seducción y a su tremenda voracidad para con las mujeres, Sfar le suma las fantasías del cantante, la permanente discusión entre Gainsbourg y un muñeco que representa sus obsesiones, un elemento que instala a pleno la idea de que ésta pretende ser una biopic fuera de serie.

Uno de los elementos más relevantes de esta película son las actuaciones, y en este apartado, tanto el enorme parecido físico de Éric Elmosnino como Gainsbourg, o de Laetitia Casta en la piel de Brigitte Bardot, y de buena parte de los secundarios, llama poderosamente la atención. Pero no solamente sorprende el parecido físico de Elmosnino, sino el compromiso que adopta al interpretar a Gainsbourg, un compromiso que se evidencia en una actuación no sólo memorable, sino además, casi tan seductora como el propio cantante.

La integración con la obra musical también es enormemente meritoria. El director no se detiene excesivamente en la ultra-erótica Je t’aime… Moi non plus, o en su obra maestra discográfica, Histoire de Melody Nelson. Todo lo contrario, hace un repaso completo y sólido de los puntos más álgidos de su obra (y los más provocadores, como su versión reggae de La Marsellesa). En el caso de la canción compuesta con Bardot, su amante por aquellos años, la misma aparece para ilustrar esa pasión y ese momento esencial, para la memoria colectiva, de la vida de Gainsbourg. No se extiende mucho más. En cuanto a Melody, una de las canciones más relevantes de este disco conceptual ilustra el comienzo (la fabulosa secuencia animada de títulos creada por Sfar) y el final de la película, pero Sfar no se detiene en la composición de esta obra, y prefiere darle espacio al irónico que cantaba Nazi Rock, o al que provocaba con un coro que entonaba Aux armes et cætera, en una relectura del himno francés que hirió a muchos desprevenidos.

No me quiero olvidar de la aparición del maestro Claude Chabrol, en un papel desbordado de una sola escena, como el manager de la discográfica que se queda pasmado al oír los gemidos en la canción más escandalosa de Gainsbourg, un tema que en su momento simbolizó la libertad sexual, y que hoy, si se la compara con la música que vino después, puede ser tomada como una canción de amor algo cursi y demodé. La participación de Chabrol es tan magnética como decepcionante, porque no tiene más que unos minutos en pantalla, y merece mucho más.

Ahora bien, si deseamos resumir lo mejor del film, notamos que sería difícil lo opuesto, es decir, enumerar aquello que nos disgusta del resultado final. Pasemos, entonces, a lo mejor. El poder de la biografía dirigida por Joann Sfar reside en muchos elementos ejecutados con una maestría poco común en un realizador novel, pero, fundamentalmente, en el planteo narrativo del realizador, que no genera un desconcierto excesivo, pero que se las ingenia en generar cierta incomodidad, al no buscar el conflicto que desnude la figura de Gainsbourg, sino en apelar al poder natural de su evocación mítica. Algo comparable al planteo de Haynes en su biopic de Bob Dylan, sólo que con muchas menos pretensiones, y con un resultado más sólido, equilibrado y emotivo.

Lo mejor de la película: El concepto particular que define esta biopic, y la diferencia del resto. Y tanto el parecido físico de Elmosnino con Gainsbourg, como el talento con el que lo interpreta.

Lo peor de la película: Algunos saltos que evidencian ciertos huecos en la construcción del personaje (como el salto de aquel Gainsbourg pequeño en la Guerra, al adulto dibujante y cantante)

gainsbourg2 

Título original: Gainsbourg (Vie héroïque). 

Dirección y guión: Joann Sfar.

País: Francia. 

Año: 2009. 

Duración: 130 min. 

Género: Biopic, drama, musical. 

Elenco: Éric Elmosnino (Serge Gainsbourg), Laetitia Casta (Brigitte Bardot), Lucy Gordon (Jane Birkin), Anna Mouglalis (Juliette Gréco).

Producción: Marc du Pontavice y Didier Lupfer. 

Música: Olivier Daviaud.

Fotografía: Guillaume Schiffman. 

Montaje: Maryline Monthieux. 

Dirección artística: Christian Marti. 

Vestuario: Pascaline Chavanne. 

Distribuidora: Avalon Productions.

Estreno en Francia: 20 Enero 2010.