Título: El pequeño Nicolás

Estreno en España: 7 Mayo 2010

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Sinopsis

Nicolás lleva una vida tranquila. Tiene unos padres que le quieren, una panda de amigos “fenómenos” con los que se divierte muchísimo y no tiene ninguna gana de que cambien las cosas. Pero un día, Nicolás escucha una conversación entre sus padres que le hace pensar que su madre está embarazada. Le entra el pánico y se pone en lo peor: pronto llegará un hermanito, que ocupará tanto espacio que sus padres ya no podrán ocuparse de él y acabarán incluso abandonándole en el bosque, como a Pulgarcito…

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Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

Aquellos que hayan leído la serie de libros infantiles de la década del sesenta creada por René Goscinny y Jean-Jacques Sempé, tienen sobradas razones para disfrutar esta adaptación cinematográfica, un tanto tardía, pero que posee el encanto de construir un universo infantil atemporal.

Muchas de las cosas que presenta la película de Laurent Tirard, heredadas de su origen en el papel, pueden remitir a una infancia de otro tiempo. Incluso su espíritu naïf puede tener poco que ver con los niños actuales. Pero si asumimos esto, deberíamos poder explicar cuál es el sentido de hacer hoy una película sobre los personajes de esa saga, de la misma manera en que estamos obligados a intentar comprender por qué una ficción como El chavo del ocho logró un éxito en todo Hispanoamérica, sin perder su vigencia cuarenta años después de su producción.

Esta comparación es casi inevitable. En ambas ficciones, predomina la construcción estereotípica de los niños. De adulto, uno puede asociar sin inconvenientes el perfil de determinados personajes de una ficción con la otra (Ñoño con Alceste o Clotaire con Godines, por poner unos ejemplos) y hasta es inevitable preguntarse cómo una ficción construida a base de estereotipos puede sostener su éxito y su vigencia. La realidad es que estos estereotipos seducen a los niños, porque en su mundo no hay espacio para la dualidad, lo ambiguo. Uno de niño se diferencia del resto por rasgos puntuales, y la burla hacia los compañeros parte de determinadas características precisas que los convierten en objeto de burla. Es por eso que, pese a que la infancia ya no es lo que era, pese a que los niños se han informatizado y, producto de ello, carecen de la ingenuidad de épocas pasadas, los estereotipos siguen siendo parte de su modo de constitución, y ficciones como ésta pueden sobrevivir al encanto de museo.

Está claro que El pequeño Nicolás apunta al niño que creció leyendo la saga y también al niño de hoy, porque, a fin de cuentas, el espíritu lúdico no ha cambiado demasiado, y su sencillez le permite instalarse sin problemas en ambas generaciones de espectadores. Las virtudes de la adaptación de Tirard aparecen cuanto más se aleja de la figura de Nicolas y más se acerca, desde la comedia, a la descripción de sus compañeros, entre los cuales se destacan principalmente Alceste, Agnan y Clotaire. Por otra parte, no es casual que los adultos de esta ficción carezcan de nombre propio y que estén descriptos a partir del estereotipo (todo nos acerca al punto de vista del niño), aunque en ningún caso el estereotipo llega a atentar contra la verosimilitud de lo que se narra. La puesta de Tirard se acopla a esa idea de construcción de los personajes, acentuando al máximo la mirada del niño.

El pequeño Nicolás es un producto convencional, no más convencional que el grueso de las comedias francesas que traspasan las fronteras de su país, que posee la cualidad de funcionar en cualquier parte del mundo por su forma de reproducir el universo infantil descripto en las obras originales de Goscinny y Sempé. Un universo ingenuo y gracioso, lleno de travesuras y subrayados, con el que cualquier niño puede sentirse identificado.

Lo mejor de la película: La construcción de estereotipos y la reproducción del punto de vista de los niños.

Lo peor de la película: Su convencionalidad.

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Dirección: Laurent Tirard. 

País: Francia.

Año: 2009. 

Duración: 90 min. 

Género: Comedia. 

Elenco: Valérie Lemercier (madre), Kad Merad (padre), Sandrine Kiberlain (maestra), Maxime Godart (Nicolás), François-Xavier Demaison (el Caldo), Michel Duchaussoy (director), Michel Galabri (ministro). 

Guión: Laurent Tirard y Grégoire Vigneron; basada en la obra de René Goscinny y Jean-Jacques Sempé.

Producción: Olivier Delbosc y Marc Missonnier. 

Música: Klaus Badelt. 

Fotografía: Denis Rouden. 

Montaje: Valérie Deseine. 

Diseño de producción: Françoise Dupertuis.

Vestuario: Pierre-Jean Larroque. 

Distribuidora: Vértigo Films.

Estreno en Francia: 30 Septiembre 2009.