Estreno en España: 20 Noviembre 2009

Estreno en Argentina (BAFICI): 18 Abril 2010

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Sinopsis

Martín, un antiguo militante que lleva más de treinta años exiliado en España, recibe la llamada de un antiguo camarada, Raúl, que le pide que vuelva. El objetivo es ayudarle en los trabajos de excavación que Raúl ha iniciado en la selva, con los que intenta encontrar los restos de un compañero de ambos, Ezequiel, desaparecido después de una refriega contra los militares. La excavación organizada por Raúl es clandestina, organizada de espaldas al gobierno, para poder hacer las cosas “a su manera”. Raúl ha reunido en una casa cercana a la excavación a los más allegados a Ezequiel: Andrea (su viuda y antigua amiga común que ahora odia a Martín por haber marchado a Europa en plena lucha); Luisa, la anciana madre; Vicky, compañera de cautiverio de Andrea en un centro de detención, y Pablo, hijo de ésta, que participa en los trabajos como excavador. Un único personaje se ha negado a acompañarles: Silvia, la hija de Ezequiel y Andrea, enemistada hace años con su madre, y convencida de que la lucha armada fue un grave error de la generación de sus padres. Obligados a vivir varios días bajo el mismo techo, los viejos amigos comprobarán cómo su forma de entender el mundo ha cambiado mucho desde entonces. La tensión irá en aumento.

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Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

Es curioso que un director español ruede una película sobre la lucha armada en la Argentina (pese a que esta película no se refiere explícitamente a este país, la elección del elenco habla por sí sola). No es casual que, con pocos meses de diferencia, aparezcan dos películas españolas como El baile de la victoria y Los condenados. Si bien se puede suponer que esta exploración en otros terrenos puede estar relacionada con su eventual distribución internacional, lo que queda claro es que ambas películas, al situarse en momentos turbulentos de la historia de Chile y de Argentina respectivamente, no dejan de referirse a los años oscuros de España que aún cuesta llevar a la pantalla.

Las dos películas refieren a aquel pasado desde el presente, en el caso de la película de Trueba, de forma demasiado lateral y con elementos que se alejan excesivamente del discurso político. En Los condenados, en cambio, Isaki Lacuesta compone un hondo retrato de los hombres que participaron de la lucha armada, con una enorme pericia técnica y dramática.

Lacuesta nos pone en la piel de Martín, un militante exiliado que es convocado por un viejo compañero para participar en una excavación, con el fin de encontrar los restos de otro compañero de lucha. No sin la reticencia típica de aquel que vive intentando dejar atrás su pasado, Martín decide participar en la excavación y reencontrarse con los paisajes selváticos que lo marcaron de por vida. Los primeros planos de la película nos anticipan algo significativo del personaje, un elemento que Martín decide ocultar habilmente durante su estadía en la selva. Antes de viajar lo vemos haciéndose un estudio médico, y sólo hacen falta un par de líneas de diálogo en la excavación para que terminemos de entender el peso de aquel estudio médico del principio, por lo que esa decisión de viajar y revisar su pasado está intimamente relacionada con su necesidad de reconciliarse con los traumas que arrastra de aquellos años infaustos antes que la vida termine por consumirlo.

En la zona de la excavación se encuentra con Raúl, el viejo amigo que lo convocó, conoce a Vicky y a Pablo, el hijo de ella, y se enfrenta con Andrea, quien intenta ocultar el rencor que siente por él desde que decidió exiliarse. Lacuesta compone un film donde el suspenso se entremezcla hábilmente con un profundo relato sobre las heridas abiertas del pasado, con una precisa construcción de personajes. Del elenco se destacan principalmente Daniel Fanego, con su sobria interpretación de Martín, Arturo Goetz (Raúl) y Leonor Manso, con una actuación de sorprendente intensidad dramática, en el rol de Andrea. Uno de los elementos mejor trabajados de la película es la forma en la que exhibe la disputa generacional entre aquellos que llevan en sus espaldas el peso de haber asesinado en el pasado y los jóvenes que desconocen y banalizan lo que implica cargar con un muerto a cuestas (esto puede verse en el aspecto más salvaje y más ingenuo de Pablo, encarnado astutamente por Nazareno Casero), y la manera en que esto se relaciona con el sentimiento de culpa que arrastran los adultos y con la revelación que aparece al final.

Si bien la película posee algunos diálogos forzados que dejan en evidencia la distancia del director con respecto al contexto particular y algunas referencias que intentan poner en paralelo la lucha armada en Argentina con la ETA en España, y con ello esbozar una innecesaria justificación de la elección del director por este relato, Lacuesta consigue construir una historia de enorme intensidad dramática, con enormes méritos en la elección del elenco y en la dirección del mismo (Los condenados llega a la cima de sus intenciones en las miradas y en los silencios sepulcrales de los personajes, que dicen más de lo que callan), y logra elaborar un potente discurso sobre las consecuencias que arrastran aquellos que alguna vez decidieron volcarse a la lucha armada y cargan con el peso de la muerte en sus espaldas. El esfuerzo de Lacuesta por volver universal este relato, llega a buen puerto gracias a su enorme talento narrativo y a la excelencia interpretativa del elenco.

Lo mejor de la película: La solvencia del elenco y la pericia de Lacuesta a la hora de abordar las heridas del pasado.

Lo peor de la película: Algunos diálogos forzados que exhiben la distancia geográfica del director o intentan justificar la elección de este relato.

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Dirección: Isaki Lacuesta. 

País: España. 

Año: 2009. 

Duración: 104 min.

Género: Drama. 

Elenco: Daniel Fanego (Martín), Arturo Goetz (Raúl), Leonor Manso (Andrea), Maria Fiorentino (Vicky), Juana Hidalgo (Luisa), Bárbara Lennie (Silvia), Nazareno Casero (Pablo). 

Guión: Isaki Lacuesta e Isabel Campo. 

Producción: Xavier Atance. 

Música: Gerard Gil. 

Fotografía: Diego Dussuel. 

Montaje: Domi Parra. 

Distribuidora: Barton Films.