Título: Capitalismo: Una historia de amor

Estreno en España: 8 Enero 2010

Estreno en Argentina: 31 Marzo 2010

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Sinopsis

Michael Moore, con “Capitalismo: Una historia de amor”, afronta el problema que está en el centro de toda su obra: el desastroso impacto que el dominio de las corporaciones tiene sobre la vida cotidiana de los estadounidenses, y, por consiguiente, también sobre el resto del mundo. Este documental plantea una pregunta tabú: ¿cuál es el precio que paga Estados Unidos por su amor al capitalismo? Hace años, ese amor parecía absolutamente inocente. Sin embargo, hoy el sueño americano se parece cada vez más a una pesadilla, cuyo precio pagan las familias, que ven esfumarse sus puestos de trabajo, sus casas y sus ahorros. Y lo que descubre son los síntomas de un amor que acaba mal: mentiras, malos tratos, traiciones… y 14.000 puestos de trabajo perdidos cada día. Pero Moore no se rinde y nos invita a sumarnos a su lucha, incansable y llena de optimismo.

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Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

Capitalismo: Una historia de amor es la frutilla del postre en la filmografía de Michael Moore. Afirmar esto es afirmar también que los méritos principales de Sicko, su anterior documental, desaparecen en este film. Es decir que, con este film, Moore vuelve a priorizar su panfleto político sobre cualquier otra cosa. No hay nada del discurso de Miachel Moore que no sea del agrado de quien esto escribe. Como siempre, el conflicto principal no son las ideas de Moore sino cómo las expone. Moore le habla al ciudadano americano desde una subjetividad necesaria pero a veces excesiva, carente de filtro, lo cual lleva a algunos de los momentos más originales de sus documentales, pero también a un creciente e irritante mesianismo. Moore, desde su arrogancia, se asume como el único hombre capaz de explicarle al ciudadano común los males del sistema económico en el que vive.

El colocarse en ese rol parece funcionarle mucho mejor en sus ciclos televisivos, donde despliega sus originales tretas para exponernos las fallas del sistema o su inhumanidad. En el cine, donde todo es más grande, también lo son las descomunales parrafadas ideológicas de Moore. Allí también se vuelve mucho más notoria la manipulación del material documental con el que cuenta, llegando a instancias donde se esconde detrás de procedimientos cómicos (como colocarle una voz de capitalista a Jesús, o la animación de la destrucción del escenario mientras Bush pronuncia un discurso alarmista) que no logran ocultar la forma en que Moore utiliza el material audiovisual para acentuar su discurso.

El mayor mérito de Sicko era la reducción de la presencia en pantalla de Moore y el privilegiar los testimonios de las víctimas del sistema de salud americano. Allí su discurso estaba acompañado de una genuina emoción por las palabras que extraía de sus entrevistados. Como en aquella, los mejores momentos de Capitalismo… son las verdades que Moore saca a la luz, de la mano de los testimonios que consigue. En una película que intenta dilucidar el por qué de la crisis económica que estalló en los últimos meses de Bush en el poder, revelar la forma en que las grandes empresas se han beneficiado históricamente con el deceso de sus empleados, es un dato lateral frente al planteo principal, pero es a su vez uno de los pocos elementos sobre los que Moore logra echar luz, beneficiándose con la respuesta de familiares de empleados muertos. De la misma forma, cuando se introduce en la vida de quienes sufren la pérdida de su casa por una hipoteca, consigue el retrato más genuino de los males del capitalismo.

Pero Moore no desarrolla toda la película a partir de estas escenas, apenas se sirve de ellas como un elemento más de su enorme construcción discursiva. El grueso de la película pasa por defenestrar las políticas republicanas de las últimas décadas y por mostrar de qué manera presidentes como Reagan o Bush gobernaron sosteniendo políticas que beneficiaron exclusivamente a los grandes empresarios, sometiendo a la sociedad a un nivel de desempleo alarmante. Como ya es habitual en su cine, su denuncia a las políticas republicanas, junto con la puesta en escena que sirve de soporte a su discurso político, son tan maniqueas y carentes de todo matiz, que terminan reduciendo el género documental al nivel de un panfleto facilista, desmereciendo totalmente los originales recursos que despliega, como así también las virtudes del progresismo que intenta promover.

En Capitalismo… no se contenta con repetir los vicios de sus anteriores documentales, los eleva a la enésima potencia. Su carácter mesiánico llega a niveles insostenibles, desde la arrogancia que lo lleva a citar su primero y loable trabajo documental y ocupar un considerable espacio de Capitalismo… con una revisión temática del mismo (una cosa es sostener fervientemente un discurso en primera persona, y otra muy distinta es la cita autoindulgente), hasta un final desquiciado, con Moore pidiéndole al espectador que se sume a su supuesta rebelión.

En el medio de este trayecto aparece la razón principal que hace de Capitalismo… un documental incapaz de sostenerse en el tiempo. Moore pensó este documental a partir de la crisis económica última y al mismo tiempo se topa con la elección de Obama, un dato que no le es ajeno. El excesivo optimismo del film tras la asunción del primer presidente americano negro lleva a pensar que Capitalismo… es una propaganda lisa y llana de Barack Obama, o que Moore, fiel a sus convicciones, confía realmente en el supuesto cambio promulgado por aquel. De una u otra forma, hoy, a más de un año de su asunción, aquella confianza en ese dichoso cambio y en la capacidad o posibilidad de Obama de modificar algunas cosas, suena a una efímera ilusión de la que Moore parece haber sido otra víctima más. Tanta ingenuidad se da de bruces con su estilo aparentemente combativo, y semejante contradicción termina anulando la credibilidad del realizador.   

Podríamos ser generosos y apelar a la historia de las películas, documentales o no, que apelan de modo directo a un discurso político e ideológico. Ningún realizador con la militancia política necesaria para generar productos de este calibre está exento de cierta contradicción entre la crítica violenta al sistema y la ingenuidad propia del optimismo ante un supuesto cambio. Si apelamos a esto, también debemos tener en cuenta que la conducta de Michael Moore se encuentra en las antípodas de un verdadero militante político. Apenas es un ciudadano común lo suficientemente prepotente como para sostener que su deber es adoctrinar al americano medio, y con la arrogancia necesaria para servirse del cine en función de sus propósitos aleccionadores. Cuando los medios están dispuestos tramposamente en función de un fín determinado, dicho fín no justifica los medios, por muy originales o particulares que estos sean.

Resta preguntarse qué será de Moore con Obama en el poder. Aparentemente, afirmó que quiere dedicarse a la ficción. Uno esperaría que el ácido documentalista no adormezca su supuesto espíritu combativo y que se ocupe de pegarle a los demócratas cuando estos se lo merezcan. Lo cierto es que, en el momento indicado para que un cineasta como él pudiese imponer un discurso progresista a través de un audaz texto audiovisual, Moore se pisa la cola lanzando una película con mucho más narcisismo que valentía ideológica.

Lo mejor de la película: El ácido humor de Moore, que se vale de un original aprovechamiento del material audiovisual para generar una sonrisa, frente a la terrible realidad política que muestra, y las verdades que encuentra en los testimonios de algunos de los afectados por las injusticias del sistema capitalista.

Lo peor de la película: La forma en que Moore despliega su discurso progresista, privilegiando su maniqueismo, su ingenuidad, su arrogancia y su irritante mesianismo.

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Dirección y guión: Michael Moore.

País: USA. 

Año: 2009. 

Duración: 126 min. 

Género: Documental, drama.

Producción: Michael Moore y Anne Moore. 

Música: Jeff Gibbs. 

Fotografía: Dan Marracino y Jayme Roy. 

Montaje: Conor O’Neill, John Walter, Jessica Brunetto, Alex Meillier, Tanya Meillier, Pablo Proenza y T. Woody Richman.

Distribuidora: Alta Classics. 

Estreno en USA: 23 Septiembre 2009.