Estreno en España: 22 Enero 2010

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Sinopsis

Un hombre se está volviendo loco por el constante ruido que hay en la ciudad de Nueva York, lo que le lleva a convertirse en el ‘El Rectificador’, ideando un ingenioso plan para eliminar los ruidos de la calle. Poco a poco los neoyorquinos se le unen en esta imposible misión: silenciar la ciudad más ruidosa del mundo.

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Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

Antes de dirigir Noise (Sobrepasando el límite), Henry Bean había dirigido The believer, un drama insoportable sobre un joven judío que comienza a cometer actos vandálicos ligados al neonazismo. Esta cinta trata el tema tan superficialmente que en ningún momento parece preguntarse acerca del conflicto interno del personaje, exhibiendo su accionar de manera sensacionalista y decorándolo con una estética de video musical, es decir, con un montaje acelerado y bobo, poco acorde con el tono del drama que se anticipaba. Extrañamente, esta película independiente captó la atención de algunos festivales y fue el trampolín a la fama de Ryan Gosling, un interesante actor, a quien, lamentablemente, nunca puedo dejar de ver como al adolescente idiota de aquella película.

Ahora se estrenó en España esta película, que data de 2007. Cuando supe de este film me atrajo la trama, algo original y de denuncia a la vida en las grandes ciudades, y especialmente, Tim Robbins, un gran atractivo para ver cualquier película, aunque debo confesar que cuando vi quién la había dirigido se atenuaron mis ganas de verla.

A simple vista, Sobrepasando el límite no parece tener mucho que ver con aquel espanto. Tim Robbins es capaz de levantar cualquier propuesta irregular, y a diferencia de The believer, no cae en un vértigo visual inútil. Es verdad que ambos personajes tienen un serio conflicto con su entorno, pero en la composición del personaje de Robbins hay un trabajo más refinado, que hace que uno se puede identificar con él (algo similar ocurría con el William Foster de Un día de furia, película que guarda no pocos puntos comparables con esta). David Owen (Robbins) es un sociópata autoerigido como héroe y salvador de los neoyorquinos. Lo curioso no es que se autoproclame “El Rectificador” y que la gente comience a respetarlo y a apoyarlo en su lucha contra la polución sonora de la ciudad, especialmente contra las alarmas de los autos. Lo curioso es que este personaje no puede manejar su obsesión con las alarmas, y que esta obsesión hace que el vínculo con su familia comience a tambalear seriamente. Cuando se da cuenta de que, con su conducta compulsiva, comienza a traicionar las expectativas de su hija, es cuando realmente podemos apreciar la riqueza del personaje. David Owen es un hombre en jaque, se cree un salvador de New York por intervenir en autos ajenos para desactivar sus alarmas, mientras parte de la ciudad y todos los espectadores lo idolatran, pero su conducta se acerca más a la de un sociópata que no puede dejar de cometer el mismo acto vandálico repetidas veces, y no por la presión de la sociedad que se lo demanda, sino por su propia obsesión, que lo deja al borde del desequilibrio mental.

Si bien cuando nos adentramos en ambas películas, nos encontramos con una cierta superficialidad del director a la hora de tratar los conflictos psicológicos de sus personajes, en Sobrepasando el límite hay un abordaje más interesante y más concreto de la sociopatía que padece el protagonista. Bean encuentra aquí más elementos que le sirven para comprender el accionar de su personaje, y lejos está del sensacionalismo insulso de su ópera prima. Tal vez cierta levedad de esta radique en su tono de comedia, que no le hace nada mal. La película se hace cargo de la enfermedad del personaje, que arriesga el amor de su familia para seguir por el camino de una obsesión que lo destruye, pero a su vez sabe jugar con esa enfermedad, evitando el dramatismo excesivo y asumiendo que el personaje debe aprender a convivir saludablemente con esa obsesión, que no será fácil erradicarla de su vida.

En el medio tenemos unos secundarios que no ayudan para nada al correcto desarrollo de la trama. Está Ekaterina, una joven que se enamora de David mientras se dedica a analizar su conducta (un momento sobreexplicativo irritante) y al intendente, encarnado por William Hurt, quien pese a su talento no termina de encontrarle el tono a su personaje, yendo, sin miramientos, de lo más vil a lo netamente cómico. Y sobre el final quedan algunas preguntas en el tintero. Por ejemplo, para una mayor coherencia en la descripción de su obsesión, y para una denuncia cabal de la polución sonora en las grandes ciudades, ¿no hubiese hecho falta que el personaje se la agarre con todo ruido urbano? ¿Por qué se la agarra específicamente con las alarmas de los autos?

Si nos olvidamos de los ya de por sí olvidables roles secundarios y de estos interrogantes inexplicables, nos queda una película que aborda dignamente la ambigüedad del personaje y que se apoya en un gran actor como Tim Robbins, que sabe cómo moverse entre lo patológico y lo bienintencionado de un personaje sin perder en ningún momento la simpatía del espectador, capaz de comprender al personaje y de jugar permanentemente con su accionar. Un personaje sumamente rico, en una película que daba para un mayor aprovechamiento de la naturaleza errática de su protagonista, quedándose finalmente en lo meramente descriptivo, tal vez consecuencia de una búsqueda cómica saludable, pero no del todo eficaz. Al margen de que, si se pretendía erigir con esta película un discurso en contra de la polución sonora de las ciudades, esta posibilidad ha sido totalmente desaprovechada.

 

Lo mejor de la película: Tim Robbins, que sabe como indagar en la ambigüedad de su personaje, arrastrado por una obsesión que lo aleja de su familia. Y los toques de comedia, que se permiten jugar con la obsesión en cuestión.

Lo peor de la película: Algunos roles secundarios mal trabajados o carentes de definición en la trama, algunas licencias inexplicables y un discurso en contra de la polución sonora que queda en el mero intento.

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Título original: Noise. 

Dirección y guión: Henry Bean. 

País: USA. 

Año: 2007.

Duración: 91 min. 

Género: Comedia negra. 

Elenco: Tim Robbins (David Owen), Bridget Moynahan (Helen Owen), William Hurt (Sr. Schneer), Margarita Levieva (Ekaterina), Gabrielle Brennan (Chris Owen), María Ballesteros (Gruska), William Baldwin. 

Producción: Susan Hoffman y Henry Bean. 

Música: Phillip Johnston. 

Fotografía: Andrij Parekh. 

Montaje: Lee Percy y Julie Carr. 

Diseño de producción: Kelly McGehee. 

Vestuario: Alex Alvarez. 

Distribuidora: New World Films. 

Estreno en USA: 9 Mayo 2008. 

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Filmografía de Henry Bean

Noise (2007)

The Believer (2001)