Estreno en España: 4 Diciembre 2009

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Sinopsis

Flint es un inventor cuyo mayor sueño es poder crear algún aparato que mejore la vida de los demás. Finalmente, tras muchos intentos fallidos, Flint lleva a cabo un invento que puede revolucionar el mundo: una máquina que hace que caiga comida del cielo.

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Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

Del género que más nos entusiasma ultimamente (la animación, claro está), llega Lluvia de albóndigas. Esta película producida por Sony podría tomarse como una de las tantas películas animadas que son incapaces de robarle protagonismo a los tanques de Disney/Pixar, en primer lugar, o Dreamworks. Y sin embargo, esta lluvia consigue aterrizar dejando una huella considerable entre los exponentes actuales del género.

La razón es básica. Más allá de que esta película juega con el género de catástrofe parodiando furiosamente a ese tipo de películas, no hay otro signo que lo conecte directamente con el mundo adulto. Su receta para ser disfrutada por niños y adultos por igual no tiene que ver con una serie de referencias, sino con una forma concreta de narrar la aventura. En esencia, podríamos decir que Lluvia de albóndigas es la película más cercana al estilo “Looney Tunes” que haya visto el cine de animación reciente (y si nos ponemos exigentes, hasta se acerca más a este estilo que las últimas películas de Bugs Bunny y compañía, como Space Jam o Looney Tunes de nuevo en acción), y esta comparación se da a partir de dos aspectos que llaman la atención de esta película, su extrema velocidad y su delirio incesante y progresivo.

Si ya es algo sumamente absurdo que un invento de un muchachín bastante perdedor consiga que pueda llover comida, lo mejor es que, de ahí en adelante, la película no sigue ningún trayecto lógico que la lleve por los caminos previsibles de la aventura más chata y del mensaje moral para niños. Sencillamente se embarca en un trayecto de enorme colorido, de suma felicidad, y de auténtica locura, en un gesto que es de agradecer para quienes aún gustamos de ver películas para niños.

Tal vez, a primera vista, nos podría causar cierto rechazo la simplicidad de sus dibujos (que se asemejan más a la europea Planet 51 que a las últimas de Pixar, con su cuidado extremo por el detalle de formas y texturas), pero enseguida comprendemos que esta película no intenta innovar por ese lado, y que detrás de esa simplicidad se esconde una propuesta sumamente auténtica, que busca rescatar lo más osado y desvergonzado de la producción animada, para adosarle una buena dosis de locura a esta historia.

Si hablamos de los Looney Tunes, fácil es recordar que, desde su génesis y, especialmente, en su época más brillante, ha sabido jugar sus cartas a favor del público adulto, apelando a una catarata de guiños a la cultura popular y parodiando al extremo la pureza e ingenuidad de la animación de Disney. Al hacer una comparación entre esta película y lo que podríamos considerar como su antecesor predilecto, notamos que el delirio animado de los Looney Tunes no busca aquí potenciar una lectura paródica o adulta, sino más bien lo contrario, subirse a caballo de un imparable producto infantil, narrado a una velocidad tal que es capaz de terminar estallando en un desfile de colores vivos, aunque en ningún momento le quita a la historia el lugar que se merece.

Sabemos que los niños la disfrutarán de principio a fin, pero me permito dar un pequeño consejo para adultos. Sr. Adulto: Si usted acaba de ver 2012, permítase desempacharse de semejante sucesión de efectos fastuosos y nulidad argumental. Hágame caso. Intérnese en medio del público infantil, lleve a su hijo o al hijo de un vecino o amigo a ver Lluvia de albóndigas, y verá la respuesta más enloquecida a 2012, y a todo tipo de películas por el estilo, que arroja a la basura todo lo enorme, solemne y pretencioso de este cine. Permítase marearse con la película animada más rápida, delirante y colorida de los últimos tiempos, y no se arrepentirá. Créame, la disfrutará como un niño, y sin que la película se esfuerce en darle señales inútiles de que usted también tiene derecho a disfrutarla.

 

Lo mejor de la película: Su delirio y su extrema velocidad y colorido, al estilo Looney Tunes.

Lo peor de la película: El peligro a que pase inadvertida entre tantas películas animadas.

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Título original: Cloudy with a chance of meatballs. 

Dirección: Phil Lord y Christopher Miller. 

País: USA. 

Año: 2009. 

Duración: 90 min. 

Género: Animación, comedia. 

Doblaje original/español: Anna Faris/Isabel Valls (Sam), Bill Hader/Flipy (Flint), Bruce Campbell (alcalde), Andy Samberg (Brent), James Caan (Tim), Mr. T (Earl Devereaux), Bobb’e J. Thompson (Cal), Benjamin Bratt (Manny), Neil Patrick Harris (Steve). 

Guión: Phil Lord y Christopher Miller; basado en el libro escrito por Judi Barrett e ilustrado por Ron Barrett.

Producción: Pam Marsden. 

Música: Mark Mothersbaugh. 

Diseño de producción: Justin Thompson. 

Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España. 

Estreno en USA: 18 Septiembre 2009. 

 

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Filmografía de Phil Lord

 

Cloudy with a Chance of Meatballs (2009)

«Clone High» (13 episodios, 2002-2003)

 

Filmografía de Christopher Miller

 

Cloudy with a Chance of Meatballs (2009)

Shrek the Third (2007)

«Clone High» (13 episodios, 2002-2003)

 

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Cómo se hizo “Lluvia de albóndigas”

 

“Lluvia de albóndigas”, de Sony Pictures Animation, cobró vida en 1978 con el libro para niños escrito por Judi Barrett e ilustrado por Ron Barrett, que ahora cuenta con más de un millón de copias impresas. Con su encanto, su estilo visual ingenioso, su sentido del humor del absurdo y su fantástica premisa -¡una ciudad donde la comida cae del cielo!- era de prever que el libro fuera adaptado a una película de animación. Pero nadie fue capaz de hacerlo hasta que los guionistas y directores Phil Lord y Christopher Miller llegaron y encontraron inspiración en lo que parecía ser la fuente más evidente: el libro mismo.

“Es un libro divertidísimo y una gran inspiración”, afirma Miller  que apunta que fue el libro preferido de ambos cuando eran niños. “La película que escribimos arranca con la estructura general del libro –una ciudad donde la comida cae como la lluvia, pero termina siendo un gran problema para la gente- y a partir de ahí construimos. Tuvimos que descubrir el origen de cómo la ciudad se convirtió en Traga Aldabas y luego seguir a un conjunto de personajes únicos a través de esta loca aventura”.

“Guau, pensamos, esta va ser una gran película de acción”, cuenta Lord. “Todo lo que pasara en la película  debía de ser muy pero muy ridículo y sin embargo los personajes se lo debían de tomar muy pero que muy en serio”. Y cualquiera se lo tomaría en serio si viera a su ciudad amenazada por un tornado de un espagueti gigante tal y como ocurre en Traga Aldabas. LLUVIA DE ALBÓNDIGAS es lo máximo en diversión, comida y caos.

“Siempre tuve la sensación de que sería una gran película de animación, y resultó ser que Sony Pictures Animation también lo creyó así”,  afirma Judi Barrett, la autora del libro original. “A pesar de que había que extenderla y desarrollarla en longitud, personajes e historia; ellos vieron todas sus maravillosas posibilidades. Si se es un admirador del libro, sin lugar a dudas se reconocerán algunas de las imágenes icónicas y memorables en la película. El resultado final es extraordinario, de hecho es alucinante”.

Uno de los cambios que los realizadores decidieron efectuar fue la imagen misma de la historia. Si bien las ilustraciones originales tramadas de Ron Barrett son deliciosamente caprichosas, los realizadores sintieron que un largometraje necesitaba un enfoque diferente. Como inspiración, se basaron en el estilo ilustrativo moderno de una serie de libros de los años 50 de Miroslav Sasek (incluyendo “This is Paris”, “This is London”, “This is New York”, etc.). Los realizadores también hallaron inspiración en los Teleñecos, cuyos gestos exagerados y con frecuencia ‘tontos’ les dio la clave de cómo quería que se movieran los personajes. “La idea para la película era tan tontaina que sentimos la necesidad de que se viera también tontaina”, asegura Miller. “La animación frecuentemente requiere de poses exageradas para transmitir la emoción de una escena, por lo que nos decantamos por una imagen –grandes ojos, grandes bocas, grandes expresiones- que realzara el sentimiento en la película”.

Aún así, a los realizadores les pareció natural quitarse el sombrero ante el libro y recrear algunas de sus imágenes más memorables como la gelatina gigante, el inmenso crepe que cae sobre la escuela, el bocadillo que navega, y muchas otras imágenes que se fueron abriendo camino hacia la película al tiempo que los guionistas y directores estructuraban la historia alrededor de ellas.

En la creación de la nueva historia para la película, los realizadores también tuvieron que inventar un nuevo reparto de personajes. En el centro de LLUVIA DE ALBÓNDIGAS, está Flint Lockwood, el aspirante a inventor que anhela inventar algo que haga feliz a la gente. Y la ciudad de Flint no es feliz desde que la fábrica de sardinas en lata cerró sus puertas y todo lo que tienen para comer son los restos de las sardinas. Así que Flint inventa algo para solucionar el problema: una máquina que convierte el agua en comida. Y cuando finalmente funciona, “Flint pasa de ser el paria de la ciudad a ser su héroe”, relata Miller. “Y Flint se dice a sí mismo”, continúa Lord. “‘Bien, no esperaba que esto sucediera, ¡pero es genial!’ Entonces, por supuesto, todo empieza a ir mal…”

Al frente de LLUVIA DE ALBÓNDIGAS está el equipo de guionistas-directores formado por Phil Lord y Christopher Miller, quienes hacen su debut en la dirección. La pareja profesional comenzó a hacer animación en el instituto, donde realizaban películas de animación estudiantiles. Después, crearon la serie animada Clone High para MTV antes de hacer la comedia televisiva, Cómo conocí a vuestra madre (How I Met Your Mother).

“La mayor diferencia entre televisión y cine es que la televisión es principalmente acerca del personaje, de las bromas y el ritmo, en cambio en el cine se trata de la historia”, afirma Miller. “Supimos desde el principio que teníamos que acertar con la historia de una forma que no es necesaria para un episodio de televisión”.

Tuvieron ayuda: no sólo del equipo entero de guionistas, encabezado por Kris Pearn, sino de un entorno en el que todas las opiniones fueron escuchadas y apreciadas. “En una serie de televisión, la voz del guionista-productor es la última palabra”, cuenta Lord. “En una película de animación, se fomenta a que la gente dé sus opiniones y a que insistan cuando no estén de acuerdo. Lleva un tiempo acostumbrarse a eso, pero cuando tus colaboradores más cercanos se esfuerzan por mejorar tu trabajo, el resultado es mucho mejor. Nadie deja que ninguno se conforme con una opción que no sea la mejor”.

“Chris y Phil son muy colaboradores y también muy específicos acerca de su visión de la película”, explica Pearn. “Como artistas del story-board se requiere que seamos muy específicos, y que busquemos siempre la mejor situación, la mejor interpretación emocional, el giro más eficiente de la historia. Nuestros dibujos no son el resultado final, pero son una manera de ver cómo la historia se ensambla. Cuando encuentras un momento clave que hace que la escena funcione, es maravilloso”.

Además de crear un reparto entero de personajes, los realizadores también crearon un nuevo espacio geográfico para la historia: la isla de Aldabas de Mar, un pequeño pueblo rural donde la única industria –pesca y enlatado de sardinas- ha sido diezmada por el paladar cambiante de la gente.

“Miramos a pueblos como nuestro Culver City, que ha pasado tiempos difíciles y tratamos de reproducirlo”, explica el diseñador artístico Justin Thompson. “Dejamos que la imagen cuente la historia. A Aldabas de Mar le dimos colores neutros, texturas sucias, montones de neumáticos por todos lados. Cuando rehacemos la ciudad, todo es brillante y nuevo, lleno de color pero hay algo falso en todo eso, es todo sintético y prefabricado.

Incluso en los detalles, el entorno en el que Flint crea su máquina habla de cómo el inventor se busca la vida. “Flint es un tipo dinámico y brillante, pero no cuenta con muchos elementos a su disposición”, explica Thompson. “Así que crea un ordenador tan potente como un moderno ordenador de sobremesa pero que ocupa toda una habitación, porque lo monta utilizando componentes obsoletos de videoconsolas y ordenadores de los años 80”.

Incluso después de dar con la historia y la imagen para la película, LLUVIA DE ALBÓNDIGAS representó un enorme desafío para los directores y el equipo de Sony Pictures Animation. No sólo tenían que reproducir la caída (y rebote) de la comida de la misma forma en que se hubiera comportado en la realidad, sino también las condiciones climatológicas tales como lluvia, aguanieve y tornados. Aunque un tornado de espagueti sea completamente absurdo, tiene que comportarse como un tornado real.

“No importa que sean diez mil piezas de comida cayendo sobre la ciudad o los edificios o una albóndiga gigante hacia donde los personajes vuelan, todo nos toca a nosotros”, afirma Rob Bredow, el supervisor de efectos visuales del filme.

El primer paso para crear estos efectos es descubrir qué hace la comida en la realidad. Además de llenar una bañera con gelatina para ver cómo reacciona cuando las cosas rebotan en ella, los realizadores hicieron caer comida frente a cámaras time-lapse para que los animadores pudieran estudiar cómo reaccionaban las hamburguesas con queso cuando caían desde una gran altura. Una pista: se producen muchas salpicaduras.

Para animar a una hamburguesa cayendo, cada parte –lechuga, tomate, pepinillo, cebolla, etc.- tenía que hacerse por separado en el ordenador. “Cuando esa hamburguesa llega al suelo”, cuenta Daniel Kramer, el supervisor de efectos digitales del filme, “puede desparramarse, puede mantenerse en una pieza, o tal vez salpicar con algo de ketchup y mostaza el suelo. Tuvimos diferentes sistemas para según qué nivel de detalle. Si eran parte del telón de fondo las hamburguesas podían simplemente caer, pero las del frente –nuestras hamburguesas ‘héroes’- tuvieron una atención especial. Nos aseguramos de que cada pepinillo volara de la forma correcta”.

Otra secuencia que implicó un gran desafío es cuando Flint le construye a Sam un gigantesco palacio de gelatina. No solo es la escena preferida del director, sino que también puso en funcionamiento los músculos creativos del equipo técnico.

“Primero llenamos una bañera con gelatina y luego dejamos caer muñecos de acción en ella para ver cómo botaban”, explica Miller.

Pero el rebote no era lo más importante. La gelatina es traslúcida, por lo que la luz la atraviesa, pero también se refleja y se refracta desde ella. Los realizadores tuvieron que pillar todas esas propiedades porque de otra manera no parecería gelatina y se hubiera estropeado la secuencia para el público.

La luz no era la única complicación. “Es una locura de secuencia, y muy interesante desde el punto de vista de la animación”, cuenta Chris Juen, coproductor de la película. “¿Qué hay que animar primero, los personajes o el entorno que no deja de moverse? Y al tiempo que todo alrededor se mueve –efectos de animación- ¿cómo afecta eso a la animación del personaje, que está hecho por un equipo diferente de animadores? Pero al verlo terminado te das cuenta que es un lugar mágico para los personajes”.

Para iluminar la película, la producción utilizó un sistema de iluminación llamado Arnold que se desarrolló para la película Monster House, la cual fue nominada al Oscar® como mejor película de animación. Hasta ahora, las películas de animación estaban iluminadas por luces diferentes que caían sobre cada una de las piezas del fotograma y luego eran generadas conjuntamente. Este proceso funcionaba, pero era muy laborioso. Con Arnold, la iluminación imita a la que se hace para la fotografía de acción real. En lugar de puntos de luz, los animadores pueden utilizar áreas de luz. Y también permite capturar no solo la iluminación directa sino que Arnold les permite capturar la luz que reflejan los objetos.  A través de este proceso de iluminación global, los realizadores pueden crear escenas mucho más complejas.

“Hay mucho de Arnold que aún está pendiente de ser desarrollado, así que invertimos mucho tiempo y energía en el sistema”, afirma Juen. “Arnold permite a nuestros artistas iluminar como se ilumina en la vida real en el ordenador; el artista puede poner la luz donde quiera y las sombras caerán naturalmente. Es un proceso mucho más cinematográfico y realista del que se hacía previamente”.

Además, Sony Pictures Imageworks, la compañía afiliada de SPA, tiene mucha experiencia en 3-D, y ha hecho más de siete películas en 3-D en estos años, incluyendo LLUVIA DE ALBÓNDIGAS. “El concepto de comida climática parecía perfecta para hacer en 3-D”, afirma Miller.

“El poder del 3-D está en que te involucras más en la película, permite empatizar con los personajes de una manera que no es posible si no te sientes dentro”, agrega Lord.

“Hemos estado trabajando dos años y medio en la película”, apunta Chris Juen, quien antes había estado en Locos por el surf (Surf’s Up), “y cuando vamos y la vemos en 3-D, hasta nosotros nos asombramos. Ves un tornado de espaguetis en 3-D, despidiendo albóndigas y objetos hacia la cámara y el público no se siente un espectador sino parte de la historia. Y pensamos, ‘¡Guau, esto lo hemos hecho nosotros! ¡Es increíble!’”