Estreno en Argentina: 3 Septiembre 2009

Estreno en España: 18 Septiembre 2009

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Sinopsis

Durante el primer año de la ocupación alemana de Francia, Shoshana Dreyfus (Melanie Laurent) presencia la ejecución de su familia a manos del coronel nazi Hans Landa (Christoph Waltz). Shosanna consigue escapar y huye a París, donde se forja una nueva identidad como dueña y directora de un cine. En otro lugar de Europa, el teniente Aldo Raine (Brad Pitt) organiza a un grupo de soldados judíos para tomar brutales y rápidas represalias contra objetivos concretos. Conocidos por el enemigo como “Los Bastardos”, los hombres de Raine se unen a la actriz alemana Bridget von Hammersmark (Diane Kruger), una agente secreta que trabaja para los aliados, con el fin de llevar a cabo una misión que hará caer a los líderes del Tercer Reich. El destino quiere que todos se encuentren bajo la marquesina de un cine, donde Shoshana espera para vengarse.

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Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

Uno va al cine dispuesto a ver la última pieza de Tarantino, el jugador más alegre y festivo del cine americano actual. Es decir, uno va dispuesto a ser sorprendido nuevamente por este realizador verborrágico y pirotécnico. Pero, como siempre, uno va escudándose en el preconcepto, tal vez para tener un mínimo de seguridad sobre lo que verá, o tal vez esperando que la película logre demoler esa pequeña coraza que uno, como espectador, suele colocarse antes de entrar a la sala. El preconcepto en este caso va por lado del planteo estético y argumental que propone Tarantino. “Una cruza entre el cine bélico y el spaghetti western de Leone, que se resume en la primera frase: Érase una vez… En la Francia ocupada por los nazis” o “Una película que inventa una enorme mentira sobre el nazismo, en la cual un grupo de judíos puede oficiar de verdugos desatados”. Estos son los dos preconceptos principales con los que uno se protege de un Tarantino armado hasta los dientes. Ambos se cumplen a lo largo de la película (en realidad, a los cinco minutos de comenzada la proyección), pero circunscribirnos a una simple cruza de referencias, o a una reinvención de los hechos históricos, es reducir notoriamente el caudal de elementos que se desprenden de esta maravillosa pieza de Tarantino.

Por empezar, si Malditos bastardos fuera un mero cruce entre el cine bélico y el spaghetti western (la primera secuencia de la película es la más cercana al cine de Leone), estaríamos ante una remake lisa y llana de Aquel maldito tren blindado (The inglorious bastards), la película de Enzo Castellari que Tarantino dice estar reversionando. De hecho, esta es la primera remake concreta que Tarantino se apresta a realizar, pero, se sabe, nunca está en sus planes hacer lo que ya se hizo, y sus películas no pueden jamás limitarse a un cruce de géneros, ya que su visión del cine está mucho más allá de esta hibridez circunstancial.

Tarantino decide cambiar la Historia a su antojo. Pero no es su antojo, su omnipotencia, lo que lo lleva a cambiar la realidad de los hechos. Tarantino nos dice con esta película que el cine tiene la cualidad de prenderle fuego a la Historia, de hacer volar en mil pedazos lo que conocemos como Historia, tal como nos la han enseñado. No es menester de Don Quentin ponerse a revisar la Historia y hacer docencia sobre ella. Si hay algo de lo que es plenamente consciente, es que el cine bélico clásico se ha ocupado de construir un discurso determinado, de enseñarnos los acontecimientos históricos mezclando datos concretos con una construcción mítica de determinados hechos, buscando que el mito se ajuste al discurso de los vencedores (salvo en Vietnam, donde el discurso americano no puede torcer la realidad, el grueso de los relatos bélicos se estructuran sobre la palabra del vencedor), y que la realidad se ajuste al mito. A fin de cuentas, la realidad que se exhibe en pantalla, sea bajo el manto de ficción o del documental, siempre está supeditada al ojo y la palabra del narrador, hasta en la elección de un plano hay una decisión ideológica que lo sustenta. Esto bien lo sabe Tarantino, por eso da vuelta los hechos, porque no le interesa erigir una supuesta verdad, sino exponer lo que el cine es capaz de hacer con ella.

inglourious-basterds-1Tarantino no busca enseñarnos Historia, porque su materia es el cine. No podríamos imaginar otro realizador que sea capaz de tomar el espíritu bélico de la historia para abandonarlo en buena parte del metraje, y para ocuparse en ese tiempo de darnos cátedra sobre el cine nazi y sobre el cine alemán de montaña, previo al cine orbitado por Joseph Goebbels, aquel cine que tenía a G.W. Pabst en la dirección, y a Leni Riefenstahl, futura gran realizadora del cine nazi, como protagonista. Aquí ya no se trata de elementos que actúan como influencia en la estética del film, sino de la exposición del catálogo de saberes del propio Tarantino, coherentemente integrados en la trama. De la misma forma en que habla del cine de montaña y del cine nazi, Tarantino juega al Hitchcock de manual con los explosivos escondidos ante el ojo cómplice del espectador (y hasta el Churchill que aparece en pantalla es más Hitchcock que nunca, interpretado nada menos que por Rod Taylor, protagonista de Los pájaros), y la desmesura de sus personajes, y su propia desmesura, lo llevan a un final explosivo, desatado, como el mejor De Palma. En esta película se ve obligado a abandonar las referencias pop, pero viene bien que haya debido prescindir de ellas, ya que esto le permite redondear el más grande concepto que motoriza su filmografía, la idea del cine como material inflamable, capaz de incendiar la pantalla, capaz de desintegrar la realidad.

La enorme lista de referencias que se dan cita en cada una de sus películas actúan siempre como elementos que conforman un texto propio y único, Tarantino nunca se pierde en el homenaje, porque lo suyo no es la cinefilia de museo. Tarantino es el lector más inteligente, más pretencioso y más audaz del cine (del más “alto” y, sobre todo, del más “bajo”, y de cualquier nacionalidad), y es también el cinéfilo más guerrillero y el único capaz de tomar el cine más autoral, elitista o experimental, mezclarlo con el cine más popular y más subvalorado, y conjugar con todo eso un texto al que sólo él puede darle una identidad y una firma particular, enarbolando en primera y última instancia la bandera del cine, sea como sea y venga de donde venga. Tarantino se dedica a mostrar de qué manera el cine es capaz de incendiarlo todo. Es por esto que, en un arranque de didactismo, bastante normal en su cine y más todavía en esta película, le explica al espectador cuán inflamables eran las películas de nitrato, la materia prima del cine hasta que, hacia 1950, fue sustituido por el menos inflamable acetato de celulosa. Desde la combustión del celuloide hasta el incendio de un cine (con Hitler adentro), todo es parte de un mismo juego. De ahí que la Historia dada vuelta no tiene en Malditos bastardos la forma de una mentira, sino de lo que el cine es capaz de hacer con la realidad, de ahí que la imagen de Hitler sea parodia de otra parodia, nada más alejado del Hitler real que el personaje esperpéntico que pone en escena Tarantino. Si algunos grandes realizadores sostienen que “el cine es la verdad a 24 cuadros por segundo” y otros que “el cine es la mentira a 24 cuadros por segundo”, Tarantino parece decirnos que el cine es y será “el cine a 24 cuadros por segundo”, ni verdad ni mentira, el cine por el cine mismo, el cine al cuadrado, como bien lo entiende Tarantino.

Para entender la cualidad explosiva del cine, Tarantino se ocupa de releer dos lenguajes universales, el cuento de hadas y el mito. El cuento de hadas, la fábula mágica y monstruosa, se desprende de dos elementos concretos, el “Once upon a time” (“Había una vez…”) que abre la película, y que juega con el relato fantasioso de la misma manera que con el universo del western de Leone, y la escena del zapato con el coronel Hans Landa y la actriz Bridget Von Hammersmark. Ambos elementos dan cuenta explícitamente de que esta película es antes una fantasía que una reversión de los hechos, y con ello Tarantino parece afirmar que el cine en su totalidad está más cerca del cuento de hadas que de la realidad, aunque hable de nazis y aliados. Por otro lado, el mito. En determinado momento, cerca del final, Tarantino juega con dos mitos en paralelo. El mito que construye “El orgullo de la nación”, la película que presentan Hitler y Goebbels sobre un soldado nazi que se enfrentó solo desde una torre contra 300 enemigos, protagonizada por el propio soldado, y el mito que pretende erigir el coronel Landa en torno a la misión principal de los “Bastardos”. Tarantino juega con la idea del mito como constitutivo de la realidad, de la misma manera en que lo hacía The man who shot Liberty Balance, aquel western maravilloso con James Stewart y John Wayne, trabajando con aquella idea y explotándola al máximo, al adosarle la visión posmoderna del mito como constitutivo no sólo de la realidad sino también del cine. Nada más mítico que el cine propuesto por Goebbels para ensalzar a una nación que va camino a sumergirse en la debacle absoluta, y nada más mítico que el cine bélico propuesto por Hollywood luego de resultar vencedor en la Segunda Guerra Mundial.

El cine de Tarantino es el de la reflexión sobre el lenguaje, de ahí que determinados juegos con el lenguaje despierten enormes carcajadas, como el intento de italiano atravesado por el acento sureño de Aldo Raine, frente al perfecto italiano del preciso coronel Landa. De ahí que los extensísimos diálogos de Tarantino puedan llevarnos de la simpatía por el carismático Landa (un villano de antología, interpretado por el mayor descubrimiento de Tarantino, Christoph Waltz, quien llega a superar la estupenda sobreactuación de Brad Pitt, en la piel de Aldo Raine), a odiarlo profundamente, todo en un solo diálogo, en la primera y brillante escena de la película. De ahí que sólo Tarantino puede ser capaz de empalagarse con diálogos extensos y que estos sean perfectamente coherentes con la puesta general, hasta sostener sobre ellos el ritmo de la película. Tarantino juega con el lenguaje y sobre todo con el lenguaje del cine, si hasta uno puede entretenerse deduciendo las referencias que se esconden en las diversas tipografías de los créditos iniciales de la película.

Una enorme cadena de disgresiones, una atrás de otra (ver por ejemplo, la extrañísima y ultracómica aparición de Mike Myers), la digresión con mayúsculas, el cine multiplicado y expandido hasta lo infinito, asaltando hasta la marquesina del cine de Shoshana, haciendo estallar todo, con el cinéfilo y pirómano desmesurado de Tarantino al mando de las cerillas, todo eso es Malditos bastardos. Brad Pitt/Aldo Raine se despide diciendo “creo que esta es mi obra maestra”. Sí, Tarantino, definitivamente lo es.

Lo mejor de la película: Un cuento de nazis y americanos, reinventado por Tarantino para exponer de qué manera el cine puede hacer arder la realidad.

Lo peor de la película: La posibilidad de quedarse en la condición mentirosa del relato, la lectura más básica e ingenua de éste, y con ello tildarlo falsamente de inmoral, cuando a Tarantino poco le importa la Historia, sólo el cine.

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Dirección y guión: Quentin Tarantino.
Países:
 USA y Alemania.
Año: 2009.
Duración: 153 min.
Género: Acción, bélico.
Elenco: Brad Pitt (teniente Aldo Raine), Diane Kruger (Bridget Von Hammersmark), Mélanie Laurent (Shoshana Dreyfus), Christoph Waltz (coronel Hans Landa), Michael Fassbender (Archie), Daniel Brühl (Frederick Zoller), Eli Roth (Donny), B.J. Novak (Smithson), Til Schweiger (Hugo Stiglitz), Gedeon Burkhard (Wilhelm Wicki), Julie Dreyfus (Francesca Mondino).
Producción: Lawrence Bender.
Fotografía: Bob Richardson.
Montaje: Sally Menke.
Diseño de producción: David Wasco.
Vestuario: Anna B. Sheppard.
Estreno en USA: 21 Agosto 2009.

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Biofilmografía de Quentin Tarantino

Quentin Tarantino (27 de marzo de 1963, Knoxville, Tennessee) es un guionista, director y actor estadounidense ganador del Premio Óscar y de la Palma de Oro.

Nació en 1963 en Knoxville, Tennessee. El nombre de Tarantino hace referencia a un personaje de una serie de televisión, al herrero mestizo Quint interpretado por Burt Reynolds en Gunsmoke. Cuando tenía dos años, la madre soltera del realizador se trasladó con él a South Bay, al sur de Los Ángeles, su hogar durante las siguientes dos décadas.Su barrio en la ciudad de Torrance era una mezcla de blancos y negros por lo que estuvo expuesto a una gran variedad de influencias cinematográficas y de culturas populares. Por ejemplo, las películas de artes marciales, que se seguían poniendo en los barrios negros después de que la fiebre del kung fu se trasladara a otros sitios. Tarantino se las apañó para seguir viéndolas hasta bien entrados los años 70. Tarantino abandonó los estudios a los 17 años para dar clases de interpretación y mantenerse con trabajos esporádicos. A los 22 años encontró una especie de segundo hogar en Video Archives, en Manhattan Beach, donde sus grandes conocimientos en películas antiguas le fueron muy útiles.

Junto a Roger Avery y Jerry Martínez, Tarantino convirtió Video Archives en una improvisada escuela de cine. Empezó a escribir para poder ofrecer escenas prácticas en sus clases de interpretación.Tras un tiempo trabajando con Avery y otros amigos, Tarantino pasó varios frustrantes años escribiendo e intentando poner en marcha dos guiones que pretendían ser su debut como director. En parte como consecuencia de su frustración por la dificultad de poder hacer una “película de verdad” con un escritor desconocido como director, Tarantino escribió en 1991 Reservoir Dogs , con la intención de que fuera el proyecto más minimalista que se pueda imaginar: la historia de un atraco a mano armada en la que el robo tiene lugar fuera de la pantalla, páginas y páginas de diálogo que necesitan un sólo plató. Pretendía ser una película de 16mm extremadamente barata con Tarantino y sus amigotes de Video Archives interpretando todos los papeles. Afortunadamente, un ambicioso productor, Lawrence Bender leyó el guión de “Dogs” y le fascinó. Le pidió a Tarantino que le concediera un mes para intentar hacer de ella una “película de verdad”. Fue Bender quien hizo llegar el guión al actor Harvey Keitel , y fue el entusiasmo de Keitel lo que atrajo a varios buenos actores y, finalmente, un presupuesto decente para la producción. Rodada en menos de un mes en Los Ángeles, con un reparto excepcional que incluía a Michael Madsen, Steve Buscemi, Tim Roth, Lawrence Tierney, Chris Penn y el propio Tarantino, además de Keitel, Dogs fue todo un éxito, primero en el Festival de Cine de Sundance y después en todo el mundo.

De repente, Tarantino estaba de moda y los dos guiones en los que había estado trabajando antes de “Reservoir Dogs” se vendieron enseguida: fueron True Romance (Amor a quemarropa) (1992, dirigida por Tony Scott ) y Natural Born Killers (Asesinos natos) (1993, reescrita y dirigida por Oliver Stone ). En 1994 llegó Pulp Fiction , un collage de ficción interpretada por John Travolta y Uma Thurman .Tras tres años de descanso, Tarantino escribió y dirigió Jackie Brown en 1997, un embrollo policíaco inspirado en la novela de Elmore Leonard , Rum Punch. Pam Grier logró estar nominada tanto a los Globos de Oro como a los premios SAG por su actuación en el papel principal, y el coprotagonista, Robert Foster , fue nominado al Premio de la Academia en la categoría de Mejor Actor Secundario. Completaban este reparto único Samuel L. Jackson (nominado también para un Globo de Oro), Robert De Niro , Bridget Fonda y Michael Keaton . El primer objetivo profesional de Tarantino era ser actor y ha seguido interpretando papeles en sus propias películas como en las de otros, como en Jackie Brown, Reservoir Dogs, Pulp Fiction, The Man From Hollywood, Four Rooms, Abierto hasta el amanecer, Destiny Turns on the Radio y Girl 6 de Spike Lee. Durante los cuatro años que pasaron entre el estreno de Jackie Brown y la producción de Kill Bill , Tarantino trabajó duro en el guión de una película bélica, Inglorious Basterds, que ya ha sido anunciada como el proyecto de Miramax.

 

Filmografía

Inglourious Basterds (2009)

Grind House: Death Proof (2007)

Sin City (Director invitado) (2005)

Kill Bill Vol.2 (2004)

Kill Bill Vol.1 (2003)

Jackie Brown (1997)

Four Rooms (1995)

Pulp Fiction (Tiempos Violentos) (1994)

Reservoir dogs (1992)

My Best Friend’s Birthday (1987)

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CÓMO SE HIZO “MALDITOS BASTARDOS”

1. El proyecto

  Para conocer la larga gestación de MALDITOS BASTARDOS, lo mejor es recurrir a las anécdotas que cuentan los amigos y compañeros del director y guionista Quentin Tarantino. Esta película épica acerca de “unos hombres en una misión” encuentra su título en la película Quel maledetto treno blindato (Aquel maldito tren blindado), dirigida por Enzo Castellari en 1978, y que en inglés se llamó Inglorious Bastards. Enzo Castellari, que aparece brevemente en la película actual, dice: “Es completamente diferente, esto es totalmente de Quentin, no es un remake ni nada parecido. Simplemente es algo que inspiré”. El productor Lawrence Bender recuerda la primera vez que Quentin Tarantino le leyó pasajes del guión de MALDITOS BASTARDOS: “Hará al menos diez años, en mi despacho. Me leyó unas escenas que me dejaron asombrado, y pensé: ‘Hay que hacer esta película’”. Pero Lawrence Bender tuvo que armarse de paciencia. El guión sufrió numerosos cambios en los diez años siguientes. Pasaban los años y el título seguía siendo el mismo, pero la trama cambiaba. El realizador jugó con la idea de convertir el proyecto en una miniserie e incluso pensó en transformarlo en una novela. Pero el guión reaparecía de forma recurrente. Eli Roth, que interpreta al “bastardo” Donny Donowitz, recuerda: “Mi primer contacto con MALDITOS BASTARDOS fue en diciembre de 2004. Quentin me leyó e interpretó el monólogo de Hitler. Fue la primera vez que presencié lo que ahora llamo ‘el teatro de Quentin Tarantino’, cuando aprovecha para leer un guión suyo e interpretar a cada uno de los personajes”. El actor sigue diciendo: “Recuerdo decirle que el monólogo me parecía genial. Durante los años siguientes me llamaba de vez en cuando para decirme: ‘Oye, ya tengo otra escena para MALDITOS BASTARDOS’. Luego lo apartó para rodar Death Proof, pero hace cosa de año y medio me dijo: ‘Esta vez sí quiero terminar MALDITOS BASTARDOS’”.

  En la primavera de 2008, Quentin Tarantino le dijo al productor Lawrence Bender que se estaba centrando en el guión de MALDITOS BASTARDOS. “Me alegré mucho porque parecía hacerle feliz”, recuerda Bender. “Pero no sabía que estaba a punto de acabarlo”. El miércoles 2 de julio de 2008, Quentin Tarantino terminó la versión final de la película.

  La productora asociada Pilar Savone, que colabora con el realizador desde que fue su segunda ayudante de dirección en Jackie Brown, recuerda el momento en que tuvo el guión en las manos: “Lo solemos llamar ‘el día del lanzamiento’. Cuando termina un guión, nos lo da para que hagamos copias y lo distribuyamos. Llamó a sus amigos para avisarles de que lo había terminado. La lista de personas a las que quería dárselo era larga. Cuando llegamos al final de la lista, miré a las chicas de la oficina y les dije: ‘Esto merece una copa de vino’”.

  “Me llamó el 3 de julio, y Pilar me mandó el guión”, recuerda Lawrence Bender. “Cancelé mi agenda ese día y me quedé en casa para leerlo. Al terminar, estaba a punto de llamarle, pero volví a leerlo. Estaba entusiasmado”.

  Quentin Tarantino recuerda: “Hablé con Lawrence y le dije: “Necesitamos un día entero”. Nos reunimos el domingo. Lo hablamos y decidimos que la producción empezaría el mismo lunes”.

  El director explica: “Cada capítulo de la película tiene algo distinto; la ambientación, las sensaciones, los tonos cambian. El principio es parecido a un espagueti western con iconografía de la II Guerra Mundial”.

  El maquillador de efectos especiales Greg Nicotero, que colabora con Quentin Tarantino desde Reservoir Dogs, fue otro de los primeros en leer el guión. Se quedó sorprendido por el contenido de las 164 páginas: “Esperaba tremendas y gigantescas batallas, horribles matanzas, cuerpos despedazados, pero no había nada de eso. Al principio no entendía adónde quería ir a parar, pero me quedé asombrado por la cantidad de detalles, por la realidad que desprendían las páginas”.

  Los seguidores del director saben que hace cine para un público global, que no está dirigido únicamente al espectador norteamericano. Julie Dreyfus, que interpretó a Sophie Fatal en Kill Bill, dice: “Cuando hizo Kill Bill, también quiso ser lo más auténtico posible”.

  Lo sorprendente del guión, en opinión de muchos lectores, es la perfección con que personajes reales se mezclan con personajes ficticios en una realidad alternativa. “Todo se resume en el primera línea del guión: ‘Érase una vez en la Francia ocupada por los nazis’. Es un cuento de hadas, pero al estilo de Quentin”, explica Greg Nicotero. “Es una fábula, y guía al lector por un viaje realmente único desde el primer momento”.

  Un entusiasmado Lawrence Bender quedó con Quentin Tarantino el sábado 6 de julio de 2008 para hablar del proyecto y de sus dificultades. El productor recuerda: “Hablamos del guión y luego de dónde podría rodarse. Mencionamos varios lugares en el mundo, pero nos centramos sobre todo en Alemania, concretamente en Berlín”.

  Quentin Tarantino dijo que la película debía estar terminada para el Festival de Cannes de 2009, una hazaña casi imposible. Bender recuerda que dijo: “Para eso, hay que empezar la preproducción mañana mismo. Tenemos que empezar a rodar dentro de dos semanas. Estaremos rodando antes de haber conseguido un acuerdo de financiación. Haremos el casting, buscaremos decorados y un montón de cosas más antes de tener financiación”.

  El productor ejecutivo Lloyd Phillips dice: “Las primeras cuatro semanas fueron una auténtica locura; todo ocurría demasiado rápido. Trabajé 24 horas diarias intentando superar las diferencias horarias, contratando el equipo, solucionando problemas de contabilidad. Ya teníamos fecha para el comienzo del rodaje, todo el mundo debía estar muy centrado. Sin el gran equipo que tuvimos, no habríamos podido empezar a tiempo”. El director y los productores mandaron el guión a Brad Pitt y empezaron a reunir a los “Bastardos”.

  Cuando el realizador llegó a Alemania, el diseñador de producción David Wasco ya había buscado decorados y tenía cientos de fotografías preparadas para que las viera Tarantino. Había empezado la frenética preproducción. A las catorce semanas del “día del lanzamiento”, las cámaras estaban preparadas para rodar.