Estreno en España: 25 Septiembre 2009

Puntuación: 72.jpg

the-sky-crawlers-poster.jpg

Sinopsis

Diseñados genéticamente para perdurar en un estado de eterna adolescencia hasta el día en que son abatidos en el aire, los Kildren se han convertido en protagonistas involuntarios del espectáculo televisado de duelos aéreos que satisface la demanda del público en un mundo que ha erradicado las guerras. Yûichi Kannami es trasladado a su nueva base con tan sólo vagos recuerdos de su pasado y la certeza de que ha nacido para pilotar aviones de combate. Pronto llama la atención de la comandante de la base, Suito Kusanagi, que se comporta como si llevara mucho tiempo esperándole. Al tiempo que la relación entre ambos se estrecha, Yûichi descubrirá el sabor agridulce de la vida y el amor, mientras su inevitable destino le aguarda en la inmensidad de los cielos.

the-sky-crawlers-1.jpg

Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

El animé suele tener la cualidad de sorprendernos frecuentemente. The sky crawlers, de Mamoru Oshii, realizador de films multipremiados como Ghost in the shell o Avalon, no es la excepción. Si la animación nipona ya nos demostró varias veces que es el terreno ideal para trabajar, desde las infinitas posibilidades que da la animación, temáticas de corte netamente adulto, The sky crawlers es directamente la exposición de un discurso de corte existencialista dentro de un envase de ciencia ficción. La excusa es perfecta para un discurso filosófico de este tenor. Un mundo en el que la guerra es un elemento del pasado reutilizado en el presente como un escenario dramático, donde determinados seres, los Kildren, imposibilitados de crecer más allá de la adolescencia, están condenados a matarse en combates aéreos para regocijo del público. Ese contexto lo llevará a uno de ellos a preguntarse sobre el sentido de la vida, cuando no podrá crecer ni vivir más allá de los espectáculos aéreos.

Las imágenes de The sky crawlers impactan por su enorme belleza, particularmente, las escenas de batallas aéreas. Oshii demuestra su maestría en el campo de la animación imprimiéndole un tono demoledoramente trágico a estas imágenes. Por otro lado, la condición existencialista que se desprende de esta película está dada especialmente por las reflexiones de Yûichi, el protagonista. Las frases que dispara el personaje contrastan con el verosímil que propone Oshii y con el ritmo sumamente lánguido de la película. Si la base narrativa de este universo que se muestra en el film da pie a una construcción filosófica al respecto, el hecho de que esta lectura repose excesivamente en algunas frases demasiado llamativas, tiende a anular el desarrollo de esta visión de la historia. De esa manera, la película sólo parece avanzar en los combates aéreos, mientras que el vínculo entre Yûichi y Suito, la comandante, se pierde en la pausada evolución de la trama. Curiosamente, la belleza de esta película no termina de colaborar en la construcción del contenido filosófico, ya que lo hipnótico de las imágenes reposa específicamente en las escenas más llanas y menos ambiguas.

Sin embargo, estamos frente a una pieza más que interesante para analizar la enorme complejidad de las películas de animación japonesas. The sky crawlers es el ejemplo claro de que las películas animadas pueden soportar los planteos más originales, y a la vez, los más adultos. Definitivamente, desde la forma en que el componente fantástico se cruza con la lectura filosófica, en el germen mismo de esta historia, nos queda claro que esta película dista enormemente del pensamiento tradicional que une cine animado con público infantil. No estamos ante otra película animada que puede ser disfrutada tanto por niños como por adultos. The sky crawlers es directamente indigerible para el público infantil, sólo los mayores podrán entender la enorme complejidad que esta bella pieza     de Mamoru Oshii no se preocupa por ocultar.

 

Lo mejor de la película: La impactante belleza de los combates aéreos y el complejo planteo que propone este relato fantástico.

Lo peor de la película: Que, por momentos, la lectura filosófica se reduce a las reflexiones inusuales que disparan los personajes.

the-sky-crawlers-2.jpg

Título original: Sukai kurora.

Dirección: Mamoru Oshii.

País: Japón.

Año: 2008.

Duración: 122 min.

Género: Animación, aventuras.

Guión: Chihiro Itô; basado en la serie de novelas de Mori Hiroshi.

Producción: Seiji Okuda y Mitsuhisa Ishikawa.

Música: Kenji Kawai.

Diseño de producción: Kazuo Nagai.

Estreno en Japón: 2 Agosto 2008

mamoru-oshii.jpg

Biofilmografía de Mamoru Oshii

Mamoru Oshii (nacido en Tokio el 8 de agosto de 1951) es un director de cine japonés.

Comenzó a interesarse por los mundos de la ciencia ficción, en cualquiera de los ámbitos audiovisuales, desde muy joven. Rodó varios cortos en 16mm como puro entretenimiento antes de pasar al campo profesional. Tras finalizar sus estudios cinematográficos, comenzó en la industria de la animación trabajando para el estudio Tatsunoko Productions a mediados de 1977, debutando como asistente en la serie Ippatsu Kanta-kun.

En 1980 ficha por el entonces desconocido Studio Pierrot, encargándose de la serie Nils holgerson. Oshii colabora también como guionista en otras series y películas, destacando los dos largos de animación de la saga Urusei Yatsura, creada en manga por la conocida Rumiko Takahashi. Oshii presenciaría de primera mano la aparición de un nuevo sistema de venta de animación: el OVA (Original vídeo Animation), considerado una revolución dentro de la industria por las nuevas y enormes posibilidades que abría. Fue el Studio Pierrot quien ideó este nuevo sistema, y Mamoru Oshii tuvo el honor de dirigir el primer producto lanzado en ese formato: Dallos, una miniserie de cinco capítulos, que se considera la primera obra con el sello personal de Oshii. Su argumento, oscuro e inquietante, nos sitúa en un futuro en que la Luna se encuentra ya colonizada y explotada por el hombre, y un grupo revolucionario de selenitas comienza una lucha por la mejora de sus condiciones de vida frente al gobierno de la Tierra, quien a su vez pretende ocultar los secretos de una estructura extraterrestre, una estación espacial llamada Dallos.

Desde ese momento, Mamoru Oshii se convirtió en un referente. En colaboración con Studio Deen guionizó y dirigió en 1985 otro OVA de gran calidad: Tenshi no Tamago, una obra experimental y confusa pero altamente recomendable, que contó con los diseños de Yoshitaka Amano. Dos años después dirigió otras dos historias en formato OVA sobre extrañas desapariciones de personas en Tokio: Twilight Q. A continuación decidió entrar en el campo de la películas de imagen real, con Akai megane (Las gafas rojas), que ya dejaba entrever el mundo de ciencia ficción complejo y fascinante de sus siguientes trabajos.

A partir de 1988 se produce su definitiva consagración, con una saga que alcanzó prestigio mundial gracias a él: Patlabor. Oshii se encargó de dirigir las dos películas, además de las 6 primeras OVAs. Los largometrajes de Patlabor son dos de los mejores trabajos de su carrera, y figuran entre las mejores películas de anime de la historia, gracias a una trama adulta, llena de detalles de genialidad y uniendo los avances y los conflictos del mundo futuro con tramas políticas y personajes extremos. Además, en esos años todavía tendrá tiempo de cambiar de registro y dirigir la parodia Gosenzosama Babbanzai!, en 1989. Otro de sus proyectos más extensos fue Kerberos Panzer Cop, del que ideó una historia múltiple, plasmada en primer lugar en el guión del manga del mismo nombre, que contó con los dibujos de Kamui Fujiwara. La historia recreaba un futuro alternativo en que Japón padecía convertido en un estado policial, con un gobierno totalitario que emplea una fuerza de represión brutal frente a las revueltas y al crimen. A continuación, el propio Oshii adaptaría su guión a imagen real en tres películas: Kerberos Panzer Cop, Stray Dog y Talking Head. En 1998, además, colaboraría en el guión de Jin-Roh, un largo de animación dirigido por Hiroyuki Okiura e inspirado en la obra original.

Llegados al año 1995, Mamoru Oshii fue reconocido internacionalmente gracias a la superproducción Kōkaku kidōtai -Ghost in the Shell-, un increíble largometraje que generó una admiración por la animación japonesa en todo occidente. Basado en la obra homónima de Masamune Shirow, el universo de GITS representa un paso adelante en la imaginería visual y creativa de la ciencia ficción: La profundidad de esta obra merecería un artículo aparte, en el que analizar los conflictos que planteará la evolución humana, la creación de nuevas formas de inteligencia y la búsqueda por parte de éstas de su “alma”. Antes de retomar la trama de GITS, Oshii idearía una obra multimedia, que abarcaba gran parte de los métodos de entretenimiento: Blood, the last vampire. Esta historia de vampiros evolucionados muestra la cara más comercial de Oshii, y su capacidad de innovación al plantear una historia que no se desvela en un solo formato, sino que va aclarándose con cada uno de sus “componentes”: una serie de novelas (escritas por Junichi Fukisaku), la película de animación (dirigida por Hiroyuki Kitakubo), el manga (de Kenji Kitayama y Benkyo Tamaoki) y el videojuego para PlayStation 2.

Si con Ghost in the Shell, Mamoru Oshii se había Ganado la admiración en el campo de la animación, lo mismo sucedería en el terreno de la imagen real con el largometraje Avalon, en 2001, alabado a partes iguales por la crítica más conservadora y su público. Desde la estética de la película hasta la confusión paranoica que experimentan sus protagonistas, todo hace de ésta una parte decisiva de la ciencia ficción del nuevo milenio, influida por el cada vez más difuso límite entre lo virtual y lo real. Hay que destacar el ritmo pausado, casi poético de sus imágenes, y la elegancia y solemnidad de su banda sonora. Consciente del impacto que Ghost in the Shell sigue teniendo entre los aficionados a la buena ciencia ficción, Oshii decidió extender ese universo, pero otra película no parecía suficiente para abarcar su proyecto. Así, mientras se dedicaba a fondo a la preparación de Innocence, la espectacular continuación cinematográfica, también aportaba argumentos que se pudiesen plasmar en una serie de animación. La primera temporada de la serie comenzó en 2003 bajo el nombre GITS Stand Alone Complex: en cada uno de sus 26 episodios de 25 minutos de duración se iba conformando un argumento que poco tenía que envidiar en cuanto a calidad y profundidad a sus versiones en la gran pantalla. El enorme éxito de la serie y su posterior edición en DVD propiciaron su continuidad en una segunda temporada (2nd GIG) que incluso supera en calidad tanto técnica como argumental a su predecesora.

Ghost in the Shell II: Innocence, con un desorbitado presupuesto de 2500 millones de yenes, se estrenó en los cines japoneses en la primavera de 2004. Se trataba de una de las películas más esperadas de lo últimos años, y su calidad superó expectativas. En occidente se presentó en la mismísima Sección Oficial del Festival de Cannes 2004.

Recibió el Premio de la Crítica José Luis Guarnier en el Festival de Cine de Sitges de 2008, por The Sky Crawlers.

 

Filmografía

Kiru (2008)

Sukai kurora (2008)

Kôkaku kidôtai 2.0 (2008)

Shin onna tachiguishi retsuden (2007) (segmento «The Assault Girl» y «The Golden Fish Girl»)

Tachiguishi retsuden (2006)

Mezame no hakobune (2005)

Innocence (2004/I)

Avalon (2001)

Kôkaku kidôtai (1995)

Kidô keisatsu patorebâ: The Movie 2 (1993)

Talking Head (1992)

Jigoku no banken: kerubersu (1991)

Kidô keisatsu patorebâ: The Movie (1989)

Kidô keisatsu patorebâ (1988) (V)

Twilight Q (1987) (V) (part two)

Jigoku no banken: akai megane (1987)

Tenshi no tamago (1985)

Urusei Yatsura 2: Byûtifuru dorîmâ (1984)

Urusei Yatsura 1: Onri yû (1983)

Darossu (1983) (V)