Estreno en España: 24 Julio 2009 – Título: Nueva York para principiantes

Estreno en Argentina: 15 Agosto 2010 (TV) – Título: Cómo perder a tus amigos

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Sinopsis

“Nueva York para principiantes” es la crónica del declive de Sidney Young (Simon Pegg) desde prometedor periodista a rotundo fracaso en la revista más prestigiosa de Nueva York. Sidney se abre camino a través de Manhattan por los motivos más inoportunos, pero sus malos modales y sus bromas de mal gusto le llevan a percances monumentales.

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Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

Esta comedia se disfruta de principio a fin, y es un relato bastante particular del mundillo de la fama en Estados Unidos, con una prensa gráfica dedicada a plasmar una verdad acorde a la construcción pública que pergeñan los famosos sobre sus respectivas vidas, y las innumerables miserias que se esconden y la vida privada y la imagen pública que ellos erigen. El humor de Nueva York para principiantes está más ligado al accionar torpe y rebelde del periodista inglés Sidney Young, y su constante imposibilidad de encajar en la maquinaria condescendiente de la publicación para la que trabaja, que al universo de vanidad y superficialidad que se ve retratado en esta revista. Es por ello que, si bien muestra cierta acidez a la hora de pintar este mundo, esto no deja de ser algo secundario frente al protagonismo de Simon Pegg, quien, pese a estar apoyado por un gran elenco americano, se carga la película al hombro.

Sin embargo, hay algo del personaje de Sidney Young que hace presumir que su perfil es mucho más sólido en el libro autobiográfico del periodista Tony Young, quien narra su malogrado intento de hacer carrera en Vanity Fair, que en la película. Hay una contradicción en el personaje que su voz en off intenta justificar, pero lejos de aclarar, oscurece. Y el hecho es que Sidney, por un lado, se muere por pertenecer al mundo de los que están delante de los flashes y las cámaras, y por otro lado, su accionar constantemente violento hacia los protagonistas de ese universo, y su forzada rebeldía, no hace más que alejarlo de esa intención. Para colmo, en determinado momento, una situación personal lo lleva a actuar a la inversa de su accionar habitual, y esto acelera su breve salto al otro lado de la alfombra roja, lo que viene a acentuar esta inconexión entre su desprecio hacia el etéreo mundo de la fama, y sus enormes ganas de formar parte de ella.

Pese a esto, esta es una comedia claramente al servicio de Simon Pegg, uno de los mejores comediantes surgidos en el cine inglés en los últimos años. Un comediante que sorprende tanto en su cuota autoral, como cuando pone su rostro en productos lejos de su esfera principal, en sus contribuciones a recientes comedias, generalmente coproducidas entre Estados Unidos y el Reino Unido. Su presencia en ésta resulta avasallante, y consigue aportarle todo lo que el personaje y la película necesitan para que la comedia se sostenga, pese a las mencionadas falencias que revela su personaje.

Los principales papeles secundarios quedan en manos de estrellas que conforman un maravilloso soporte para las desventuras del periodista ingles. Kirsten Dunst, la compañera de trabajo que más empeño pone en intentar tolerar el accionar irreverente y torpe de Sidney, Jeff Bridges, el jefe de Sidney, quien añora en secreto la época en que era crítico y agresivo con el mundo de la fama, antes de convertirse en un empresario condescendiente y sólo preocupado por su capital, y Gillian Anderson, eficaz en el papel más representativo del hipócrita universo que pinta la película, como la agente de prensa de la estrella en ascenso, son los tres pilares en los que se apoya Simon Pegg para acumular las situaciones más hilarantes.

Sin embargo, la mayor cuota de acidez de Nueva York… recae en el personaje de Megan Fox. Si repasamos la infinidad de artículos periodísticos que reflejaron las insoportablemente vacuas y pretenciosamente explosivas declaraciones de Megan Fox que siguieron a la secuela de Transformers, no hay manera de que no hagamos una perfecta asociación entre la insoportable Sophie Maes, y la propia Megan Fox, o al menos lo que hoy deja ver su irritante imagen pública. En un futuro, cuando la Fox deje su compulsión por arrojar todos los días otra frase polémica y se preocupe más por crecer actoralmente, su rol en esta película dejará de ser tal vez lo mejor en su corta carrera. Por ahora, semejante acto de sinceramiento o de autocrítica, no sólo eleva sorpresivamente su interpretación, sino que le aporta a su vez todo lo necesario para que la película consiga su cuota de acidez, pequeña (debido a que el grueso del humor recae en el personaje de Pegg), pero descarnada de las miserias del trivial universo de las celebridades.

Lo mejor de la película: Simon Pegg, y la ácida pintura del mundo de la fama. Un gran elenco, y entre ellos Megan Fox, maravillosa interpretando una versión tan insoportable como su propia imagen pública.

Lo peor de la película: Las contradicciones de base del personaje de Pegg.

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Dirección: Robert Weide.
País:
Reino Unido.
Año: 2008.
Duración: 110 min.
Género: Biopic, comedia romántica.
Elenco: Simon Pegg (Sidney Young), Kirsten Dunst (Alison Olsen), Jeff Bridges (Clayton Harding), Danny Huston (Lawrence Maddox), Gillian Anderson (Eleanor Johnson), Megan Fox (Sophie Maes), Miriam Margolyes (Sra. Kowalski), Bill Paterson (Richard Young), Max Minghella (Vincent), Diana Kent (Rachel).
Guión: Peter Straughan; basado en el libro de Toby Young.
Producción: Stephen Woolley y Elizabeth Karlsen.
Música: David Arnold.
Fotografía:
Oliver Stapleton.
Montaje: David Freeman.
Diseño de producción: John Beard.
Vestuario: Annie Hardinge.
Estreno en Reino Unido: 3 Octubre 2008.