Estreno en España: 12 Junio 2009

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Sinopsis

Tom Cutler (Samuel L. Jackson) es un ex policía que ahora se dedica a limpiar escenas de crímenes una vez que ya han sido investigados. Concienzudo y metódico, no deja jamás rastro alguno que pueda indicar que haya ocurrido una tragedia en ese lugar. Cuando recibe el encargo de limpiar la escena de un brutal asesinato acaecido en un barrio de clase alta, lo encara como un trabajo más… hasta que se da cuenta de que nadie ha comunicado el crimen a la policía y que lo que ha hecho es eliminar toda evidencia del mismo.

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Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

Si pudiésemos establecer a groso modo distintas categorías concretas, podríamos afirmar tranquilamente que Cleaner es uno de esos thrillers para alquilar en un videoclub y disfrutar en la comodidad del hogar. A esta altura no nos vamos a poner a deliberar respecto a la diferencia de “niveles” entre el cine y el video hogareño, DVD, Blu-ray o lo que venga. Más allá de que se impongan los LCD y la experiencia hogareña en alta definición, hay una diferencia importante entre ver una película en el cine o en nuestra casa, la hubo y la habrá siempre, no solo en lo referente al valor económico de ambas experiencias, sino principalmente en cuanto al acto mismo de ir al cine, de disfrutar de un gran espectáculo, de ver una película respetando los parámetros y las condiciones para la que esta fue concebida. En este sentido, Cleaner no aplica para nada, principalmente porque nunca accede a la condición de gran espectáculo, no aspira a otra cosa más que ocupar su lugar como un thriller del montón, pese al esfuerzo de muchos. El primero en la lista de los esforzados es Samuel L. Jackson, que jamás defrauda y aquí tampoco lo hace. Jackson interpreta a un policía retirado (en circunstancias que la película se ocupará de narrar) que vive limpiando escenas de crímenes. Para él la sangre es como suciedad común, carece del carácter doloroso que le aporta el común de la gente. Esto se debe a su pasado como policía, pero principalmente al trauma (elemento infaltable, de manual, para constituir un personaje pretendidamente complejo) que arrastra por el asesinato de su mujer, y la imposibilidad de evitar que su pequeña hija haya quedado expuesta a la tragedia familiar. Jackson cumple hasta cuando le toca narrarnos su perfil a través de la voz en off, elemento que en manos de otro actor hubiera ido en desmedro de la película, y logra entregarnos escenas conmovedoras, que en otro contexto se volverían inolvidables, tal el caso de la escena en la que confiesa la escena más triste que le tocó presenciar. El segundo esforzado es Ed Harris, otro gran actor que, sin embargo, pese a su esfuerzo, su sola presencia vuelve previsible el desarrollo de la trama. A fin de cuentas, ¿cuántas veces hemos visto a Harris interpretar a un héroe y cuántas a un villano? Los estándares de Hollywood le juegan una mala pasada (nunca terminamos de confiar en su personaje, por más que no muestre una pizca de oscuridad), y terminan jugando en contra de la propia película. El experimentado, aunque no necesariamente eficiente, y muchas veces mediocre, Renny Harlin, cumple con una realización bastante decente, pero es su mano, no siempre sólida, la que termina por definir a Cleaner como un film apenas disfrutable, y esencialmente ramplón. Una de las que más se esfuerza es la joven Keke Palmer, quien interpreta a la hija del personaje de Jackson, con una interpretación que regala momentos de hondo dramatismo sin caer en lo grosero y el golpe bajo gratuito. Quien no parece esforzarse para nada es Eva Mendes, con una sorpresiva frialdad que no ayuda en absoluto al desarrollo de la trama. Algunos buenos elementos, y otros algo defectuosos, todos girando en torno a un guión que representa el mayor problema de la película. Si la primera mitad de la película despierta un claro interés gracias a un relato que consigue sus mejores momentos al develar una enorme red de corrupción en las altas esferas de la policía, la película decide dar un giro de 180 grados, de los supuestos implicados en el crimen central de la trama por el historial de corrupción que involucra a una larga lista de policías retirados y en actividad, entre ellos, obviamente, los protagonistas, la película pasa de un momento a otro al móvil pasional, y no solo este volantazo, que parece decir “no sabía cómo resolver la intriga y metí esto en el medio para oxigenar un poco entre tanto relato de corrupción”, termina desorientando a los espectadores, sino principalmente a los protagonistas, que quedan a la deriva de una película que no sabe construir suspenso, o mejor dicho, que construye suspenso en torno a algo que finalmente no tendrá peso alguno en la sorpresiva resolución. Aún con la dirección de Harlin, con la ineptitud de Eva Mendes a la hora de encarnar su personaje, y la previsibilidad en torno al papel de Ed Harris, la película podría haber sumado muchos puntos y resultar un thriller algo relevante, si tanto disfrute alrededor de la primera mitad de la película, no hubiese desembocado en un desbarranque total de la trama, con una resolución penosa e innecesaria que desmerece completamente el resto. Esta película ya tiene dos años, así que no es difícil encontrarla en dvd. Ya queda avisado, si decide verla, el sillón de su casa es la mejor opción, la única opción que este film merece.

 

Lo mejor de la película: Samuel L. Jackson, Keke Palmer, y Ed Harris, aunque su bondad nunca deje de despertar sospechas.

Lo peor de la película: La forma en la que el interesante relato de corrupción policial queda a un lado, y la película saca de la manga el móvil pasional para resolver la trama, eludiendo su contundente desarrollo.  

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Dirección: Renny Harlin.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 90 min.
Género: Thriller.
Elenco: Samuel L. Jackson (Tom Cutler), Ed Harris (Eddie Lorenzo), Eva Mendes (Ann Norcut), Luis Guzmán (detective Wallace), Keke Palmer (Rose Cutler), Robert Forster (Arlo Grange), Maggie Lawson (Cherie), Edrick Browne (detective Darrin).
Guión: Matthew Aldrich.
Producción: Avi Lerner, Michael P. Frannigan, Samuel L. Jackson, Steve Golin, Alix Madigan-Yorkin y Lati Grobman.
Música: Richard Gibbs.
Fotografía:
Scott Kevan.
Montaje: Brian Berdan.
Diseño de producción: Richard Berg.
Vestuario: Susanna Puisto.

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Filmografía de Renny Harlin

# 12 Rounds (2009)

# Cleaner (2007)

# The Covenant (2006)

# Exorcist: The Beginning (2004)

# Mindhunters (2004)

# Driven (2001)

# T.R.A.X. (2000) (TV)

# Deep Blue Sea (1999)

# «Making the Video» (1999) serie TV

# The Long Kiss Goodnight (1996)

# Cutthroat Island (1995)

# Cliffhanger (1993)

# «Gladiaattorit» (1993) serie TV

# The Adventures of Ford Fairlane (1990)

# Die Hard 2 (1990)

# A Nightmare on Elm Street 4: The Dream Master (1988)

# Prison (1988)

# Born American (1986)

# Kohtauspaikka 33 (1981) (TV)

# Huostaanotto (1980)

 

CÓMO SE HIZO «CLEANER”

  Cuando el guionista Matthew Aldrich se topó con las ondas de una emisora de radio que narraba la crónica de un día en la vida de un «limpiador», ésta le proporcionó el germen de una idea. “Me resultó fascinante” —recuerda—, “y chocante, al antojárseme un oficio horrible como medio de vida. Me intrigaba qué llevaba a casa consigo alguien así al final de la jornada”. El guionista había decidido que esta profesión, del todo singular, devendría un marco ideal para un personaje que se ve involucrado en un misterio. “¿Qué puede estar tratando de ocultar una persona como ésta? ¿Hasta dónde sería capaz de llegar para conseguirlo?” Tras imaginar la historia, mostró el proyecto al productor Alix Madigan-Yorkin, con quien ya había trabajado en otro guión. “Me encantó el personaje de Tom, y la idea de alguien pasando por todo eso, que no es poco, para purificar su existencia, mediante ese oficio, aceptando tener que llevar una vida en extremo limpia y ordenada, forzado por un secreto horrible que le abruma”. En su búsqueda de un director apropiado, Madigan-Yorkin se topó inadvertidamente con el protagonista principal para el proyecto. “Había oído que Sam Jackson estaba deseando poder dirigir un largo, de tal modo que le envié el guión cierto viernes. Se lo leyó durante el fin de semana y el lunes nos respondió diciéndonos que quería ser el protagonista”. “Me da la impresión de que a este tipo no le hemos visto antes” —comenta el actor refiriéndose a su personaje—. “Hemos oído hablar de gente a quien se le atribuye la condición de limpiadores, como en Nikita, dura de matar (Nikita, 1990), donde aparece alguien y limpia el desastre que queda tras un asesinato. Pero Tom es un tipo auténtico, que se encarga de los miembros de la familia de los muertos, una vez que éstos aparecen; incluso tras una muerte natural, no necesariamente un asesinato. Como bien sabe por su profesión precedente, la muerte es negocio —uno muy grande—, y su singular ocupación se hace muy necesaria. También le da la oportunidad de hacer algo que le permite regresar a casa por las noches y estar junto a su hija”. Habiéndose comprometido con el proyecto, el propio Jackson fue quien envió el guión a un viejo amigo y colega de confianza, el director Renny Harlin, con quien ya había trabajado previamente en Memoria letal (The Long Kiss Goodnight, 1996), y en Deep Blue Sea (Deep Blue Sea, 1999). “En los años precedentes, cuando quiera que trabajara con Renny, normalmente acababa pasando mucho frío, estando muy mojado, o en cualquier otra circunstancia nada confortable” —comenta Jackson—. “Creí que sería interesante comprobar cómo sería trabajar con él bajo condiciones más normales, tales como estar en un interior, donde no te congelas, ni se permanece húmedo todo el rato, ni se sufre persecución por parte de algo o se está expuesto a un disparo”.

  Ante la posibilidad de implicarse en el proyecto, el director dio un salto: “Cuando leí el guión, sentí que aquélla podía ser una auténtica oportunidad para hacer algo completamente distinto de lo que había hecho hasta entonces”.

  Harlin, conocido principalmente por haber dirigido thrillers de acción y gran presupuesto como La jungla 2: Alerta roja (Die Hard 2, 1990) y Máximo riesgo (Cliffhanger, 1993), recibió con auténtico entusiasmo la oportunidad de encargarse de un tipo de film de menor dimensión pero más personal. “Cuando era más joven, creo que tenía suficiente con el entusiasmo derivado de poder hacer cine, de narrar historias emocionantes” —explica el director—, “pero uno va sumando años, con algunos largos ya a la espalda, y lo cierto es que empiezas a anhelar algo con mayor sustancia. Me pareció que ésta era una película en la que el público puede quedar atrapado por el misterio, y además aprehender algo de la misma a nivel emocional a partir de cuanto la historia contiene”.

  En el encuentro con los productores, Harlin les impresionó con su bagaje, pero todavía más con su incontestable visión de la película. “Cada uno de los otros directores con quienes nos entrevistamos nos hizo comentarios acerca del diseño de producción y del hecho que éste es un mundo nunca visto anteriormente” —comenta el productor Madigan—, “pero lo que nos gustó de Renny fue algo que nadie más mencionó: que se trataba, básicamente, de una historia acerca de un padre y su hija, que es de lo que esencialmente está tratando este film. Renny era capaz de ver, más allá de toda la sangre y la violencia, lo que nosotros siempre habíamos creído que era la esencia de esta historia”.

  “Una de las cosas que me interesaron acerca de los personajes estribaba en el hecho de que nadie es quien al principio creemos que es, lo cual me parece que se ajusta bastante a la realidad de la vida” —sigue Harlin—. “Todos tenemos pequeños secretos que no revelamos. Esos personajes tratan de mantener la máscara de lo que aparentan ser, pero a medida que la historia evoluciona, nos vamos enterando de sus secretos. Nadie es como parece ser… quizá con la excepción de Rose. Es sólo una adolescente tratando de averiguar quién es realmente, y procurando conocer su pasado y ser capaz de ir más allá del hecho de que ha perdido a su madre y de que se encamina hacia su futuro como mujer”.

  El combinado de todos los elementos ya alcanzados (guión, protagonista principal, y director) fue más que suficiente para atraer a un impresionante colectivo de talentos para completar el reparto.

  “Reaccioné aI guión del modo más positivo. Cada uno de los personajes presenta un tipo u otro de complejidad” —comenta el actor Ed Harris, nominado al Oscar en cuatro ocasiones—. “En la vida de cada uno de ellos está aconteciendo más de una cosa -de lo que el público llega a ser consciente- y que les confiere cierta densidad. Parte del suspense estriba en que vas conociendo a esos personajes, y acabas por descubrir todas y cada una de sus capas”.

  “También me gusta que un director piense que el proyecto en que se está metiendo es importante para él” —sigue Harris—. “No se trata tan sólo de un trabajo; es algo que debe importarle. Me reuní con Renny; reconoció haber hecho una serie de filmes a lo largo de los años que le han dado un nombre, pero ahora quería ir en una dirección distinta. Me di cuenta de que este proyecto le importaba en tanto que era exponente del camino hacia el que quería dirigir su carrera y del tipo de film que deseaba realizar. Me dijo que para él era del todo esencial que yo formara parte del mismo”.

  Para el papel de la mujer cuyo rol en el devenir de los acontecimientos no llega a estar jamás del todo claro, los realizadores eligieron a Eva Mendes. “Eva aporta a su papel esa maravillosa cualidad como femme fatale de film noir” —comenta el productor Lati Grobman acerca de la actriz—. “Proyecta ese tipo de frialdad y distanciamiento que hace de su personaje alguien muy creíble. Ann Norcut es una mujer que se casó en la abundancia, asumiendo un estilo de vida glamoroso, pero finalmente ha tenido que pagar un precio muy alto por todo eso”.

  “Me gusta” —dice Mendes acerca de su personaje—. “Se trata de una mujer buena que cometió un error que costó la vida a su marido. Eso es mucho que llevar a cuestas, pero es el tipo de cosas que hace que todos los personajes de la película me parezcan fascinantes. Necesitan tanto los unos de los otros que están dispuestos a asesinar por ellos. Es muy profundo”.

  “Me encanta que Eva no haya tenido antes este tipo de papel” —comenta Renny Harlin—. “Ha encarnado más papeles cómicos o románticos, pero éste es un rol verdaderamente dramático que ha asumido y desarrollado con tanta facilidad como brillantez. Añade al film algo muy elegante, sexy, bello… y también algo muy misterioso”.

  Los realizadores estuvieron de acuerdo desde el principio acerca de la actriz que encarnaría a la hija de Tom: la primera opción. “Keke Palmer es la mejor actriz joven de EE.UU.” —comenta Harlin, el director—. “Su interpretación de Rose es muy emotiva.” “Es un gozo disponer de ella en el plató pues aligera las cosas cuando se están haciendo difíciles” —comenta Samuel L. Jackson sobre su coprotagonista—. “Puede hablarte acerca de una canción o comenzar a cantar y bailar antes de meterse en una escena para desmoronarse y arrancar a llorar. Y luego, se olvida de todo tan rápidamente como lo ha asumido un instante antes. Ha descubierto una técnica que le permite ser muy auténtica y honesta, y no por ello dejar de ser la niña que necesita ser, libre de la carga de su trabajo”.

  Luis Guzmán y Robert Forster, actores tan veteranos como distinguidos, han asumido papeles secundarios esenciales. “Me encanta estar en una película donde incluso los papeles más pequeños los encarnan actores célebres. En Luis hay algo especial cuando aparece en pantalla” —opina Harlin— “que resulta muy divertido. Es gracioso, pero nunca de una manera cómica estúpida. Siempre añade a sus personajes una profundidad increíble. Por otro lado, me considero muy afortunado de poder contar con Robert Forster. Su personaje tan sólo aparece en un par de escenas, sin embargo tiene suficiente para aportar en ellas peso específico y estilo.

  En su enfoque para dirigir Cleaner, Harlin tenía todo muy preparado antes de impresionar un solo fotograma a través de la cámara. “Para mí, realizar una película exige tanto en su fase preparatoria como en la de rodaje propiamente dicha. Planeo mis tomas con la máxima atención. Para esta película, he querido definir un look y un feeling que fueran muy uniformes y generaran un mundo en el que el público pudiera adentrarse y sentirse parte integrante del mismo, que le resultara auténtico, aunque no sea sólo realidad filmada. Al mismo tiempo, también quería que fuera estilizado”.

  Tanto Harlin como Jackson se pusieron en contacto con una empresa especializada en el tipo de servicio que ofrece el personaje de Jackson en el film. “Quería recurrir a una auténtica empresa de limpieza de las escenas de crimen y observar qué hacen y cómo operan” —comenta Harlin—. “Por fortuna, nos topamos con un sello llamado Steri-Clean, de California. Nos recibieron muy bien y permitieron que observáramos cómo trabajan, además de mostrarnos sus archivos y fotografías. Al principio, aquello era bastante horrible, pero luego te acostumbras y te das cuenta de que para ellos sólo es trabajo. Por medio de esta investigación aprendimos mucho acerca de la metodología usada, cómo se limpian esas escenas y qué es lo que pasa por sus cabezas. Fueron muy generosos con todas las personas de producción que recurrieron a ellos en busca de asesoramiento, y acabamos por usar el nombre de su empresa en la película”.

  Para el guionista Aldrich fue una auténtica satisfacción comprobar que esos profesionales aprobaban su labor tras un pormenorizado examen de la misma. “Aunque nunca he asistido a una auténtica ‘sesión de limpieza,’ vi todas las fotografías y obtuve mucha cooperación por parte de ellos en lo referente a procedimientos. Estaba literalmente aterrorizado cuando leyeron por primera el guión con miras a hallar los errores. Me preocupaba tener que rescribir todo el proyecto, pero dijeron que lo habíamos conseguido”.

  La preparación del film por parte de Harlin también incluía largas discusiones con el director de fotografía Scott Kevan acerca del aspecto físico de la película. “Buscaba una paleta de colores muy controlada, de colores apagados” —explica el director—. “Quería esa sensación urbana de cielos encapotados y lluviosos. No quería un total desproveimiento de color, sino unos tonos controlados del modo en que aparecen en el film”.

  “Renny y yo hablamos acerca de cierta sensación de vigilancia que él deseaba tuviera el film” —añade Kevan—. “Tuvimos presentes algunas películas ya clásicas como Chinatown (Cinatown, 1974) y La conversación (The Conversation, 1974), en cuanto a ciertas características voyeuristas que esas cintas poseen. Sabíamos que queríamos rodar a través de muchas ventanas, haciendo uso de lentes de focal larga en nuestro progreso de la historia con la esperanza de lograr que el público experimentase la sensación de que Tom está siendo vigilado de modo cada vez más estrecho”.

  “La cámara no cesa de evolucionar” —comenta Harlin—, “y cada toma nos empuja hacia adelante sin parar. Mi intención está en sumergir al público en el mundo de Tom, que resulta extremadamente ordenado, muy simétrico, muy perfecto y mesurado. Cuando las cosas comienzan a escapar a su control, el estilo de la cámara cambia y hacemos uso de focales más largas, ángulos oscuros y cámaras al hombro. Se alberga la esperanza de que el estilo de fotografía y el montaje contribuyan a lo que hacen la historia y los actores con miras a que se tenga la sensación de que los acontecimientos corren cada vez más cerca del borde del precipicio, en lugar de devenir tranquilizadores, inofensivos y controlados, tal y como se presentan al inicio de la historia”.

  La preparación de Harlin para el film contiene asimismo el uso de storyboards para cada una de las escenas y planos que ha ideado, lo que le ha resultado de la mayor ayuda tanto en lo referido a la producción en sí como con los actores. “Renny ha madurado a lo largo de todo este tiempo en que he ido trabajando con él, desde el principio hasta ahora mismo” —nos dice Jackson—. “Se trata de alguien organizado en extremo, y sus días son un combinado nada frecuente de eficiencia y diversión”.

  La suma de su gran preparación y de la confianza plena que deposita en sus actores hace que Harlin a menudo no necesite más que un par de tomas para muchas de las escenas.

  “En mi calidad de actor, rodar de ese modo hace que te mantengas con el espíritu elevado” —comenta Ed Harris refiriéndose a la experiencia—. “Renny trabaja con dos cámaras la mayoría del tiempo, lo que es fenomenal. Eso te mantiene fresco al saber que no vas a estar esperando horas y horas entre toma y toma, que es lo más frecuente en este oficio”.

  Harlin da por sentado que los actores van a ser capaces de hacer que las cosas evolucionen a buen ritmo. “Me encanta trabajar con Sam porque se trata de todo un profesional. No es un actor del método en el sentido que no precisa estar todo el tiempo metido en la piel del personaje, pero cuando la cámara comienza a rodar se convierte en el personaje con todos los matices imaginados y dispuesto para el máximo rendimiento. Por otro lado, tener la oportunidad de dirigir a Ed Harris ha sido extraordinario. Se presenta ya preparado, y abierto a sugerencias, al tiempo que procura ayudar en todos los aspectos del proceso. Llevo años admirándole, y ver a Ed y Sam actuar juntos ha sido algo indescriptible”.

  Pese a la dureza de tono de la historia, y el trabajo duro que comporta, Harlin se ha asegurado de que su equipo técnico sea reconocido por sus contribuciones al proceso. “Mi concepto de realización connota una labor dura. Constituimos un grupo voluminoso de gente que debe convivir durante algunos meses para la consecución del film, que trabaja doce horas al día en localizaciones alejadas de nuestras respectivas familias. Tiene que ser divertido; no puede ser simplemente un trabajo. Si no nos lo pasamos bien yendo al plató y estando juntos, entonces ¿qué motivo habría para hacer el film? Trato de generar un ambiente en el que nos sintamos motivados; trato de hacer de la experiencia algo con sentido para que todo el mundo participe en el proceso”.

  Con este propósito, el director y su montador montaron juntos varias escenas y las mostraron a todo el equipo técnico para permitirles que comprobaran los resultados de su trabajo. Además, al final del rodaje de cada día, Harlin elegía a un miembro del equipo técnico y le regalaba una botella de champaña como prueba de reconocimiento por su contribución.

  Con el reparto y el equipo técnico plenamente motivados, Harlin estuvo en disposición de finalizar su película un día antes de lo previsto, siendo el último día de rodaje el de su cumpleaños. “Para mí, fue un gran regalo poder acabar un día antes, aunque el hecho dejara un rastro agridulce debido a que había sido un experiencia muy divertida. Es un film bello; uno que llevaba mi vida entera soñando poder hacer”.

  Para Harlin, la experiencia entera ha superado con creces las expectativas depositadas en el momento de acercarse al proyecto. ”Cuando leo un buen guión, inmediatamente veo el film desplegarse en mi cabeza a medida que voy pasando páginas. Quería que este film fuera bello, emotivo y auténtico. Creo que, más aún si cabe, se trata de una cinta que ha resultado ser mucho más de lo que yo creí que alcanzaría a ser. Espero que el público tenga la misma experiencia cuando la vea”.