Estreno en España: 8 Mayo 2009

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Sinopsis

El destino de la galaxia está en manos de dos encarnizados rivales nacidos en mundos muy diferentes. Uno, James T. Kirk (Chris Pine), es un joven granjero de Iowa, amante de las emociones fuertes, un líder nato en busca de una causa. El otro, Spock (Zachary Quinto), se ha criado en el planeta Vulcano, y es un marginado debido a su origen medio humano, lo que le hace vulnerable a la emociones volátiles sin las cuales los vulcanianos han vivido desde hace mucho, y que es sin embargo un ingenioso y decidido estudiante que llegará a convertirse en el primero de su especie admitido en la Academia de la Flota Estelar. Kirk y Spock no pueden ser más diferentes. Pronto se verán compitiendo con todas sus fuerzas para estar entre los pocos elegidos para formar parte de la tripulación de la nave espacial más avanzada que se haya creado jamás: la nave USS Enterprise. La tripulación está al mando del capitán Christopher Pike (Bruce Greenwood). Junto a él están el oficial médico de la nave, Leonard “Bones” McCoy (Karl Urban); el hombre que llegará a convertirse en el ingeniero jefe, Montgomery “Scotty” Scott (Simon Pegg); la oficial responsable de las comunicaciones, Uhura (Zoë Saldana); el veterano piloto Sulu (John Cho); y el chico prodigio de 17 años Chekov (Anton Yelchin). Todos ellos se enfrentarán a una primera experiencia desgarradora que pondrá a prueba la lealtad, la camaradería, el valor y el buen humor que les unirán para siempre. En medio de todo, Kirk y Spock tendrán que enfrentarse cara a cara con un destino inevitable: la necesidad de forjar una insólita pero sólida alianza, que les permita llevar valientemente a su tripulación hasta donde nadie ha llegado jamás.

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Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

Bueno, bueno, bueno… Debo hacer un par de salvedades antes de iniciar esta crítica. Hay dos polos concretos que cubren este film: La extensísima y potente franquicia de Star Trek, y J. J. Abrams. Aclaración para los lectores (especialmente para los trekkies, que abundan por todos lados): Nada más lejos de mi conocimiento que el mundo de Star Trek, en mi retina no se encuentra ninguna imagen de sus muchas series y películas, más allá de las imágenes que uno comparte con cualquier espectador conocedor de la cultura popular occidental. Con respecto al otro polo, apenas vi algunos capítulos de Felicity y jamás vi un solo capítulo de Arias y Lost (series creadas por Mr. Abrams, la última, hoy tan exitosa como generadora de un culto propio, al igual que la primera Star Trek), y Cloverfield, su película anterior, no solo no me gustó, sino que me hizo pensar un futuro absolutamente desalentador para el cine como lo conocemos hasta ahora, aparentemente destronado por la horrenda y masificadora imagen hogareña. Por un lado, hago estas salvedades para evitar cualquier paliza por parte de algún trekkie que espere una crítica comparativa, que analice esta precuela dentro del vasto universo que despliega la saga. Por otro lado, aclaro esto para reconocer mi error. No reniego que Cloverfield me haya despertado un debate en torno al empleo abusivo de la pobre calidad de las cámaras de video digital, pero con Star Trek, Abrams se redime por completo. Por los motivos que ya aclaré, no voy a hablar mucho de esta como una entrega más de la franquicia, sino en todo caso como el inicio mismo de la saga, ya que de eso se trata en términos narrativos. Lo cierto es que, independientemente de si los adoradores de la serie ven colmadas sus expectativas con esta nueva entrega, Abrams les regala esta película a los espectadores como yo, a quienes no siguieron los productos originales, especialmente a las nuevas generaciones, que desconocen las dimensiones de este culto popular. Con esta nueva entrega, Abrams rebautiza con todas las letras la saga. Su película se llama simplemente Star Trek, porque precisamente el origen no requiere de títulos especiales. Abrams, pudiendo convocar, dentro de las enormes dimensiones de estas producciones, a cualquier estrella de Hollywood, elige llenar el elenco de ilustres desconocidos, volver irreconocibles a Eric Bana y Winona Ryder, y hacer que el único rostro identificable sea el de Simon Pegg (en un personaje cómico que, afortunadamente, no desentona). A fin de cuentas, ¿no fue con dos ilustres desconocidos de aquel momento con quienes se inició esta saga hace cuarenta años? Para los trekkies y no tan trekkies, Abrams nos presenta al gran Leonard Nimoy. Mientras otro director hubiese utilizado a aquel protagonista para un simple cameo, Abrams le regala un papel destacable en la trama como el Spock del futuro que viene a contarle al Capitán Kirk la historia de amistad que lo unirá con él luego de su circunstancial rivalidad. Mientras en otras películas (incluso en otras de ciencia ficción), la aparición del Spock del futuro hubiese hecho ruido y molestado dentro del verosímil de la trama, en Star Trek la licencia narrativa es ley, sencillamente porque en su universo todo es posible, por lo que su aparición enriquece directamente el sentido épico de la historia. Antes dije que Abrams se redime por completo. Lo cierto es que, pudiendo hacer algo responsable y digno con la histórica saga, decide ir a por más. Y lo que hace es puro cine. Su versión de Star Trek esta plagada de luces y lucecitas, y es tan luminosa como iluminada de principio a fin. Abrams recoge el guante de la serie, y no busca aggiornarla, le rinde sus más sinceros respetos y honores a la saga, y demuestra con suma facilidad el importante papel que cumple en la historia de la ciencia ficción audiovisual. ¿Cómo lo logra? Con tanto sentido épico como sensibilidad. Star Trek es una historia de paz, de personas que, mientras conquistan nuevos mundos, buscan conciliar a las especies en conflicto. Pero antes que eso, es una tragedia, es el retrato de planetas y culturas que se destruyen por completo, y seres que deben reponerse a perder su pasado y apostar a un futuro. Tal es el caso de Spock, un ser que se debate entre su lado humano y su lado vulcano, entre su lado sensible y su lado racional, y que, en la escena más emotiva de la película, ve implosionar el planeta de su padre, ve perder la historia y la cultura heredadas de su padre, a la vez que pierde físicamente a su madre. En el cabizbajo Spock, destrozado por su necesidad de imponer la razón al dolor por la muerte de su madre y la pérdida del mundo de su padre, y en la propia destrucción del planeta, se sintetiza todo el universo sensible de Star Trek. Solo esos dos aspectos, y la rivalidad de personalidades entre el conflictuado Spock y el arrogante y rebelde Kirk, pueden más que toda una galaxia. Desde ya que esta versión se beneficia de los efectos digitales, naturalmente aprovecha las enormes ventajas técnicas que hoy se propagan por todo el cine, y que representan la diferencia visual principal con el Star Trek inicial, pero Abrams sabe que lo esencial no pasa por lo técnico. Que unos brillos, unas luces, pueden más que todo el despliegue galáctico, y que un complejo duelo de caracteres puede fortalecer mucho más una película que todo el derroche visual que uno pueda imaginar. En plena era digital, Star Trek es tan rimbombante como artesanal, y su enorme sensibilidad no sabe de la gelidez robótica de tantos otros relatos fantásticos. Abrams sabe, y mucho, de tanques, de superproducciones, y de obras de culto, pero más sabe de cine, y con su visión de Star Trek esto queda más que claro. A fin de cuentas, su entretenidísima y conmovedora Star Trek nos viene a decir que la desolación, el dolor, puede representarse tanto en un hombre abatido, como en un planeta reduciéndose al tamaño de un punto, en medio de la inconmensurable galaxia.   

 

Lo mejor de la película: Su sentido de la épica y la sensibilidad dentro de la ciencia ficción, y sus enormes valores cinematográficos para refundar tamaña franquicia.

Lo peor de la película: El simple hecho de que el 90 por ciento de las películas de este género, nos entregan como mucho el 10 por ciento de lo que entrega esta, y que muy probablemente no haya muchos otros directores americanos capaces de encarar como Abrams semejante desafío, con tanto talento.

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Dirección: J.J. Abrams.
País:
USA.
Año: 2009.
Duración: 126 min.
Género: Acción, ciencia-ficción, aventuras.
Elenco: Chris Pine (James T. Kirk), Zachary Quinto (Spock), Leonard Nimoy (embajador Spock), Eric Bana (Nero), Karl Urban (Leonard «Bones» McCoy), Bruce Greenwood (capitán Christopher Pike), Zoë Saldana (Uhura), Simon Pegg (Montgomery «Scotty» Scott), John Cho (Sulu), Winona Ryder (Amanda Grayson), Anton Yelchin (Pavel Chekov), Ben Cross (Sarek), Jennifer Morrison (Winona Kirk), Rachel Nichols (Gaila).
Guión: Roberto Orci y Alex Kurtzman; basado en la serie «Star Trek» creada por Gene Roddenberry.
Producción: J.J. Abrams y Damon Lindelof.
Música: Michael Giacchino.
Fotografía:
Dan Mindel.
Montaje: Maryann Brandon y Mary Jo Markey.
Diseño de producción: Scott Chambliss.
Vestuario: Michael Kaplan.
Estreno en USA: 8 Mayo 2009.

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Biofilmografía de J. J. Abrams

Jeffrey Jacob Abrams (también conocido como J. J. Abrams) (n. 1966) es un productor, escritor, actor, compositor y director de cine y televisión estadounidense.

Nació el 27 de junio de 1966 en Nueva York y se crió en Los Ángeles (California). Estudió en el Sarah Lawrence College en Bronxville, Nueva York.

 

Filmografía

    * 2009: Star Trek XI.

    * 2008: Anatomy of Hope (serie de televisión).

    * 2006: Mission: Impossible III

    * 2004: Lost (Perdidos, Desaparecidos).

    * 2001-2005: Alias (serie de televisión).

    * 1999: Felicity (serie de televisión).

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CÓMO SE HIZO «STAR TREK (2009)»

1. El proyecto

  En sus más de 40 años de historia, la cual ha impactado en varias generaciones, “Star Trek” se ha labrado un estatus icónico en la moderna cultura pop como la única historia en curso que resume todo el miedo, el asombro y la audaz valentía del deseo humano de llegar hasta las estrellas. Con las inolvidables palabras del principio de la serie original de televisión de los años sesenta, “El espacio, la frontera final”, se emprendieron una serie de viajes por el cosmos que celebraban, y aún lo siguen haciendo, la emoción de la aventura, el espíritu pionero de exploración y la voluntad de crear un futuro cada vez más asombroso y lleno de posibilidades. Los valientes y provocativos viajes de la Nave Espacial Enterprise, y de las muchas naves que pronto seguirían sus pasos, han seducido al soñador estelar que todos llevamos dentro, y dado alas a nuestra esperanza en que los avances tecnológicos y culturales sacarán a relucir lo mejor de nuestra humanidad. La serie original de televisión no tuvo un gran éxito cuando se emitió, pero después se extendió como un reguero de pólvora entre las legiones cada vez más numerosas de fans que respondieron a sus irresistiblemente divertidos, carismáticos y polémicos personajes y a su misión de cinco años para asociarse amistosamente con nuevos mundos y culturas. Pero, ¿cómo comenzó esa misión? ¿Qué unió a este variopinto grupo de desenfadados, brillantes y ambiciosos jóvenes y les llevó a explorar nuevas fronteras? ¿Y cómo forjaron esa química especial y esa sensación de objetivo común que inspiraría tantos fantásticos descubrimientos y aventuras en los años e incluso siglos siguientes? Para el director J.J. Abrams, volver al principio después de seis series de televisión y diez largometrajes era la única manera de forjar el futuro. Su visión era empezar literalmente desde el principio, comenzando con James T. Kirk y su futuro primer oficial, el ascenso del vulcaniano Spock en la Academia de la Flota Estelar, y su extraordinario primer viaje juntos. Abrams entró en el proyecto con un gran respeto por Gene Roddenberry y por todo lo que “Star Trek” había conseguido al crear un mito arquetípico moderno y un fenómeno de culto. No obstante, también quería llevar la historia hasta donde no había llegado nunca: hacer una película épica de acción con la más moderna tecnología, acerca de dos heroicos líderes cuando eran unos jóvenes en formación.

“Yo era fan de la serie original, aunque nunca fui un trekkie”, dice Abrams. “Sin embargo, me parecía que había algo que aún no se había hecho con ‘Star Trek.’ Ha habido diez películas, pero ésta es la primera vez que en una película se cuenta la historia primordial y fundamental que Gene Roddenberry escribió en 1.966”. Abrams continúa: “Lo que espero de verdad con esta película es que, aunque nunca antes se haya visto nada de ‘Star Trek’, se disfrute de verdad con esta aventura cómica, romántica y llena de suspense, pero que también hace honor al mundo brillante y duradero que creó Gene Roddenberry. Lo más brillante que ‘Star Trek’ aportó al mundo fue una dosis de optimismo, y espero que esta película continúe con esa tradición”.

  Mientras que mucha gente se esperaba un reinicio total por parte de Abrams, a él le ilusionó ir en una dirección inesperada, retrocediendo, por así decirlo, hasta el lanzamiento de la nave Enterprise en el siglo XXIII, algo nunca visto antes. Cuando le llevó la idea de una “historia del origen de “’Star Trek’” al productor Damon Lindelof, con quien Abrams (en unión también de Jeffrey Lieber) creó el fenómeno televisivo contemporáneo “Perdidos”, el productor se sintió atraído al instante por la idea. Lindelof explica: “Para mí, era genial la idea de que nadie hubiera contado la historia del origen de Kirk y Spock y de todos esos personajes. Tuvimos una larga conversación acerca de cómo se podría haber reunido ese grupo de gente y aprendido a sacrificar ciertos aspectos de su personalidad para salir adelante. Fue muy divertido y, en un abrir y cerrar de ojos, Bob Orci y Alex Kurtzman estaban escribiendo un guión”.

  Fan de “Star Trek” desde la infancia, Lindelof cree que las premisas y los personajes de la historia continúan siendo relevantes después de tanto tiempo porque captan algo esencial del mito del viaje espacial: su puro optimismo. “La mayoría de las historias sobre el futuro lejano que vemos ahora son lóbregas, deprimentes y pesimistas. Lo increíble de la serie inicial de televisión de ‘Star Trek’ es que era muy energética, optimista y genial. Presentaba el futuro de la forma en que nos gustaría creer que iba a suceder. Es un futuro que constituye un objetivo”.

  Ese concepto, según él, hacía muy buena pareja con el estilo exuberante de narrativa de Abrams, centrada en la acción y los personajes. “J.J. le aporta innovación a todo lo que hace, y además aporta una capacidad para pergeñar una historia hasta en sus elementos más humanos, y transformar retos de producción extremadamente complicados en algo que atrajese a la gente, y hacía falta todo eso para regresar al principio de ‘Star Trek’ con la tecnología cinematográfica actual”, dice Lindelof.

  El productor Bryan Burk, quien también colaboró con Abrams en “Perdidos”, Alias” y “Cloverfield”, añade: “Imaginábamos este ‘Star Trek’ como una aventura verdaderamente grande acerca de dos hombres muy diferentes cuyo destino no sólo es convertirse en grandes amigos, sino en icónicos guardianes, compañeros y exploradores”.

  El productor ejecutivo Jeffrey Chernov, que supervisó la cadena de producción, concluye: “La película se convirtió para mí no sólo en una mirada fresca sobre el universo ‘Star Trek’, sino en una especie de mezcla entre ‘Elegidos para la gloria’ y la película original de ‘La guerra de las galaxias’. Tiene esa narrativa fresca, imaginativa e intergaláctica, pero también se basa mucho en el concepto de unos hombres y mujeres jóvenes con mucho corazón y camaradería. Cuando a eso se le añade la maestría de J.J. para la acción y su gusto por la panorámica, se consigue algo muy divertido y entretenido”.

  Los personajes de Star Trek”,sobre todo el capitán James T. Kirk y su leal pero polémico primer oficial Spock, están entre los personajes más inmediatamente reconocibles creados en el siglo XX. Pero J.J. Abrams necesitaba escritores que pudieran tomar a esas personalidades bien definidas y darles marcha atrás, para volver a lo que forjó sus esperanzas, sueños y motivaciones al principio.

  Para conseguirlo, Abrams recurrió a un equipo que él sabía que podría acometer la historia con un estilo de acción con mucha intensidad y suspense, y con una auténtica fidelidad a ese legado: Roberto Orci y Alex Kurtzman, cuya colaboración ha producido guiones memorables para películas como “Transformers”, “Misión: Imposible III” y la actual serie de FOX “Fringe”. Orci, en concreto, ha sentido pasión toda su vida por todo el mundo de Star Trek. “Cuando conocí a Bob en el instituto, una de las primeras cosas suyas que recuerdo es que tenía un teléfono del Enterprise, ¡y el puente sonaba como un timbre de verdad!”, dice Kurtzman riendo.

  Y sin embargo, cuando les propusieron lo de “Star Trek”, ambos admiten que no se lanzaron inmediatamente. “Nos lo pensamos porque sabíamos que iba a ser una tremenda responsabilidad”, explica Kurtzman. “Todo el universo Trek estaba como en una especie de encrucijada en ese momento, y sabíamos que haría falta pensar mucho para conseguir atraer a la siguiente generación. Los retos eran un poco amedrentadores. Pero cuando a uno le da miedo hacer algo, creo que al mismo tiempo siente que es un desafío personal al que hay que enfrentarse. Tras nuestras vacilaciones iniciales, empezamos a hablar de ello con J.J. y entonces simplemente decidimos unirnos y meternos en ello”.

  Lo hicieron con la férrea determinación de continuar con el espíritu de la visión de Gene Roddenberry acerca de un futuro luminoso. La pareja comenzó haciendo una lista de los mayores y más universalmente reconocibles atributos de “Star Trek”. Orci explica: “Esa lista incluía la idea de un grupo de amigos que se unen, la forma en que cada personaje parece cálido, humano y real, el uso de auténtico humor, no de parodia ni ironía, que surge de las situaciones reales, y además una historia que hace pensar y que es auténtica ciencia-ficción, no una fantasía imposible, sino una visión del futuro que podemos llegar a alcanzar los humanos”.

  Kurtzman continúa: “Había también algo que queríamos captar y que es muy específico de Star Trek’: hombres y mujeres respondiendo al desafío de quiénes son como personas, por el método de enfrentarse a lo que parecen ser problemas irresolubles. Parte de lo irresistiblemente divertido de la serie original era ver cómo esas personalidades increíblemente inteligentes e intrigantes trabajan juntas y llegan a dar lo mejor de sí mismos. Nos pareció que, si podíamos tomar ese espíritu y darle unos nuevos cimientos, se podría hacer avanzar la herencia de ‘Star Trek’ con esta película”.

  Partiendo de esa base, Orci y Kurtzman estaban entusiasmados por la ocasión de hacer cosas nuevas: imaginar la juventud, nunca antes vista, de Kirk (Chris Pine) y Spock (Zachary Quinto), y su conversión en amigos y líderes, y elaborar la primera misión de la nave Enterprise.

  Explorar cómo eran Kirk y Spock de adolescentes ayudó a los escritores a llegar hasta la raíz de lo que los ha hecho tan consistentemente atractivos: la idea de dos hombres completamente opuestos encajando firmemente y embarcándose en una peligrosa misión de un modo en el que ninguno de los dos podría haberlo hecho por separado. Dice Kurtzman: “”Era realmente fascinante pensar en el joven Spock, que está literalmente desgarrado entre el mundo humano y el vulcaniano y que, como cualquier niño, intenta imaginarse cómo puede encajar. Eso hace de él un personaje con el que es sumamente fácil identificarse. Era igualmente fascinante pensar en el joven Kirk, que creció siendo un rebelde, a lo James Dean, mientras buscaba su identidad. Cuando se conocen en la Academia de la Flota Estelar, no pueden ser más opuestos en el modo en que conciben la vida, pero también reaccionan a los parecidos que ven en el otro. Una gran parte de este viaje consiste en cómo aprenden a utilizar el uno lo mejor del otro para tomar decisiones de mando que harán que sobreviva la nave Enterprise y el propio universo”.

  Cuando la nave Enterprise es atacada, los estilos de liderazgo de Kirk y Spock van apareciendo gradualmente. Orci explica: “La reglas del deber en una nave espacial provienen de una rica historia de reglas navales auténticas. Todo se basa en el código, el honor y la cadena de mando. Y sí, en ese ambiente, Kirk siempre está buscando la ocasión de romper las normas para ganar, mientras que Spock cree en la lógica de atenerse exclusivamente a las órdenes. Ese es el principal motivo de discusión entre ellos, y uno siente claramente que ambos han de tener razón. No nos gustaría que el uno tuviese razón a expensas del otro. Kirk y Spock se enfrentan realmente a un dilema moral, pero llegan a darse cuenta de que solamente encontrando un modo de trabajar juntos podrán progresar de verdad”.

  Para J.J. Abrams, éste era uno de los elementos fundamentales que había que captar bien. “En un sentido amplio, quería que la película fuese un viaje de los corazones y las mentes uniéndose. La belleza de Kirk y Spock ha radicado siempre en su relación, pero aquí teníamos la oportunidad de explorar no sólo el aspecto divertido y humorístico de esa tensión, sino también cómo llegaron a convertirse en hermanos de armas. Era ver cómo se vieron inmersos en esa aventura que no sólo les puso a prueba, sino que les vinculó de por vida”.

  Las apuestas empiezan a ponerse increíblemente altas para Kirk y Spock a medida que comienzan a entender los propósitos de Nero (Eric Bana), el iracundo y despiadado romulano. Al ser un personaje recién introducido, los escritores emplearon igual cantidad de tiempo en desarrollar a Nero hasta convertirle en un enemigo a la altura de los tripulantes del Enterprise, alguien lleno de trucos, astuto e impredecible. “En la mejor tradición de los villanos complejos, Nero es alguien que siente genuinamente que le han engañado y cree que tiene un motivo válido para vengarse de la Flota Estelar”, dice Orci. “Sus ansias de destrucción van más allá de la política intergaláctica y son algo profundamente personal. Es terrorífico, pero hay algo en él con lo que uno puede identificarse”.

  Para completar el reparto, los realizadores solicitaron a uno de los miembros originales de la tripulación, el legendario Leonard Nimoy. “Nos pareció que tenía que estar en la película a toda costa. Le escribimos uno de los personajes principales sabiendo que podía decir que no y ponernos en un aprieto”, dice Orci. “Y entonces, cuando nos reunimos con él, fue como si nos tocara el gordo. No nos podíamos creer nuestra buena suerte. El mero hecho de contar con su aportación era un auténtico estímulo”.

  “Queríamos a Leonard porque deseábamos tener ese enlace con el canon de ‘Star Trek’”, explica el productor Lindelof. “Pero era un gran riesgo acudir a Leonard Nimoy, porque había dicho que nunca volvería a hacer otro ‘Star Trek’”.

  A medida que se adentraban en el meollo de la historia, el profundo conocimiento de Orci de las decenas de volúmenes sobre las tradiciones Trek supuso una gran ventaja. “En lugar de tener que buscar las cosas en un libro, teníamos la libertad de imaginar argumentos geniales y de jugar con ellos sin preocuparnos de si estábamos reflejando bien los detalles”, dice Orci. “Pero, aunque siempre tuvimos muy claro que queríamos escribir una historia que atrajese a todo el mundo, también queríamos satisfacer a los fans de toda la vida y recompensar su fidelidad a la saga. Para nosotros, era muy importante que incluyese en su propio tejido y estructura todo lo que la había precedido. Hicimos listas de cosas que estábamos seguros que la gente querría ver: un miembro de la tripulación con camiseta roja, una chica verde de Orión, Spock tocando el arpa, la clase de cosas que emocionarían a los fans y gustarían también a la gente que no conocía estas aventuras”.

  Siempre que había alguna duda acerca de las reglas de la Flota Estelar o de la historia de alguna raza alienígena, los escritores no dudaban en consultar con las legiones de trekkers que sienten pasión por averiguar las respuestas a esa clase de preguntas. “Los fans han sido los auxiliares de vuelo de esta saga durante las últimas cuatro décadas, y son también de los fans más inteligentes del mundo”, dice Orci. “Así que, si surgía alguna duda, sabíamos que cualquier fan que se preciase conocería la respuesta. Y así era”.

  Los escritores se apoyaron además en los conocimientos del investigador Sean Gerace, quien se aseguró de que nada en “Star Trek” entrase en conflicto con el largo futuro de la Flota Estelar ya descrito en las películas y en series como ‘La Nueva Generación’ y ‘Espacio profundo Nueve’. Gerace se enfrentó a tareas tan inusuales aunque divertidas como redactar un informe detallado sobre la mitología romulana. También vio los 79 episodios de la serie original y todas las películas, tomando notas detalladas de las historias personales y de los matices de cada personalidad. Los realizadores se interesaron especialmente por ‘La ira de Khan’, considerada generalmente como la más estimulante emocionalmente de la serie de largometrajes anteriores.

  A medida que Orci y Kurtzman se acercaban a un borrador acabado de “Star Trek”, contaron también con mucho apoyo por parte de Abrams y de los productores, que estaban listos y dispuestos a debatir los matices de los personajes y el desarrollo de la trama en cada giro. “Trabajar en el guión con Bob y Alex y el equipo de productores fue un cómodo intercambio de ideas”, dice Abrams. “Lo que fue genial era que todos teníamos diferentes grados de experiencia y conocimientos. Bob Orci era un trekker total, que conocía cada detalle y que también sabía si los fans se iban a disgustar si hacíamos tal cosa, mientras que Bryan Burk ni siquiera había visto la serie original y se aproximó a la historia con esa perspectiva. Eso nos permitía a cada uno de nosotros tener una opinión única en cuanto a lo que iba a funcionar con diferentes públicos. Era como un sistema de equilibrio y contrapeso, así que sentíamos la emoción de unos recién llegados y sin embargo éramos fieles a todo lo que nos había precedido”.