Estreno en España: 17 Abril 2009

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Sinopsis

Oskar es un chico de 12 años que sufre continuamente el acoso de algunos compañeros de su clase. Su deseo de tener un amigo parece hacerse realidad cuando conoce a Eli, una niña de su misma edad que acaba de mudarse a la casa de al lado. Pero Eli es una niña misteriosa: es muy seria, sólo sale por las noches y aparentemente no le afectan las temperaturas heladas. Una serie de desapariciones y asesinatos inexplicables coinciden con la llegada de la chica.

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Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

Con el cine de terror me sucede me sucede algo muy particular. Varios años atrás, tenía un marcado prejuicio hacia el género. Por un lado, por el simple efecto de “asustar” que hace a una película más o menos eficiente, y que vendría a justificar su realización. Siempre me pareció que reducir una película a un mero efecto es un concepto idiota, pero dado que este efecto hace al género, el preconcepto hacia la totalidad de ese cine estaba servido en bandeja. A medida que uno se introduce en la historia (con minúscula y mayúscula) del cine, los géneros quedan a un lado y las películas son las verdaderas reinas de la enciclopedia. De ahí que comencé a observar el cine de terror como un género que puede ofrecer grandes películas, siempre que, como toda gran película, supere los límites del universo genérico, potenciando al máximo los recursos cinematográficos de los que se vale para narrar. ¿A qué viene todo esto? Recientemente vi otro film de terror que no tiene absolutamente nada que ver (ni por recursos, ni por origen) con este, The broken. En aquella crítica destacaba que The broken se vale de los recursos más trillados del cine de terror americano para asustar de la forma más genuina, con una evolución tan paulatina como efectiva del suspenso. Quizás se parezca a Déjame entrar (extrañamente, este título hispano establece un punto de vista exactamente opuesto al título original, traducido en inglés como Let the right one in, o Deja que entre el indicado) en la lenta evolución de la trama. La diferencia principal en cuanto al efecto del género, es que Déjame entrar no asusta, genera un terror permanente y progresivo. Lo extraño aparece de entrada, con un hombre desangrando a otro en una zona boscosa. Pero lo que hasta ahí podría tomarse como una escena cualquiera de una película de terror, tiene su contracara en la descripción de la vida opresiva de Oskar, un adolescente que vive siendo objeto de constantes humillaciones por parte de sus compañeros. Oskar conoce una noche a una extraña adolescente, de la que terminará enamorándose perdidamente, y quien lo incita a defenderse del acoso y la violencia permanente de sus compañeros. Oskar, que solo tiene como referente adulto a una madre que aparece esporádicamente en escena aunque vive con él, comienza a dejarse llevar por ese amor complejo y cargado de las mieles propias del amor adolescente, pero esas mieles no tardarán en mezclarse con sangre, lo cual rápidamente llevará a establecer la conexión entre el asesino en el bosque y esta joven. No conviene contar demasiado de la trama para no arruinarla (aunque pocas cosas podrían arruinar este film). Basta decir que, si el reciente y taquillero drama vampírico-adolescente Crepúsculo contaba de un modo naïf y adaptado a la mentalidad adolescente, una relación más telenovelesca que tenebrosa, aquí parecería girar en torno a lo mismo, pero enfatizando el carácter universalmente perverso del adolescente. Para dar un ejemplo claro, en una escena tan fascinante como salvaje, Oskar se hace un tajo en la mano para mezclar su sangre con la de Eli, su joven enamorada. No diremos lo que sucede luego, pero completa de un modo sorpresivo esta perversa situación. En Déjame entrar, la sangre no tiñe la gelidez de la nieve, sino que ambas parecen signos equitativos del progresivo estado de violencia que comienza a encarnarse en el joven Oskar. Y Tomas Alfredson, con un empleo tan dilatado como preciso del tiempo cinematográfico, viene a contestar con altura desde el cine sueco a la imperancia autómata e irreflexiva de recursos sobreutilizados y reiterativos del cine de terror americano. A fin de cuentas, Déjame entrar, mucho más que exponer su efecto inmediato, es un retrato descarnado del carácter pulsional del adolescente, y cuando hablamos de películas como esta, no deberíamos limitarnos a la sintética y limitante frase “es una gran película de terror”, sencillamente “es una gran película”, y nadie, sea o no seguidor del género, debería ignorarla.

 

Lo mejor de la película: Una construcción minuciosa y cruda de la perversidad adolescente, y un tiempo cinematográfico único, que barre los límites del género.

Lo peor de la película: Que el cine americano no aprende nunca de los buenos ejemplos.

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Dirección: Tomas Alfredson.
País:
Suecia.
Año: 2008.
Duración: 114 min.
Género: Drama, terror, fantástico.
Elenco: Kåre Hedebrant (Oskar), Lina Leandersson (Eli), Per Ragnar (Håkan), Henrik Dahl (Erik), Karin Bergquist (Yvonne), Peter Carlberg (Lacke), Ika Nord (Virginia), Mikael Rahm (Jocke), Anders T. Peedu (Morgan), Pale Olofsson (Larry).
Guión: John Ajvide Lindqvist; basado en su novela.
Producción: John Nordling y Carl Molinder.
Música: Johan Söderqvist.
Fotografía:
Hoyte Van Hoytema.
Montaje: Dino Jonsäter y Tomas Alfredson.
Diseño de producción: Eva Norén.
Vestuario: Maria Strid.
Estreno en Suecia: 24 Octubre 2008.

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Filmografía de Tomas Alfredson

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