Estreno en España: 17 Octubre 2008

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Sinopsis

Hay una sociedad oculta al final del mundo. Un millar de hombres y mujeres viven juntos en la Antártida, arriesgando sus vidas y su salud en busca de avances científicos. Ahora, por primera vez, un extraño ha sido admitido. Werner Herzog, únicamente acompañado por un cámara, viaja a la Antártida en busca de los rastros de la naturaleza y la humanidad en estado puro.

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Crítica de Cine.com
por Leo Aquiba Senderovsky

Una dura voz con una cansina pronunciación del inglés nos introduce en la película. Es la voz del maestro Werner Herzog, quien se ocupará de presentarnos su viaje a la Antártida. Herzog, uno de los últimos exponentes del cine con mayúsculas, tiene la entidad suficiente para dirigirnos con su voz en esta maravillosa recorrida por los confines del mundo. Herzog aclara al inicio que no quería hacer otro film de pingüinos, en obvia respuesta al exitoso documental norteamericano La marcha de los pingüinos. Lo suyo va por otro lado. Como en sus obras maestras Aguirre, la ira de Dios, Fitzcarraldo, y tantas otras, a Herzog lo que le interesa es la condición humana frente a la naturaleza, la idea del ser humano frente a una hazaña que desafía sus límites. En este caso, Herzog se pregunta qué es lo que mueve a estos hombres a vivir en una zona tan bella como inhóspita, y a la par que cuestiona a aquellos hombres que, con visos de megalomanía, se internan en esos lugares para satisfacer su ego (como aquel que viaja a la Antártida para cumplir un récord Guiness en cada continente), observa con curiosidad a los científicos que viven y trabajan en el Polo Sur, investigando la forma en que ciertos animales sobreviven bajo determinadas condiciones climáticas, y descubriendo nuevas especies. Herzog filma el día a día de ellos, celebra junto a ellos cada nuevo logro científico, y disfruta con las escenas más cotidianas, como aquella en la que el grupo se cubre la cabeza y cumple una actividad grupal a ciegas, para aprender a orientarse. A cada imagen fascinante, le corresponde lo que se oculta detrás de la cámara, decenas de científicos, biólogos y oceanógrafos observando la escena y estudiándola al detalle. A la secuencia de los pingüinos (la única de la película), con la poderosa imagen final del pingüino extraviado caminando hacia las montañas, dirigiéndose a una muerte segura, le corresponden los comentarios del solitario investigador que carga con el mito de no comunicarse habitualmente con otros humanos. Con la secuencia del volcán ocurre lo mismo, a Herzog le importa más la forma en que el volcán o cualquier elemento de la naturaleza afecta a quienes abandonan la civilización para observar y estudiar determinado elemento, que el elemento natural en sí. Más allá la imponente belleza de las imágenes y de su siempre presente discurso, Herzog convierte su documental en una experiencia única gracias a colocarse en el lugar más ingenuo posible, gracias a la enorme cantidad de preguntas que disparan sus imágenes, y gracias al grupo de seres humanos que son retratados por la inquieta cámara del maestro alemán y que, muchas veces sin saberlo, accionan como héroes, desafían la naturaleza y su propia condición, en busca de todas las respuestas que aquejan a Herzog, y a cualquier ser humano que no habita en este espacio en blanco.

Lo mejor de la película: La mirada de Herzog sobre las personas que viven y trabajan en la Antártida.

Lo peor de la película: Que muchas imágenes bellísimas están condimentadas con música clásica que alimenta su tono épico, lo único de este documental que parece demasiado visto anteriormente.

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Dirección y guión: Werner Herzog.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 99 min.
Género: Documental.
Producción: Henry Kaiser.
Música: Henry Kaiser y David Lindley.
Fotografía:
Peter Zeitlinger.
Montaje: Joe Bini.
Estreno en USA: 11 Junio 2008.

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Biofilmografía de Werner Herzog

Werner Herzog, nacido Werner Stipetic (Múnich, 5 de septiembre de 1942), es un director, documentalista, guionista, productor y actor alemán.

Nació en Múnich, pero pasó toda su infancia en un pueblo de las montañas de Baviera. Creció sin radio ni cine, en pleno contacto con la naturaleza, alejado del mundo. Según él mismo afirma, no tuvo conocimiento de la existencia del cine hasta los doce años, la misma fecha en la que vio por primera vez un coche. A los 17 años hizo su primera llamada telefónica.

A los trece años lo llevaron a Múnich para que iniciara sus estudios secundarios. Su familia se alojó provisionalmente en una pensión donde, casualmente, se alojaba Klaus Kinski, (n. 1926), actor que en un futuro sería clave en su carrera cinematográfica. Kinski ni reparó en el Herzog de trece años, pero el futuro director sí lo hizo con el singular actor.

Durante su adolescencia, pasó por una etapa de gran fervor religioso, llegando a convertirse al catolicismo, lo que le provocó discusiones con sus parientes, que eran ateos convencidos. Por esta época también empezó a realizar sus primeros largos viajes a pie. Hacia los quince años atravesó Europa, desde Múnich hasta Albania. También hizo a pie el viaje que lo llevó a Grecia.

Hacia los 17 años decidió dedicarse al cine. Para pagarse sus películas, trabajó en diversos oficios, que combinaba con sus estudios secundarios y más tarde universitarios. Inició estudios de Historia, Literatura y Teatro en Múnich. Hacia 1960 obtuvo la beca Fulbright para el Seminario de cine de la Universidad de Duquesne, en Pittsburgh (Estados Unidos). A pesar de participar en seminarios universitarios de cine, nunca estudió en ninguna escuela ni tampoco trabajó como asistente de ningún director; su formación fue completamente autodidacta. En Estados Unidos combinó de nuevo sus estudios con diversos trabajos, como soldador en una fábrica o aparcacoches, para ahorrar dinero. En 1962, a los veinte años, fundó su productora de cine, Herzogfilmproduktionen. Al año siguiente inició el rodaje de su primer cortometraje, Herakles, al que seguirían Game in the Sand (1964), Last Words (1967) y The Unprecedented Defence… (1967).

Tras esta primera etapa de formación en el cortometraje realizó su primer largometraje, Lebenszeichen (Señales de vida), subvencionado por el Instituto de Cine alemán, que buscaba promocionar a nuevos cineastas. La película ganó el Premio de Cine Alemán (Deutscher Filmpreis). A partir de aquí Herzog inició una carrera singular, que ha combinado la filmación de largometrajes, documentales, dirección de ópera, actuación y redacción de guiones. Werner Herzog sigue en activo en la actualidad.

Fundador del denominado Nuevo Cine Alemán junto con otros cineastas como Rainer Werner Fassbinder, ya en sus primeros cortos, como Herakles o Game in the sand, Werner Herzog dejó clara su preferencia por los antihéroes: personajes de singular personalidad enfrentados a un mundo hostil, para los que la lucha por su supervivencia o por defender sus ideas está siempre abocada al fracaso. Sus personajes se rebelan ante la absurdidad de su vida y su lucha contra esta situación les lleva a la locura, la anulación total o la muerte. Esto quedó plasmado en su primer película, Lebenszeichen, donde un joven soldado alemán destinado a una isla griega durante la Segunda Guerra Mundial enloquece ante la inutilidad de su misión y la imposibilidad de comunicarse con los habitantes de la isla. Su locura se representa en la visión de un millar de molinos de viento que sólo él puede ver.

Cabe señalar también que Werner Herzog no distingue nunca sus películas de ficción y sus documentales. En su obra, ambas vertientes se funden formando una sola. Él mismo afirma que Fitzcarraldo es su mejor documental.[cita requerida]

En la obra de Herzog se pueden distinguir dos tipos de personajes y temas. Por un lado, personajes megalómanos, rebeldes, supervivientes, a menudo sin escrúpulos, enfrentados a un mundo hostil que les vapulea y que no les perdona su originalidad. Sus empresas e ideas están destinadas al fracaso.

Con frecuencia, Herzog se inspira en personajes que existieron realmente, como Aguirre, Fitzcarraldo, Hanussen o Kaspar Hauser, entre otros. En sus documentales, esta premisa también es básica, pues tiene especial interés en presentar personas, grupos de gente o etnias que viven o han vivido situaciones difíciles y que han luchado contra todo tipo de obstáculos para sobrevivir o por alcanzar los objetivos que se habían propuesto.

La música en las películas de Herzog es como un personaje más. Desde sus primeras películas ha colaborado con el grupo Popol Vuh, agrupación de rock progresivo meditativo de su amigo Florian Fricke (a quien conoció durante sus estudios de cine), que le ha confeccionado las bandas sonoras de Aguirre, Fitzcarraldo y Cobra Verde, entre otras. A veces, incluso el propio Herzog ha compuesto algunas piezas para completar la banda sonora de sus películas. Su vinculación con la música le ha llevado a dirigir óperas. Debutó con Tanhaüsser, de Richard Wagner, para el Festival de Bayreuth. Afirma que la música es el arte que más fácilmente llega al ser humano.

Los paisajes son fundamentales en la obra de Herzog. Afirma que más de una de sus películas surgieron de un paisaje, como por ejemplo Signos de vida o Fitzcarraldo. Frecuentemente, las tramas de las películas se encuentran en localizaciones donde la naturaleza es hostil o de una exuberancia sin límites. Esta particularidad se manifiesta tanto en sus largometrajes de ficción como en sus documentales. El esplendor de la naturaleza siempre esconde para Herzog un lado oscuro y frecuentemente maligno para sus antihéroes. Puede decirse que el paisaje es un personaje más de sus historias y tiene un papel fundamental en el desarrollo de la trama.

Aunque huye del cinéma verité, Herzog siempre ha buscado efectos visuales reales en sus filmes. Es decir, no hay efectos especiales. El destartalado barco que en Fitzcarraldo sube por una montaña para pasar de un río a otro, fue realmente transportado e izado por un numeroso grupo de indios, tal y como se ve en la película. Herzog afirma que no busca engañar al espectador: lo que ve es lo que hay[cita requerida]. En Aguirre hizo caminar a los actores por la selva hasta la extenuación para reflejar el verdadero agotamiento que debieron sufrir los conquistadores españoles en su periplo por la selva y el río. Zische, el forzudo judío, está interpretado por Jouko Ahola, quien ganó por cuatro veces el título de El hombre más fuerte del mundo; todas las escenas donde demuestra su fuerza son reales. Para plasmar esto no duda en contar con actores absolutamente amateurs (como Ahola o Bruno S., que interpretó a Kaspar Hauser) o en rodar en los lugares donde sucedieron los hechos que narra la película. En esta búsqueda de realismo, la fusión autor-obra es total. Al igual que sus personajes, que deben luchar contra innumerables contratiempos en empresas casi imposibles, Herzog mismo vive estas situaciones en sus rodajes, que suelen ser particularmente difíciles.

También cabe destacar que en sus películas ambientadas en la selva amazónica o en África hace participar de manera activa a indígenas, que muestran sus costumbres o su idiosincrasia. Suelen tener un papel fundamental.

Filmografía

* Signos de vida (1968).

* También los enanos empezaron pequeños (1970).

* Fata Morgana (1971).

* Aguirre, la cólera de Dios (1973).

* El enigma de Gaspar Hauser (1974).

* Corazón de Cristal (1976).

* Stroszek (1977).

* Nosferatu, fantasma de la noche (1979).

* Woyzeck (1979).

* Fitzcarraldo (1982).

* Donde sueñan las verdes hormigas (1984).

* Cobra Verde (1988).

* Grito de piedra (1991).

* Invencible (2001).

* White Diamond (2005).

* Grizzly Man (2005)

* The wild blue yonder (2005)

* Rescue dawn (2007)

* Encuentros en el fin del mundo (2008)