Estreno en España: 26 Septiembre 2008

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Sinopsis

Berlín, 1942. Bruno, de ocho años, es el hijo mimado de un oficial nazi. Al ascender su padre, la familia se ve obligada a abandonar su confortable casa de Berlín y trasladarse a una zona aislada donde el solitario chico no tiene nada que hacer ni nadie con quien jugar. Muerto de aburrimiento y atraído por la curiosidad, Bruno hace caso omiso a lo que su madre le dice. No debe ir más allá del jardín bajo ninguna circunstancia. Pero él no le hace caso y se dirige hacia la ‘granja’ que ha vislumbrado en la distancia. Allí conoce a Shmuel, un chico de su edad que vive una extraña y paralela existencia al otro lado de una alambrada. El encuentro de Bruno con el chico del pijama de rayas le lleva a adentrarse de la forma más inocente en el mundo de adultos que les rodea.

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Crítica de Cine.com
por Leo Aquiba Senderovsky

Otra película sobre el tema que más contenido narrativo ha generado en el último siglo. El horror de la Shoá se ha plasmado en muchísimos films, muchos de ellos muy loables. Parecería que con cada buena película que trabaje el tema, se renueva la necesidad de seguir indagando en uno de los episodios más negros de la historia de la humanidad. El secreto ideal para «redescubrir» aquello que ya conocemos por muchas otras películas (y que, sin embargo, es necesario seguir conociendo) es toparnos con un nuevo punto de vista desde el cual se cuenta el horror. Hasta hace no mucho, el único punto de vista posible era el de las víctimas. A medida que pasa el tiempo, la historia reciente comienza a leerse con otros ojos, y uno empieza a preguntarse, por ejemplo, cuál fue el comportamiento de la sociedad alemana frente a los campos de concentración y de exterminio. Preguntarse esto es un signo de madurez fundamental para analizar determinados acontecimientos históricos. La historia de El niño con el pijama de rayas está contada desde el punto de vista del hijo de un soldado nazi. La mudanza de la familia a una zona aledaña a un campo de concentración (en el libro se especifica que es Auschwitz), lleva al joven Bruno a preguntarse quiénes son aquellos que trabajan en una «granja» cerca de allí, a qué están jugando, y por qué visten pijamas. La historia se muestra como el reverso exacto de la multipremiada y controversial La vida es bella. Si en aquella el niño encerrado en el campo era estimulado a creer que estaban ante un juego, aquí quien ignora lo que ocurre es quien vive afuera, que no entiende por qué los adultos dicen que los judíos son el enemigo de la nación. La inocencia e ignorancia de Bruno sobre lo que ocurre a su alrededor llega a resultar exasperante, aunque esta situación regala algunos de los momentos más lúcidos del film, cuando Bruno comienza a comprender la realidad en la que se encuentra inmerso. Si bien la película concentra la mirada en el amistoso encuentro entre Bruno y el niño del título (aunque se entiende que este vínculo puede encontrarse mucho más explotado y enriquecido en la novela original), los momentos más valiosos del film son aquellos que consiguen retratar diversas miradas de los propios alemanes sobre el horror nazi. Desde el padre-oficial nazi, hasta la madre, que se indigna ante el horror que la circunda, y ve con malos ojos la adhesión de su hija a las juventudes hitlerianas, incluyendo al teniente que enamora a la hermana de Bruno, mientras oculta el exhilio y la oposición política de su padre. Diferentes posturas se vislumbran con claridad, sin perder de vista la mirada del pequeño Bruno, lo que le da a la película un espesor distinto al resto de films que abordan el tema de la Shoá. Si bien el final sumerge a la propuesta en el más duro golpe bajo, por más que cueste ver cierto regodeo de Mark Herman en el final que John Boyne imaginó para su novela, no resulta fácil pensar otro desenlace para esta historia, y es imposible permanecer indiferente ante el sórdido pero coherente final. Sin embargo, pese a que los últimos minutos del film no estén a la altura del resto de la película, nos encontramos ante un film que, a través de un punto de vista lógico y original a la vez, nos cuenta la misma terrible historia, camuflando desde su particular perspectiva la enorme complejidad de factores que, con inteligencia, se encuentran plasmados en la película. Pensar que la obra original es infantil no hace más que entender y admirar la formidable forma de narrar la Shoá, para que niños y adultos comprendan y no olviden los horrores del pasado.

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Dirección: Mark Herman.
Países:
Reino Unido y USA.
Año: 2008.
Duración: 96 min.
Género: Drama.
Elenco: Asa Butterfield (Bruno), Vera Farmiga (la madre), David Thewlis (el padre), Jack Scanlon (Shmuel), Amber Beattie (Gretel), Richard Johnson (el abuelo), Shelia Hancock (la abuela), Rupert Friend (teniente Kotler), David Hayman (Pavel), Jim Norton (Herr Liszt), Cara Horgan (Maria).
Guión: John Boyne y Mark Herman; basado en la novela de John Boyne.
Producción: David Heyman.
Música: James Horner.
Fotografía: Benoît Delhomme.
Montaje: Michael Ellis.
Diseño de producción: Martin Childs.
Vestuario: Natalie Ward.
Estreno en Reino Unido: 12 Sept. 2008.

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Filmografía de Mark Herman

* Blame it on the Bellboy (1992)

* Brassed Off (1996)

* Little Voice (1998)

* Purely Belter (2000)

* Hope Springs (2003)

* The Boy in the Striped Pyjamas (2008)

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CÓMO SE HIZO «EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS»

1. El proyecto

  The Boy in the Striped Pyjamas (El Niño con el Pijama de Rayas) es una fábula cuya intención es proporcionar una perspectiva única sobre las consecuencias de los prejuicios, el odio y la violencia infligida personas inocentes, particularmente en niños, en tiempos de guerra. A través de los ojos de un niño alemán de ocho años, a salvo de la terrible realidad de la guerra, somos testigos de la amistad prohibida que surge entre Bruno, hijo de un comandante nazi, y Shmuel, un niño judío preso en un campo de concentración. Aunque una alambrada les separa físicamente, las vidas de los niños acaba inevitablemente entrelazada.

«No es necesario decir que una historia de ficción que se desarrolla en el lugar y en el momento del Holocausto siempre levanta ampollas, y cualquier autor que decida escribir sobre este tema debe conocer muy bien cuáles son sus intenciones antes de empezar. Y puede que sea especialmente importante en el caso de un libro escrito para niños», comenta John Boyne, autor del best seller The Boy in the Striped Pyjamas (El Niño con el Pijama de Rayas). «A mí, un escritor irlandés de 34 años, me daba la sensación de que la única manera respetuosa de enfocar este tema era a través de la inocencia; una fábula contada desde el punto de vista de un niño ingenuo que no puede comprender los horrores del entorno en el que vive. Creo que esa inocencia es lo que mejor puede comprender alguien de mi generación en relación al horror de aquella época».

  Boyne continúa: «¿Qué sucede en este lugar?, se pregunta Bruno. ¿Por qué hay tanta gente al otro lado de la alambrada? Puede que sean preguntas sencillas, pero básicamente, ¿no son estas las preguntas que seguimos planteándonos hoy en día? Y puede que ese sea el trabajo de los escritores o de los artistas, seguir buscando respuestas, asegurarnos de que la gente sigue haciéndose preguntas para que nadie olvide nunca por qué tuvieron que formularse una primera vez». David Heyman, el productor de la saga de Harry Potter, llevaba tiempo interesado en la novela THE BOY IN THE STRIPED PYJAMAS (EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS), aunque fue el director y guionista Mark Herman quien compró los derechos del libro. Cuando él y Herman se reunieron y descubrieron que tenían ideas muy parecidas sobre el proyecto, decidieron trabajar juntos. Ambos reconocieron que una historia de ficción contada en el contexto del Holocausto podría ser muy polémica, pero a los dos les apasionaba la idea de llevar a la pantalla una historia dramática convincente y a la vez accesible con un mensaje importante y atemporal. Ambos estaban de acuerdo con Boyne en que cualquier intento de dilucidar el lado oscuro de la época nazi para las nuevas generaciones era tan legítimo como necesario: Nadie debería olvidar la historia ni repetirla.

  «Cuando leí el libro, me imaginé inmediatamente la película», afirma Mark Herman. «Pero también pensé que iba a ser muy complicado ya que se trataba de un material muy sensible».

  «Uno de los personajes de Graham Greene dice que el odio es falta de imaginación», cuenta David Heyman. «Yo creo firmemente en ello, y también creo que la magnitud del Holocausto, toda la barbarie, el número de muertos, las vidas destrozadas… todo eso es imposible de medir, porque las cifras son realmente inconcebibles. Si intentas explicarle a un niño lo que ocurrió en una época no tan lejana, las cifras son demasiado elevadas para que lo entienda. Creo que John Boyne ha encontrado una manera increíblemente emotiva y efectiva de abordar el tema centrando su historia en dos niños y una familia».

  Heyman continúa diciendo: «Me atraen mucho las historias profundamente humanas, y ante todo esta es una historia humana. Aunque es una historia del Holocausto que se desarrolla en Alemania en la década de 1940, para mí, esta historia es intemporal. Con todos los conflictos que vivimos hoy en día, tanto en Ruanda, Somalia, Palestina, Israel, Darfur, Zimbabwe o Irak, me parece que esta historia es tan relevante ahora como en cualquier otro momento de la Historia. Nos ha tocado muy profundamente tanto a mí como a miles de lectores de todo el mundo. Esos niños tienen el potencial y la capacidad de superar las diferencias culturales e identitarias y de esta forma demuestran que los seres humanos pueden llevarse bien si nadie les anima a odiarse; que los gobiernos, las instituciones y los medios de comunicación pueden cultivar y cultivan el conflicto y la desconfianza. Son ideas muy actuales con una relevancia universal, y creo que esta historia las hace accesibles para todo el mundo».

  «El Premio Nobel Elie Wiesel dice que si no has estado allí, no escribas sobre ello», comenta el autor John Boyne. «Y en cierto modo, estoy de acuerdo con él. Pero al mismo tiempo nos dicen que no debemos olvidar. Así que creo que a medida que van pasando las décadas, es responsabilidad de los artistas encontrar nuevas formas de contar esta historia, de recordar al mundo todas las personas que murieron. Si enfocas el tema sin explotarlo, intentando no trivializar sino contar la historia de otra manera para llegar a otro tipo de público, habrás logrado tu meta. A los niños que han leído mi libro siempre les digo: ‘Si te ha conmovido, si te ha interesado la historia de estos dos chicos, aquí tienes una lista de libros que deberías leer’. Y esos libros son de figuras como Wiesel, Primo Levi y Anna Frank, escritores que vivieron el Holocausto en sus propias carnes y que tienen autoridad moral para hablar sobre ello. Espero que los creadores actuales puedan lograr que los niños se interesen lo suficiente para querer leer otras cosas».

  Todos los miembros del equipo de producción que hay detrás de The Boy in the Striped Pyjamas (El Niño con el Pijama de Rayas) tenían muy claro que estaban rodando una historia de ficción y no un documental. Sin embargo, como el guión es histórico, todos fueron muy meticulosos a la hora de respetar el contexto en el que se desarrolla.

  «Nos preocupaba muchísimo la autenticidad», afirma Mark Herman. «Cuando estábamos realizando la adaptación, descubrí que los comandantes del campo de concentración juraban confidencialidad bajo amenaza de muerte para que sus actividades fueran del máximo secreto. Tenían prohibido contar a nadie, incluidas sus propias familias, en qué consistía su ‘trabajo’. Esto fue de gran ayuda a la hora de escribir el guión, especialmente para explicar por qué el comandante no le había contado nada a su mujer sobre el programa de exterminio: Ella cree que se trata de un campo de trabajo y descubre la verdad por casualidad. Hoy en día, el público tiene la ventaja de saber lo que pasó en realidad, por lo que algunas cosas les resultarán obvias. Puede que los espectadores no comprendan que la mujer no lo supiese; estaba viviendo junto a un campo de concentración, así que tenía que saberlo. Pero algunas personas no sabían nada. En Auschwitz, por ejemplo, la mujer del comandante vivió prácticamente encima del campo durante dos años sin tener ni idea de que aquello era un campo de exterminio. Lo increíble de esta historia es que estos dos chicos, cada uno a un lado de la alambrada, no saben lo qué está pasando».

  «Mark ha hecho más hincapié en la historia de la familia al ofrecer el punto de vista adulto de la madre, que va descubriendo gradualmente lo que sucede en el campo. Esa parte de la historia está mucho menos desarrollada en el libro», comenta la coproductora Rosie Alison de Heyday Films, que ha coordinado la documentación histórica de la película. «También ha añadido una película de propaganda nazi que descubrimos durante nuestro trabajo de documentación. Se trata de un repulsivo cortometraje de 14 minutos cuyo objetivo era mostrar cómo era la vida en los campos de concentración: actividades recreativas, comidas cordiales, caras sonrientes. Mark decidió rodar una versión de la película para que Bruno pudiera hacerse una idea de lo que era. De esa forma creía que sabía lo que pasaba en el campo ya que había visto el cortometraje. Esto hace que recupere por un momento la fe que tenía en su padre».

  Alison continúa: «Es una historia basada en hechos históricos, y la hemos tratado con el máximo respeto», afirma. «Se trata de una historia contada de forma bastante indirecta. Casi hasta el final, todo lo que se ve es desde el otro lado de la alambrada, y lo que ocurre en el campo de concentración no se hace evidente hasta las últimas escenas. El aspecto más polémico de la película, y tal vez en el que nos hemos permitido cierta licencia artística, es la presencia de Shmuel en el campo de concentración. Esta es seguramente la parte de la película en la que la ficción y la realidad están más separadas, porque la terrible realidad es que la mayoría de los niños que llegaban a los campos eran asesinados de inmediato. Sin embargo, en 1944, en Auschwitz en particular, sobrevivieron algunos niños y hay casos aislados de niños a los que se mantenía con vida, tanto para realizar experimentos médicos con ellos como para trabajos específicos (como en el caso documentado de dos niños a los que se mantuvo con vida en Treblinka para dar de comer a los patos del estanque). Hay fotografías muy conocidas de niños supervivientes al llegar la liberación de los campos, pero es cierto que por lo general solían pasar directamente del transporte en el que llegaban a las cámaras de gas. Por eso la historia de Shmuel puede resultar algo inverosímil».

  «La Historia suele repetirse y creo que es muy importante que se hable de todos estos temas, como sea y por quien sea, siempre y cuando el contenido emocional sea real y verdadero», afirma el productor David Heyman. «Esta es la historia de una familia normal, de gente normal que, a través de la ignorancia, la inocencia o una inquebrantable obediencia a la autoridad, independientemente de la crueldad de esa autoridad, encarna a la perfección la ‘banalidad de la maldad’ de Hannah Arendt. Espero que a la gente joven y al resto del público le llegue a emocionar The Boy in the Striped Pyjamas (El Niño con el Pijama de Rayas) y así puedan comprender mejor el precio que se pagó por aquella tragedia y las consecuencias para los que vivieron aquella tragedia, ya sea sus autores como las víctimas.

  La película la han realizado con gran honestidad y pasión personas que sienten un inmenso respeto y admiración por los que sobrevivieron, así como por aquellos que no lo hicieron. Creo que es muy importante mantener viva esta historia con el fin de que no se repita; cualquier paso que demos que pueda cambiar la visión del mundo de una persona merece la pena».