Estreno en España: 3 Octubre 2008

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Sinopsis

Isla Terminal, en un futuro no muy lejano. El público siente pasión por los deportes extremos, y las competiciones televisadas en directo se han convertido en sangrientos reality shows. Un grupo de presos acusados de asesinato protagoniza la carrera más brutal emitida hasta la fecha. Coches trucados, asesinos enjaulados y copilotos femeninos convierten el concurso en el programa más visto de todos los tiempos. Las reglas del programa «La carrera de la muerte» son muy simples: el hombre que gane cinco pruebas será puesto en libertad. El que pierda sólo será una mancha en la carretera. El tricampeón de velocidad Jensen Ames es un convicto acusado injustamente de un brutal asesinato. Hennessey, la despiadada directora de Isla Terminal, le da a elegir entre ponerse la máscara del mítico corredor Frankenstein, un favorito del público del programa al que parece imposible matar, o no volver a ver a su pequeña hija. Escondido tras la horrible máscara, el convicto participará en la terrible carrera de tres días con la esperanza de conquistar su libertad. Para eso, Ames deberá enfrentarse y vencer a algunos de los criminales más retorcidos del mundo.

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Crítica de Cine.com
por Leo Aquiba Senderovsky

Death race no es una película más de acción, ni una remake más. Para referirnos a esta película, no habrá que dejar de lado al nombre más destacado de los créditos, Roger Corman. Corman es uno de los pocos, sino el único, productor al que le cabe el sayo de «productor-autor» (es decir, productor con una idea clara y única sobre cómo se construye una película). Coherente al extremo en toda su filmografía, tanto como productor como director, ha sabido iniciar la carrera de grandes directores del cine, desde James Cameron y Ron Howard, hasta Peter Bogdanovich, Martin Scorsese y Francis Ford Coppola, y emplear a grandes actores, desde estrellas venidas a menos (Boris Karloff) hasta grandes promesas como David Carradine, Sylvester Stallone y Jack Nicholson. Los primeros dos fueron los protagonistas de Death race 2000, obra de culto producida por Corman en 1975 y dirigida por Paul Bartel. Esta versión remozada de la híperviolenta carrera automovilística de presidiarios, no busca ni consigue trascender como su original, pero al menos es un sólido producto de entretenimiento, con un director (Paul W. S. Anderson, director de películas de acción para adolescentes más o menos taquilleras como Mortal Kombat, Resident Evil o Alien vs. Predator) preciso en las escenas de acción, que tiende a perder cierto ritmo en el resto de las escenas, con Jason Statham a cargo del papel protagónico, quien luego de la saga El transportador, bien puede ser considerado el mejor intérprete de este género (infinitamente superior al otro calvo y peor actor Vin Diesel), y con una malvada interpretada por la muy convincente Joan Allen. Las violentas muertes de los presidiarios en las carreras podrían conformar un catálogo del absurdo, y parecen pertenecer más al terror gore que al cine de acción, y la idea de una violenta carrera que trepa en los ratings televisivos merced a su dosis de morbo, si bien es una línea secundaria de la película, está correctamente explotada, con la misma síntesis contradictoria que definía al thriller reciente Rastro oculto (el establecer un discurso sobre el morbo de los consumidores de espectáculo, sin dejar de apelar a la violencia para ello). Si bien Death race podría pasar como otro film de acción convencional, salta a la vista el exceso del material que la origina, exceso que sólo puede encontrar su caldo de cultivo en el cine de bajo presupuesto, y que aquí encuentra un buen equilibrio entre dos universos opuestos, tanto en lo estético como en la explotación de sus recursos, entre el Hollywood mainstream y el cine de Corman, tan marginal como celebrado por el público adepto al cine clase b. Si estamos demasiado acostumbrados a que Hollywood se mire el ombligo a la hora de las remakes, es para destacar cuando Hollywood decide echarle un vistazo al valioso cine independiente que convive con los estudios (y en el caso de Corman, que vive imitando o extrayendo ideas de él). Ideal para verla y luego ver a Carradine y Stallone en los papeles originales, y entender de qué se trata el culto en torno al cine de bajo presupuesto.

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Dirección: Paul W.S. Anderson.
País:
USA.
Año: 2008.
Duración: 105 min.
Género: Acción, thriller.
Elenco: Jason Statham (Jensen Ames), Joan Allen (Hennessey), Tyrese Gibson (Machine Gun Joe), Ian McShane (Coach), Natalie Martinez (Case), Jacob Vargas (Gunner), Fred Koehler (Lists), Robert LaSardo (Grimm), Justin Mader (Travis Colt), Max Ryan (Slovo Pachenko), Jason Clarke (Ulrich).
Guión: Paul W.S. Anderson y J.F. Lawton.
Producción: Jeremy Bolt, Paul W.S. Anderson y Paula Wagner.
Música: Paul Haslinger.
Fotografía:
Scott Kevan.
Montaje: Niven Howie.
Diseño de producción: Paul Austerberry.
Vestuario: Gregory Mah.
Estreno en USA: 22 Agosto 2008.

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Filmografía de Paul W. S. Anderson

# Death Race (2008)

# AVP: Alien vs. Predator (2004)

# Resident Evil (2002)

# The Sight (2000) (TV)

# Soldier (1998/I)

# Event Horizon (1997)

# Mortal Kombat (1995)

# Mortal Kombat: Behind the Scenes (1995) (V)

# Shopping (1994)

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CÓMO SE HIZO «DEATH RACE: LA CARRERA DE LA MUERTE»

1. El proyecto

  No tiene nada de sorprendente que los cineastas británicos y socios Paul W.S. Anderson y Jeremy Bolt fueran fans de La carrera de la muerte del año 2000, de Roger Corman. Si tenemos en cuenta que se hicieron famosos por la película Shopping/De tiendas, un oscuro relato acerca de un grupo de jóvenes decididos a pasárselo muy bien en un futuro no muy lejano, parece natural que les atrajera el mundo creado por el productor Roger Corman y el director Paul Bartel en 1975. Paul W.S. Anderson dice, hablando de la película original: «Era un fan de la película de Corman. La vi en vídeo siendo adolescente, cuando aún vivía en Inglaterra. Es la típica película que tus padres no quieren que veas porque está llena de violencia gratuita y de desnudos que no vienen a cuento. Claro que me gustó». Después de un visionado de Shopping/De tiendas durante el 7º Festival Internacional de Tokio, el productor Jeremy Bolt y el director Paul W.S. Anderson tuvieron la ocasión de conocer a Roger Corman y de hablarle de su idea de un remake de La carrera de la muerte del año 2000 para un público actual. En aquel momento, los dos cineastas estaban a punto de hacer Horizonte final para Paramount. Habían conocido a Paula Wagner y a Tom Cruise, que acababan de lanzar su productora C/W Productions y se habían interesado en desarrollar el proyecto. Jeremy Bolt recuerda: «Quedé con Paula en el hotel Dorchester de Londres. Le pareció una idea fantástica. Se apuntaron al proyecto, compraron los derechos dentro del marco de su acuerdo con Paramount y empezaron a desarrollarlo. Entonces nuestra idea era hacer una película que tuviera el mismo espíritu que la de Roger, en otras palabras, una sátira».

Pero pasó más de una década hasta que cuajara el proyecto. Paul W.S. Anderson y los productores, influidos por la obsesión de la sociedad actual por los reality shows, decidieron situar la película en un futuro próximo. Se trataría del programa de reality más extremo, donde los conductores serían presos compitiendo como gladiadores.

  El director, que para entonces había escrito y dirigido taquilleras de películas e acción como las dos Resident Evil y Alien vs. Predator, empezó a retrabajar el material y el proyecto acabó encontrando un hogar en Universal. Hablando del mundo que imaginó, explica: «Es un poco más duro que el actual, pero muy reconocible. El constante aumentó de delincuentes y criminales, y la pasión que siente el público por los reality shows han dado pie al programa ‘La carrera de la muerte’. Es el no va más: nueve corredores compiten hasta la muerte en un circuito sin salidas. Son los gladiadores del mundo moderno, y el circuito es el coliseo».

  Aunque la película es bastante diferente del clásico producido por Roger Corman, hay algo que no ha cambiado. Los seguidores siguen a sus corredores favoritos con el mismo fanatismo, deseosos de ver morir a los competidores. Los romanos actuales están sedientos de sangre.