Estreno en España: 8 Agosto 2008

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Sinopsis

«Aprendiz de caballero» es una gran aventura épica ambientada en la Florencia del siglo XIV, momento en el que la ciudad se vio asolada por la Peste Negra. En ella habita Lorenzo de Lamberti (Hayden Christensen), un joven inocente y amante de las aventuras, que se ve atrapado por el rico Gerbino de la Ratta (Tim Roth). El asesinato pasa por ser uno de los recursos habituales de Gerbino y Lorenzo pasa a convertirse en uno de sus objetivos prioritarios, por lo que se ve obligado a huir a un convento cercano. Pampinea Anastagi (Mischa Barton) es la única hija de una rica y respetada familia florentina. A la muerte de sus padres a causa de la peste, Gerbino de la Ratta amenaza a la joven con confiscar sus bienes para pagar las deudas que contrajo su padre, a no ser que acepte casarse con él. Pampinea abandona Florencia y se embarca en una serie de aventuras que le llevan a retirarse a un convento donde conocerá al joven Lorenzo.

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Crítica de Cine.com
por
Leo Aquiba Senderovsky

Gran parte de esta película se explica con su título original, Virgin territory (Territorio virgen). Siguiendo la línea de varias películas de época que se mezclan con códigos propios de la cultura popular actual (ejemplos de esto son Moulin Rouge y Romeo y Julieta,
de Baz Luhrmann y Destino de caballero), Virgin territory es una comedia sexual tamizada con elementos modernos, basta mencionar la escena del baile en el caño para observar estas marcas ajenas a la época que retrata la película. La comedia sexual se esparce en varias escenas o espacios paralelos, por un lado el espacio del convento de monjas, que reciben con devoción al sirviente supuestamente (y necesariamente) sordomudo, ya que un sordomudo podrá guardar el secreto de los escarceos amorosos/lujuriosos de las monjas. Por otro lado, el viaje del grupo que asistirá a la boda de Pampinea, integrada por mujeres que no pretenden entregar fácilmente su virginidad a sus novios, y los respectivos novios que se decantan por cualquier aventurilla que suceda camino a la boda. La historia central cuenta con una Pampinea dividida entre tres pretendientes, el conde Dzerzhinsky, el poderoso Gerbino de la Ratta, y el valiente joven Lorenzo de Lamberti, que viene de satisfacer los deseos de las monjas, y de quien ella está realmente enamorada, aunque se encuentra presa de dos matrimonios arreglados. El espíritu de El Decamerón, de Giovanni Boccaccio, se observa claramente en la mezcla de desfachatez sexual de las historias con un contexto azotado por la Peste Negra. Más de la mitad de la película se desarrolla con el tono jocoso que aportan las secuencias donde la lujuria adquiere protagonismo. Y esta peculiar forma de acercarse a uno de los aspectos más velados de aquella época, terminará siendo empujada por la trama principal, una suerte de novela rosa que peleará hasta librarse de las subtramas, dejándoles un mínimo espacio en la película. Y lo que podría haber determinado (y de hecho, determina hasta cierto punto) una propuesta original, provocadora y graciosa, adquiere finalmente la forma de comedia romántica para adolescentes, un final previsible pero desalentador para una película que amagaba con convertirse en otra cosa, aunque los rostros de Hayden Christensen y Mischa Barton (de quienes bien se puede trazar un paralelismo con la dupla Di Caprio – Danes, doce años atrás, en la anteriormente mencionada Romeo y Julieta), no dieran lugar a mayores sospechas.

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Dirección y guión: David Leland.
País:
Reino Unido, Italia, Francia y Luxemburgo.
Año: 2007.
Duración: 97 min.
Género: Drama, comedia, romance.
Elenco: Hayden Christensen (Lorenzo de Lamberti), Mischa Barton (Pampinea Anastagi), Tim Roth (Gerbino de la Ratta), Craig Parkinson (Tindaro), Rosalind Halstead (Filomena), Kate Groombridge (Elissa), Chris Egan (Dioneo), Ryan Cartwright (Ghino), Matthew Rhys (conde Dzerzhinsky), Rupert Friend (Alessandro), Nigel Planer (Bruno).
Producción: Dino De Laurentiis, Martha De Laurentiis, Tarak Ben Ammar y Roberto Cavalli.
Música: Ilan Eshkeri.
Fotografía:
Ben Davis.
Montaje: Jim Clark.
Diseño de producción: Jim Clay.
Vestuario: Roberto Cavalli.

Biofilmografía de David Leland

El debut como director de David Lelan fue con la película Si estuvieras aquí para la que también escribió el guión y las canciones. Ganó numerosos premios, incluido el Premio de la Academia Británica a Mejor Guión.

Leland ha escrito numerosos guiones tanto para el cine como para la televisión. La película para la gran pantalla Servicios muy personales, una irónica comedia sobre la prostitución, junto con Si estuvieras aquí, ganaron el premio para comedia de Peter Sellers. Sus innovadoras cuatro películas para televisión Birth of a nation, Flying into the wind, Rhino, Made in britain ganaron numerosos premios incluido el Prix Futura en Berlín y el prestigioso Prix Italia. Made in Britain fue dirigida por Alan Clarke, con el que Leland ya había colaborado en las películas Beloved enemy y Psy warriors. Leland coescribió la exitosísima y popular Mona Lisa protagonizada por Bob Hoskins.

Anteriormente, Leland trabajó mucho como actor en teatro, cine y televisión. Interpretó el papel protagonista en la película de Alan Clarke sobre la obra de teatro de Solzhenitsyn The love girl and the innocent y también trabajó con Michale Palin, Terry Jones y Terry Gilliam de los Monty Python en Ripping Yarns, El misionero y Héroes del tiempo. Le ofrecieron llevar el Crucible Theatre en Sheffield donde, no sólo él había actuado, sino que también había producido y dirigido una serie de estrenos mundiales introduciendo muchos escritores nuevos en la escena británica tales como Ron Hutchinson y Victoria Wood. Otras producciones incluyen obras de Michael Palin y Terry Jones, Dennis Potter, Howard Barker, Heathcote Williams y Joe Orton. Después, trabajó como Director Asociado en el Royal Court Theatre en Londres y también dirigió obras en muchos otros lugares de actuación, siempre colaborando con los escritores, incluidos Tennessee Williams en el estreno británico de The red Devil Battery sign.

Ha dirigido vídeos musicales con George Harrison, Roy Orbison, Jeff Lynne, Bob Dylan, Tom Petty y Jim Keltner disfrazado de The Traveling Wilburys, en particular en el video de la canción Handle with care. Ha escrito una serie, Pendragon, para HBO que adopta una nueva y original perspectiva sobre la leyenda del Rey Arturo.

Filmografía

# Virgin Territory (2007)

# Concert for George (2003) (TV)

# «Band of Brothers» (1 episodio, 2001)

– Bastogne (2001)

# The Land Girls (1998)

# Tom Petty and the Heartbreakers: Playback (1995) (V) (video «I Won’t Back Down»)

# The Big Man (1990)

# Checking Out (1989)

# Wish You Were Here (1987)

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CÓMO SE HIZO «APRENDIZ DE CABALLERO»

  La obra de Giovanni Boccaccio, El Decamerón, escrita en el siglo XIV, es una de las obras cumbre de la literatura italiana, lectura obligada de numerosas generaciones de estudiantes. La novela se ambienta en la Florencia de 1346, en pleno apogeo de la peste, y cuenta la historia de siete hombres y tres mujeres jóvenes que huyen de la epidemia a una casa de campo a las afueras de la ciudad. Durante diez días consecutivos, cada uno de ellos narra una historia. El conjunto de todas estas narraciones supone la base de El Decameron – cien historias. La versión del guionista y director David Leland, Aprendiz de caballero, parte de la obra original de Boccaccio, y le da un giro contemporáneo para convertirlo en una película que capture a un público moderno. «La mayor habilidad de Boccaccio es su forma de reunir de forma tangible todas estas historias,» comenta Leland. «La razón de que El Decameron sea un clásico y lo haya sido durante seiscientos años, no es que a la gente se le obligue a estudiarlo, sino que su lectura es un placer. Todo aquello con lo que nos identificamos está en esta obra, que gira sobre la naturaleza humana y lo que la rodea. No es por casualidad que la gente sienta atracción por esta obra, ni tampoco que autores del calibre de Chaucer y Shakespeare sintieran la fuerza de su inspiración. Boccaccio supo expresar perfectamente el deseo de amor de la naturaleza humana, acertando de pleno en su retrato de la dinámica entre hombres y mujeres». Fueron los legendarios productores Dino y Martha De Laurentiis los que inicialmente concibieron el proyecto de dar un giro contemporáneo a El Decamerón. Dino De Laurentiis ya estaba familiarizado con el trabajo de Boccaccio, habiendo producido otras versiones anteriores de la obra. No obstante, era consciente de que aún quedaba potencial en las historias para otra película, una que fuera fiel al verdadero espíritu de Boccaccio pero con la que un público moderno pudiera conectar. Encontrar a un guionista con la sensibilidad necesaria para apreciar el romanticismo de la obra de Boccaccio, y cómo los temas y las preocupaciones de la misma son aún hoy relevantes para los adolescentes, era el siguiente reto. El británico Leland, cuyo debut fue la aclamada y exitosa Si estuvieras aquí, llamó la atención de los productores Dino y Martha De Laurentiis gracias a Steven Spielberg, que quedó muy impresionado con el guión de Leland para la serie de televisión Pendragon, que Spielberg estaba desarrollando para HBO. «Fue fantástico saber que David estaba disponible,» comenta Dino De Laurentiis. «Conectó inmediatamente con la historia y con los temas contenidos en ella. El guión quedó muy bien– supo hacerlo moderno y lleno de intriga, aderezado con los temas que siguen afectando a los jóvenes – el sexo, la aventura y el amor».

  Martha De Laurentiis coincide: «Cuando evocamos esa época, uno piensa en vestidos pesados y diálogos poco naturales, pero estamos subvertiendo las convenciones. Los diálogos son actuales y llenos de magia, color y sensualidad. Queríamos un guionista europeo, alguien familiarizado con el trabajo de Boccaccio. Alguien que conociera la formalidad de un Chaucer, por ejemplo, como en Los Cuentos de Canterbury, que contiene un entrelazado de historias similar. Creo que el reto real era encontrar una historia central que llevase todo el peso. David se enfrentó a ese reto y acertó de lleno en su resolución».

  Leland, experto guionista y director, estaba fascinado con Boccaccio y El Decamerón. «Boccaccio tenía muchas bete noires,» comenta. «Tenía muy diversas fobias: contra los ricos, el clero, el catolicismo, las monjas y los hombres estúpidos con mujeres bellas, que los burlaban con sus adulterios. Muchas de sus historias son sobre este tipo de gente y sus pecados, como cualquier otro escritor satírico, supongo.

  Boccaccio era un gran coleccionista de historias y creo que algunas de ellas son simplemente chistes verdes o historias soeces como las que se pueden escuchar en cualquier bar, y otras, en cambio, son mucho más oscuras y misteriosas, con un elemento de Gran Guiñol en ellas, donde la gente asesina y es asesinada por pasión o por cualquier otro motivo. Creo que son increíbles».

  El mayor reto era encontrar una historia central que uniese todas las tramas secundarias. «Lo problemático de El Decamerón a nivel cinematografico es que son cien historias, y aunque todas ellas se desarrollan en el mismo mundo, se trata de narraciones separadas. Dino no quería hacer una película episódica y yo coincidía con él. Creo que las películas que consisten en historias separadas tienden a no satisfacer, son todo aperitivos y no hay plato principal».

  Leland y De Laurentiis trabajaron estrechamente para encontrar la esencia de la historia: «El elemento más crucial a la hora de escribir el guión fueron las conversaciones entre Dino y yo. Dino es inteligente y muy detallista en sus discusiones sobre guión. Examina todas las líneas, buscando el estilo correcto. Siempre nos preguntábamos si estábamos respetando el espíritu de Boccaccio. Ese era el elemento que nos guiaba. Así me sentí libre para inventar escenarios, inventar situaciones y sacar elementos comunes de todas las historias diferentes del libro. En vez de que los jóvenes de la obra original fueran meros narradores, los convertí en los personajes de la historia. Ese fue el punto de partida que usamos. A partir de ahí, me sentí libre para explotar las historias».

  Una vez que el guión estaba completado, el siguiente paso era encontrar un director. Según explica Martha De Laurentiis: «David siempre se mostraba abierto y nos enseñaba diferentes secuencias – le preocupaba hacer lo que nosotros queríamos, lo cual es fantástico. Tuvimos una gran relación de trabajo. Respondía muy bien a nuestras necesidades».

  En un principio, el propio Leland no estaba convencido de ser la persona adecuada para llevar las riendas del proyecto: «Dino, Martha y yo empezamos con una relación bien establecida entre productores y guionista. Cuando llego la hora de dirigir, era como volver a la casilla de salida. Era más difícil. En un principio no quería ocupar la silla de director, aunque luego se hizo obvio que ya que yo lo había escrito, tendría que dirigirlo».

  Trabajar con ¬productores tan establecidos como Dino y Martha es algo que Leland no duda en volver a hacer. «Dino es un jefe bastante duro, y Martha siempre sabe ver y apreciar detalles que Dino puede pasar por alto. Como equipo de productores son muy buenos y eficaces».

  Leland continúa, «Dino es la dinamo que te llama a las 5 de la mañana para preguntarte porqué no estás trabajando. Vive para el trabajo y es toda una inspiración. Dino De Laurentiis es único. Y a pesar de lo duro que ha sido realizar esta película, es una experiencia que estoy dispuesto a repetir. Dino es un gran productor: es su pasión y eso se nota, no hay nadie como él».

  Este respeto por el productor era compartido por todo el equipo y el reparto. Según comenta el director de fotografía, Ben Davis: «Estoy lleno de admiración hacia Dino, creo que es una persona increíble, solamente hay que verle, es un milagro. Creo que ha hecho un pacto con el diablo a cambio de la juventud eterna. Su energía es increíble y le respeto muchísimo. Todo el mundo le admira, especialmente el equipo italiano. Recordare haber trabajado con él toda mi vida».

  Mischa Barton, que interpreta a Pampinea, coincide: «Dino siente una gran pasión por cada película y creo que no es algo tan habitual hoy día. Su pasión por este proyecto se podía sentir, y esa es la razón de que haya hecho esta película. Es estupendo tener a alguien en el rodaje que te inspira aunque no este allí todos los días, pero que se preocupa. Es el mejor y realmente ama el cine – ha sido una gran inspiración para mí».

  Encontrar a los actores para los papeles principales de Lorenzo de Lamberti y Pampinea Anastagi, era uno de los factores claves para el éxito de la película, pero como comenta el propio Dino De Laurentiis: «El secreto para atrapar a las estrellas consiste en tener un buen guión. Cuando tienes un buen material, siempre es posible despertar el interés de la estrella que andas buscando».

  «Para Pampinea, queríamos al alguien que tuviera rasgos de una belleza romana, patricia, y que además fuera una figura conocida, una actriz maravillosa,» comenta Martha De Laurentiis. «Mischa Barton acaba de dar el salto definitivo con THE O.C. Le enviamos el guión y rápidamente aceptó. Era perfecta para el papel. En cuanto a Lorenzo, queríamos a alguien con la inocencia de un ángel, y que fuera fotogénico y masculino. Esa combinación es rara de encontrar en actores jóvenes. A Hayden Christensen le encantó el guión y y dijo que sí inmediatamente».

  Leland estaba encantado con los dos actores principales. «Ya había visto el trabajo de Hayden y me gustó mucho. Lleva la interpretación en los genes. En cuanto a Mischa, fue mi hija de 16 años la que me sugirió la idea. ‘The OC’ es muy popular entre la gente joven».

  Mischa Barton se dio a conocer con la serie de adolescentes The OC, que fue todo un éxito de la noche a la mañana. Para Barton el atractivo del proyecto de Aprendiz de caballero era que se trataba de algo muy diferente de su personaje en televisión: «Todo comenzó al reunirme con Dino. Luego leí el guión y quede maravillada con la historia. Se trataba de algo muy diferente a cualquier cosa que hubiera leído anteriormente. Creo que el guión consigue sacar lo mejor de la obra de Boccaccio».

  Sobre la experiencia de trabajar con Leland, Barton añade: «Es un gran director de actores. Sabe lo que quiere y es siempre muy específico. Tiene un buen ojo para la visión de conjunto. Al haber escrito la película, supo trasladar la pasión de la historia a los actores».

  «Hayden y Mischa hacen una estupenda pareja romántica,» comenta Leland. «Realmente hay química entre ellos en la pantalla. Es genial tener dos actores perfectos para los personajes principales. Esta película les ha llegado en el punto exacto de sus carreras».

  A la hora de elegir al actor que hubiera de interpretar a Gerbino de la Ratta- el villano rico empeñado en seducir a Pampinea, Leland eligió a Tim Roth. Se trata de su primera colaboración desde Made in Britain, que Leland escribió y que supuso el primer papel del actor en el cine.

  «Estoy encantado de haber tenido a Tim ya que ha sabido aportar la gravedad adecuada a la figura del villano», explica Leland. «Ha aportado su enorme experiencia al papel. Es un actor muy experimentado que sabe perfectamente lo que se necesita en un plano y conoce todos los aspectos del rodaje. Supo inventar un personaje maravilloso, y además es muy profesional, de cara a los a otros actores. Fue un gran reto para Hayden, un reto del que el propio Hayden era consciente».

  Aunque Aprendiz de Caballero está ambientada en el Renacimiento, uno de los aspectos más importantes de la película para Dino y Martha De Laurentiis era su relevancia para el público actual. Existía una premisa fundamental que era que la película no recurriría a los típicos clichés de otras producciones de época, sino que tendría un aspecto visual vibrante. Los diseñadores de escenarios y vestuarios eran el elemento clave para lograr esta visión.

  Para el vestuario, los productores contrataron a Roberto Cavalli, el famoso e internacional diseñador de moda, quizás más conocido por su trabajo en Sexo en Nueva York.

  «No quería hacer la típica película con pelucas y trajes de época,» comenta Dino De Laurentiis. «El público joven no se va a sentir identificada con esas cosas. Así que llamé a Roberto Cavalli, le envié el guión y aceptó ocuparse del vestuario, y ya que el guión le gustó tanto, me pidió si podía coproducir la película conmigo. Cavalli creó un abanico fabuloso de opciones para el vestuario, que ha contribuido a hacer de la película una obra intemporal: una historia que podría haber ocurrido ayer mismo, hoy o mañana. Los trajes no tienen nada que ver con la época, se trata de una interpretación moderna de Boccaccio».

  Para Roberto Cavalli, trabajar en Aprendiz de Caballero ha sido especialmente significativo. Nativo de la propia Florencia, El Decamerón está, según dice, en su sangre. «Hace ya muchos años que conozco a Dino y Martha, somos como una familia; son gente encantadora.» La película representa la primera experiencia de Cavalli como diseñador de vestuario a la vez que como productor. «Cuando Dino me llamó, estaba en Los Angeles, y me contó toda la idea de una película basada en El Decamerón. Todo aquello me hizo pensar en mi juventud, en mi ciudad. La idea me encantó porque esta obra está en mi sangre. Tan pronto como hube leído el guión, acepté, pero le advertí que si estaba buscando a alguien que le diseñara ropajes históricamente correctos, yo no era la persona adecuada. Le dije, ‘si me das la libertad de crear lo que creo que funcionará, entones cuenta conmigo.’ Dino estuvo de acuerdo, y así comenzó todo».

  Cavalli descubrió que la experiencia de un rodaje era muy diferente a la de diseñar una colección. «Cuando creo mis colecciones, tengo que seguir a la moda,» comenta. «Esto lo he disfrutado más al haber tenido más libertad creativa. Para la película, tenía que ser fiel a Boccaccio y a su época, pero lo más importante era ser fiel a mí mismo y a las cosas que me inspiran. Esa es mi creación».

  Martha De Laurentiis estaba encantada de tener a Cavalli, de cuya moda ha sido admiradora durante mucho tiempo. «Siempre he llevado ropa suya. Sabe bien cuidar la forma femenina. Fue una gran idea que Dino invitase a Roberto a hacer el vestuario, ya que eso nos aporta el estilo moderno y sensual que buscábamos para nuestro enfoque contemporáneo».

  Martha supo apreciar igualmente la gran tarea que esto suponía para Cavalli: «Una cosa es diseñar una colección para la pasarela y otra muy distinta hacerlo para una película, en la que tienes que considerar todas las perspectivas, los diferentes ángulos de cámara. El reparto tiene que poder moverse con comodidad dentro de la ropa y cambiarse con facilidad. Ha sido todo un reto para él. Hay tanto que se puede decir con el vestuario… Roberto ha conseguido que todos los elementos queden sensuales, hermosos, ricos – te los quieres poner todos».

  Para Leland, trabajar con un diseñador de moda ha supuesto toda una curva de aprendizaje: «Inicialmente partimos de bocetos, muy parecidos a los que se usan en el mundo de la moda. Pero se trata de mundos muy diferentes, el de la moda y el del cine, y las necesidades de vestuario de una película como esta son complicadas: había que salvar esa distancia».

  «Roberto Cavalli es un genio de los textiles,» exclama Leland. «Sus diseños y las texturas de los materiales son su firma inconfundible. Si ves los materiales en bruto y las cosas que consigue, ves su enorme talento. Roberto y su esposa Eva tienen colaboradores excepcionales y una vez que comenzamos, los trajes adquirieron vida propia».

  Mischa Barton comparte el entusiasmo de Leland: «Creo que aquí se ha demostrado el talento de Roberto Cavalli de forma espectacular. Ha hecho un trabajo increíble, que ha contribuido enormemente a crear el tono de la película. Roberto es maravilloso y una persona de gran talento y muy creativo– tiene una gran vitalidad».

  Al igual que con el vestuario, Dino y Martha De Laurentiis transmitieron su visión especifica al diseñador de producción Jim Clay, un profesional con varios premios BAFTA en su haber y que ha trabajado en películas muy diferentes, desde producciones de época, como Belleza prohibida de Richard Eyre, y Onegin de Martha Fiennes, a dramas contemporáneos como Love Actually de Richard Curtis o, más recientemente, Match Point, de Woody Allen.

  «Cuando me reuní con Dino y David por primera vez, Dino dijo ‘no quiero la clásica película de época.’ Al principio podía sonar raro, ya que se trata de El Decamerón, es Boccaccio y es el siglo XIV,» explica Clay. «Pero nunca cuestioné su criterio porque sabía perfectamente lo que me estaba pidiendo. He trabajado en muchas películas de época con gran precisión histórica, pero que nunca encontraron su público. Con el estilo del guión y el joven reparto elegido, era consciente de que Dino y David querían que la película fuera accesible al público más joven».

  No queriendo ser un esclavo de la precisión histórica, Clay se permitió cierta licencia artística para ubicar la historia entre los siglos XIV y XVI, lo que dio a su equipo mayor libertad a la hora de encontrar localizaciones y concretar el estilo y el diseño de la producción.

  «Ese marco temporal nos permitía acercarnos más al Barroco y nos ofrecía una arquitectura con mayor sentido del exceso y la extravagancia, manteniéndonos a la vez en línea con el estilo de Roberto y sus ropas», comenta. «Nos parecía que contribuía mejor al estilo global de la película. Al fin y al cabo ni la música ni los diálogos son de época. El tema del descubrimiento propio de los adolescentes es algo obviamente universal, y la película debía serlo igualmente. Llegamos a tener un debate sobre si los personajes debían hacer su entrada en una Lambretta, en lugar de a caballo, lo que lo habría hecho completamente contemporáneo, pero acabamos desechándolo. Teníamos este tipo de conversaciones para descubrir si las ideas eran correctas o no. Mi aproximación ha sido la de servir a la belleza de la historia, más que a la autenticidad histórica».

  «La piedra fundamental para todos era El Decamerón, todo tenía que ser Boccaccio», comenta Leland. «Ya fuera la interpretación, el diálogo, las ropas, el diseño o cualquier otra cosa, había que preguntarse siempre si ése era el espíritu de Boccaccio?»

  Ambientar la historia en la Italia del Renacimiento dio a los cineastas la oportunidad de aprovechar localizaciones por todo el centro de Italia durante las nueve semanas del rodaje. Desde un convento medieval desierto en Bracciano (cerca de Roma) a los hermosos edificios de Siena y San Gimignano o la exuberante campiña de Caprarola, y por supuesto los históricos Cinecitta Studios en Rome.

  La historia ocurre en Florencia pero se trata de una ciudad tan bulliciosa que resulta muy complicado rodar allí,» comenta Jim Clay. «Así que elegimos San Gimignano y Siena como dos de las áreas principales para la película. El Duomo de Siena tiene una arquitectura similar a la del de Florencia y encaja perfectamente con el aspecto visual de la película. Aunque estas localizaciones son de la época realmente las escogimos por su belleza sobre todo».

  Martha De Laurentiis añade: «Siena nos abrió sus puertas y afortunadamente la amplia plaza del Duomo nos permitió rodar casi en 360 grados. La localizaciones además tienen un aspecto intemporal estupendo».

  Una de las localizaciones favoritas de Clay era el Palacio Farnesse en Caprarola, que hizo las veces de la villa de Pampinea. Ahora convertido en museo, originalmente fue construido para los Papas durante el siglo XVI, como retiro del Vaticano en Roma. Uno de los edificios del conjunto del palacio era conocido como el Palacio del Placer, una apropiada referencia histórica dados los temas tratados por la película.

  En referencia al Palazzo Farnesse, Clay explica: «Martha y Dino nos habían comentado que el estilo de los vestuarios de Cavalli sería muy colorista y excesivo, así que intenté que el estilo del edificio fuera en la misma línea. Aunque no suele ser habitual poder combinar un estilo excesivo con un bajo presupuesto, pudimos hacerlo gracias a las localizaciones escogidas. El Palazzo Farnesse fue construido a principios del siglo XVI y aunque aún es Renacimiento, se acerca también al Barroco, con su exceso característico. Así desarrollamos la idea de tener a Pampinea en su villa de ensueño en la que se aleja progresivamente de la realidad, según avanza la historia. El lugar era perfecto».

  La visión de Clay impresionó a Leland, que ya había trabajado con él veinte años atrás en el mundo del teatro. «Lo que pone a prueba una relación con un diseñador de producción es toda la preparación,» comenta el director. «Compartes miles de kilómetros al volante con esa persona, y si no estás cómodo con eso, entonces no lo estarás haciendo una película. Es imprescindible pasar mucho tiempo juntos. La compañía de Jim es siempre agradable, sea cual sea el tema de la conversación. Su mirada nunca descansa, siempre alerta ante lo que estamos buscando».

  El director de fotografía Ben Davis estaba igualmente comprometido con la película. «Tan pronto como me reuní con David supe que quería hacer la película,» comenta Davis. «Lo más interesante de trabajar con él, es que es también un guionista, además de director y actor, así que cuando se pone a trabajar tiene muchas herramientas y recursos. Su método es el de dejar mucho campo libre a los actores y que éstos hagan lo necesario. Es una gran forma de trabajar, especialmente cuando tienes un reparto tan joven. Es la mejor forma de sacar lo mejor de ellos. Ha sido un gran placer trabajar con David. Su amor por lo que hace crea una gran atmósfera en el set durante todo el rodaje».

  «Queríamos a alguien que pudiera capturar la belleza de las chicas y esto era muy importante,» comenta Martha De Laurentiis. «Hay todo un trasfondo romántico en la historia y Ben lo ha sabido captar y embellecer con su iluminación».

  «Ben es muy dinámico,» comenta Leland. «Ambos tenemos opiniones muy fuertes sobre el aspecto de una pieza, de cómo debe moverse la cámara en una escena y cosas así, pero nunca teníamos conflictos porque solíamos tener una visión clara de lo que queríamos lograr. Se trataba de una verdadera colaboración. El resultado es que terminas con algo diferente a lo que tenías en mente inicialmente pero que te convence plenamente, que es de lo que realmente se trata a la hora de colaborar».