Estreno en España: 30 Abril 2008

Puntuación:


Sinopsis

Neil (Gerard Butler) y Abby Warner (Maria Bello) son el matrimonio perfecto; se quieren, tienen una hija maravillosa y éxito en el trabajo. Pero esta plácida existencia se desmorona cuando su hija es secuestrada por un frío y calculador psicópata (Pierce Brosnan) que controlará las próximas horas de sus vidas con la brutal eficacia de alguien que no tiene nada que perder.


Crítica de Cine.com
por
Leo Aquiba Senderovsky

No hay mucho para decir de esta película. Por un lado, el guión está correctamente elaborado, el suspenso está trazado con solvencia, y las actuaciones le aportan la carga dramática necesaria, revelando el talento de Gerard Butler luego de la fama que le supuso su corpulenta personificación del Rey Leonidas en 300, y un interesante villano a cargo de Pierce Brosnan (quien, sin embargo, logra sus mejores momentos hacia el final, cuando se descubre el verdadero propósito de su tortuoso accionar). Algunas vueltas de tuerca son más previsibles que otras, pero todas se acoplan coherentemente a la narración, sin saturar con vuelcos narrativos inútiles, junto a una dirección que aprovecha los momentos de mayor tensión de la trama. En la vereda opuesta, una historia efectiva aunque poco original, y un desenlace quizás más previsible que su desarrollo (Maria Bello expone inteligentemente las diferentes aristas de su personaje desde el inicio de la película), que desemboca en el elemento central, y el más irrelevante, de este producto de género: su crítica a la permeable moral de ciertos hombres de familia de buena posición. ¿Película con mensaje aleccionador? Lamentablemente, así es. De no existir la escena final, cuyo único interés radica en el significado que se le da al título original «Butterfly on a wheel» («Mariposa en una rueda»), otro sería el resultado. Seguramente el mismo discurso ideológico, con un poco menos de énfasis en él, lo que hubiera privilegiado el desarrollo del thriller por sobre su pobre «mensaje».


Dirección: Mike Barker.
Países:
Reino Unido y Canadá.
Año: 2007.
Duración: 95 min.
Género: Thriller.
Interpretación: Pierce Brosnan (Tom Ryan), Gerard Butler (Neil Warner), Maria Bello (Abby Warner), Claudette Mink (July), Samantha Ferris (Diane), Callum Keith Rennie (McGill), Malcolm Stewart (Dave Carver), Peter Keleghan (Karl).
Guión: William Morrissey.
Producción: Pierce Brosnan, William Morrissey y William Vince.
Música: Robert Duncan.
Fotografía:
Ashley Rowe.
Montaje: Guy Bensley y Bill Sheppard.
Diseño de producción: Rob Gray.
Vestuario: John Bloomfield.

Filmografía de Mike Barker

* Chantaje (2008) Director

* A good woman (2005) Director

* Matar a un rey (2003) Director

* Un plan perfecto (1999) Director

* La banda de los James (1997) Director


CÓMO SE HIZO «CHANTAJE»

‘Who breaks a butterfly on a Wheel?’ [¿Quién somete a tortura a una mariposa?], escrito por el poeta Alexander Pope por vez primera en «Epístola a Arbuthnot», es una expresión que significa la destrucción brutal de una criatura delicada. El dicho ha evolucionado para referirse a un esfuerzo excesivo para un resultado nimio. Aquí, la mariposa es Neil Randall, encarnado por Gerard Butler, un hombre que lo tiene todo: buen aspecto, encanto, éxito, bien orientado hacia la cumbre… Se ha casado con Abby (Maria Bello), la perfecta compañera; ambos son bellos y compasivos; ella es una buena esposa y una buena madre para la única hija del matrimonio, Sophie, de cinco años de edad. Si bien es cierto que la vida de esta familia es la viva imagen de la buena fortuna, Abby soporta en silencio la desesperación típica de las esposas de hombres ambiciosos. Sus pequeñas decepciones personales, a menudo eclipsadas antes los grandes triunfos de Neil, quedan en nada a la luz de la prosperidad compartida. Y así están las cosas hasta que un hombre llamado Ryan aparece de ninguna parte. Igual que un ángel vengador, se lleva la única cosa que ambos adoran, la pequeña Sophie, y pagan un precio terrible por su salvación: 24 horas en que sus vidas quedan sujetas a un estricto control. Con precisión inhumana, Ryan desmonta todas y cada una de las cosas que el matrimonio ha ido bastiendo. Es evidente que quiere vengarse, pero, ¿quién es y por qué ha apuntado hacia esta familia? Para cuando el tormento ha finalizado, el alivio se ve puntuado por un autoinflingido tormento en la herida abierta. CHANTAJE es el resultado de una idea de William Morrissey, guionista y productor británico, quien ha formado equipo con el director Mike Barker [Un plan perfecto (Best Laid Plans, 1999)], ambos de CAA (Creative Artists Agency). Cuando CAA solicitó la atención sobre el proyecto de Irish DreamTime, el sello de producción que Pierce Brosnan comparte con su viejo socio Beau St. Clair, ambos intuyeron inmediatamente el potencial de CHANTAJE, tanto en su calidad de thriller inusual que opta por desafiar al público mediante el uso de la tensión sicológica en lugar de emplear una violencia desmesurada, como en su condición de vehículo para que Brosnan efectúe un giro innovador en su exitosa y extensa carrera como actor. El package logró incrementarse con la participación del productor William Vince y del productor ejecutivo Dave Valleau de Infinity Features, el par de grandes profesionales tras el oscarizado biopic, Truman Capote (Capote, 2005), quienes previamente ya habían trabajado con Brosnan y St. Clair en el drama de época Evelyn (Evelyn, 2002). Más tarde, los productores incorporaron Icon Entertainment International como socio, lo que cerró una coproducción británicocanadiense. «De modo semejante al que ciertos actores recurren para interpretar contra corriente, así producimos nosotros» —comenta el productor William Vince, haciendo comparación entre CHANTAJE y Capote. Sin embargo, fue este último título, Capote, el que mostró a Infinity lo alto que puede situarse el listón, y ello era precisamente lo que pretendían para CHANTAJE.

«El singular reclamo de esta película estriba en que se trata de un thriller aleccionador, concebido para provocar sin necesidad de sermonear; escrito de este modo se evita ser demasiado explicativo, lo que haría que el argumento perdiera marcha; en lugar de ello, se arremeta hacia delante sin aliento, cobrando vigor por instantes». Tanto para Vince como para el productor ejecutivo Dave Valleau, en la elección de un proyecto a menudo cuenta tanto la gente implicada como el guión en sí mismo.

Ambos hombres convienen que Bill Morrissey había vertido tanta pasión en su guión y empleaba tal nivel de energía que se hacía contagioso. «Se trata de un thriller enérgico, que no ofrece tregua. Nunca antes se había hecho nada exactamente igual» —observa el productor ejecutivo Dave Valleau—. «Tras la primera lectura del guión, sabiendo ya el desenlace, se hace inevitable volver a leerlo para dilucidar todas y cada una de las claves. La mecánica y logística de la historia resultan herméticas, y Bill Morrissey ha realizado un trabajo asombroso puliendo la narración e incrementando el suspense. Estoy convencido de que esta película va a suscitar muchas discusiones entre el público que la haya visto. Los temas de fondo son plenamente contemporáneos y todo el mundo los afronta, pero pocos los encaran abiertamente. Con Mike Barker ejerciendo como director, un profesional que sobresale por sus sorpresas y giros narrativos, combinado con este reparto, CHANTAJE condensa una energía muy poderosa.» En 1996, Pierce Brosnan y Beau St. Clair unieron esfuerzos para bastir un sello de producción sito en Los Ángeles, Irish DreamTime. CHANTAJE ya es el sexto proyecto que emprenden juntos. «Bill Morrissey se incorporó con el guión, y Mike Barker se unió como director cinematográfico, y funcionamos con ellos espléndidamente» —informa St. Clair—. «Se trata en verdad de una historia enormemente rica en contenidos, un thriller movido con resortes hitchcockianos. El personaje de Ryan, tan enigmático y carente de humor, no se parece a nada de lo que Pierce ha asumido anteriormente, lo que no era sino la primera condición para hacer que esto sucediera.» Para St. Clair, ese contrapunto del personaje es positivo por cuanto equilibra el «efecto Bond» en la carrera del actor. «Cuando Pierce (como Ryan) se apodera de las vidas de esa gente, manteniéndolos como rehenes al amenazar la seguridad de la hija de ambos, resulta escalofriante» —sigue St. Clair—. «La idea de tener a esos tres actores de gran solidez, Pierce, Maria y Gerard, atrapados dentro de un vehículo es un material imponente. Sus interpretaciones crean un equilibrio de tensiones donde un movimiento en falso tendría unas repercusiones catastróficas. No funcionaría en modo alguno si Ryan estuviera aterrorizando a dos personas frágiles. En un thriller, el público quiere verse emocionalmente entre la espada y la pared; están mirando bajo la superficie y tratando de avanzarse a los acontecimientos. La emoción que surge a lo largo del trayecto proviene de la fuerza que emana cada personaje al quedar en una situación insostenible cuya resolución se presenta del todo impredecible».

«Quería ofrecer al público algo que no estuvieran esperando» —explica el guionista William Morrissey. Y en verdad que ha logrado una narración cargada con el tipo de tensión propio del caminar por la cuerda floja, calibrado con sutileza pero sin premeditación. El personaje que hace que la acción no cese es Ryan, un antagonista que parece que siempre gana el ‘juego del gallina’ porque da la sensación de que disfrutaría con un choque frontal. «Quería crear algo que a primera impresión ya tuviera todos los elementos de un thriller sólido, realmente bueno» —explica Morrissey—, «pero que al llegar al final se evidenciara que se ha ido mucho más allá. De tal modo que a medida que la historia alcanza el clímax, salta a otro nivel más poderoso».

Para Morrissey, la clave está en crear una situación en la que el público esté preguntándose permanentemente qué es lo que ellos harían si se hallaran en una circunstancia tan horrible. «Neil y Abby pasan 24 horas con un secuestrador que tiene en sus manos la vida de su hija. Tienen que hacer todo cuanto aquél les dice. Es muy fácil decir que uno haría lo que fuera por un hijo, pues probablemente nunca nos veremos en tamaña situación. Sin embargo, ¿qué pasaría si nos halláramos ante el dilema? ¿Hasta dónde seríamos capaces de llegar realmente?»

El director Mike Barker ha trabajado en este proyecto con Morrissey abundantemente y esta labor en común ha sido exitosa porque, de acuerdo con el pensar de Barker, aunque el argumento provenga del guionista, las interpretaciones y el ritmo dependen del director. El suspense resulta de un equilibrio de ambos extremos: el diálogo y lo visual, lo que deviene un saludo a Hitchcock; combinándolo así, logramos que el público se pregunte ‘Y ahora, ¿qué va a pasar?’ «Tuvimos que disponer una serie de desvíos argumentales con el objetivo de mantener al público absorbido por el rompecabezas resultante, pero Bill, el guionista, es un tipo de gran inteligencia y ha logrado que todo converja, pues de otro modo sería un fraude. Y el público no toleraría eso».

En los thrillers, todo gira en torno al timing preciso; Barker, al iniciarse CHANTAJE, opta por un tono doméstico y calmo para establecer cómo tendría que ser la vida, pero luego, «cuando la película toma envergadura, los planos se hacen más cerrados, nerviosos y oscuros, con predominio de la cámara al hombro, más desesperados. El reto estribaba en asegurarse de que todas las líneas de interrelación quedaran ligadas y todos los dobles sentidos permanecieran genuinos.» Para lograr eso, Barker trabajó estrechamente con el director de fotografía, Ashley Rowe. «La cámara está estática al principio de la película, y los actores evolucionan dentro del encuadre» —informa Rowe—. «A medida que el argumento avanza, la cámara cobra velocidad, primero sobre la dolly, y finalmente al hombro. El ritmo se hace más frenético, y se incrementa el número de cortes; de este modo aumenta la sensación de confusión. Hacia el desenlace de la historia, regresamos a los planos estáticos captados con granangular».

Los granangulares permiten que el personaje destaque en primer término sin que se pierda el contexto del entorno. «De este modo» —explica Rowe—, «el espectador se siente muy presente, casi como si estuviera en la cabeza del personaje, viajando con esa persona.» La iluminación, un sutil componente de la realización, se mantiene al mínimo, apoyándose ampliamente en el vidrio, las superficies reflectantes, el agua, los espejos y el cromo. «La poesía que esto alberga está en que si Neil mirara su reflejo decididamente, quizá alcanzara a verse tal y como realmente es».

Además de encarnar el papel protagonista, Pierce Brosnan también ejerce como uno de los productores de CHANTAJE. Refiriéndose a la dinámica de la historia, comenta: «Aquí hay tres personas desesperadas, tres personas apasionadas, tres personas que la vida ha herido. Al principio, todo cuanto sabemos de Ryan es que se trata de un loco, probablemente un terrorista, sin dudarlo alguien peligroso, pero definitivamente portador de un dolor inmenso. En esta historia, el juego de poder es amplio; pronto, ‘quién es Ryan’ se hace secundario ante ‘qué quiere Ryan.’ Esto es así hasta que inesperadamente su hijo hace acto de aparición. Ello humaniza el raptor siquiera por un momento, pero no explica la razón por la que está destruyendo la vida de los Randall».

Aunque Brosnan ha cubierto hábilmente el género de acción y aventuras, éste es su primer thriller genuino. «Me hallo en un punto de mi carrera en que ciertamente ya no existen límites ni normas. He abandonado la seguridad de encarnar a uno de los más legendarios iconos del cine, Bond, y a partir de ahora resulta de lo más estimulante estar preguntándome hacia dónde voy. CHANTAJE me va como anillo al dedo porque siempre estoy buscando papeles que sean el equivalente de un giro brusco a la izquierda. Hay que hacer el esfuerzo de recordar cómo comenzó uno en el negocio y la esencia de la que está constituido un buen actor.» ´Mencionando su primer aprendizaje como intérprete teatral, Brosnan hace hincapié en que el guión evoluciona como una pieza teatral de un único acto con largas páginas de diálogos repartidos en muchas escenas, una sensación que muchos de los otros actores protagonistas refrendan. Pero el contenido emocional de la historia es traicionero. «Esta pieza no ha sido precisamente lo más cómodo que haya hecho. Exigía adentrarse en un terreno muy áspero. Me las tenía con un personaje marcado por problemas profundamente graves que pone en escena su propia fantasía de venganza. Pero me he metido en esto junto a Maria, quien en estos últimos años ha alcanzado la madurez como actriz profesional. Esta historia la ha apasionado desde un buen principio. Y Gerry es una excelente garantía para mi personaje. Ello es bueno; hay un irlandés y un escocés en el reparto. Eso me gusta. Afronta su papel con gran fuerza. Tan pronto como ambos actores se incorporaron, el plan de acción estaba trazado; teníamos una película sólida».

Desde todo punto de vista, Maria Bello era la elección más lógica para el papel de Abby Randall. Según Dave Valleau y William Vince, su trabajo para Una historia de violencia (History of Violence, 2005) y para The Cooler (The Cooler, 2003) fue lo que fijó su capacidad.

«Se halla en la cumbre del oficio» —asegura Vince. Brosnan y St. Clair afirman que la actriz está en plena forma. Para Mike Barker, Bello es una intérprete en el sentido más auténtico, toda una obrera del arte dramático. Para la propia Bello, Abby es un personaje que le habla desde distintos niveles. «Me es imposible saber la razón por la que asumo un papel; leí este guión hace año y medio, y resultaba electrizante. Llamé inmediatamente a mi agente y le comuniqué que estaba interesada. A mi personaje, Abby, le resulta imposible encajar en la caja que su marido, Neil, ha hecho hacer para ella. Ha abandonado su carrera como fotógrafo para dedicarse a criar a la niña de cinco años, pero algo no va bien. No es más que un instrumento con un corazón que late, lo que genera cierta rabia en ella».

«Puedo identificarme con esa rabia, y hasta resulta divertido liberar el animal que llevamos dentro» —comenta Bello—. «En ciertos aspectos, esta película es un thriller sencillo y, en otros, posee una profunda dimensión sicológica. En todos nosotros hay un gran vacío; a lo largo de toda nuestra vida no hacemos sino procurar llenarlo con lo que sea que se nos dijo que tenía que lograrlo; y cuando no puede llenarse, todavía lo intentamos con todas nuestras fuerzas, pero ese vacío siempre está.» La motivación de Abby es subyacente. «Lo que yo encarno es lo que hay en su yo más profundo» —continua la actriz—, «pero afortunadamente trabajo con dos actores brillantes que lo ponen todo en la sartén. Ambos se dan por completo al modo de ser de sus personajes, y desde ese lugar reaccionan con tal intensidad que me es posible encontrar profundidad y sentido a todo cuanto estamos haciendo».

Bello estaba encantada ante la oportunidad de trabajar con Brosnan. «Tiene una personalidad muy intensa. Me inspira como actor y como ser humano. Está absolutamente abierto a todo: crece, cambia, se transforma, experimenta… Cuando todo esto acabe, le añoraré mucho».

Si bien el guión ha unido a Butler y Bello en calidad de marido y esposa, ambos actores se hicieron amigos muy rápidamente. «Adoro a Gerry. Hemos sido auténticos compañeros en todo esto. Realmente, tuvimos que ponernos a prueba mutuamente de un modo tremendo. Jamás había trabajado con alguien que se de tanto como él. Se entrega por completo y en todo instante».

Encontrar el Neil Randall idóneo para la película era tan determinante como imprevisible y arriesgado. Y resultó ser el actor escocés Gerard Butler, cuyo trabajo en Mi querido Frankie (Dear Frankie, 2004) inclinó la balanza hacia él. El productor ejecutivo Dave Valleau considera que Butler aporta una química intrigante a su papel porque su buen aspecto hace que la arrogancia de su papel parezca la apropiada. Al mismo tiempo, Butler posee un encanto arrollador que hace que sintamos simpatía por Neil Randall, y justo aquí está la precaria contradicción de su personaje.

«Me encanta Gerry» —comenta Barker—. «Es un 110%, un tipo increíblemente apuesto, y sacamos provecho yendo decididamente en contra de eso».

Butler, feliz de sacarse la cota de malla [300 (300, 2006)] y regresar al siglo XXI, llevaba tiempo rabiando por interpretar a un «tipo americano normal. Últimamente, he estado dando vida a personajes con poder y autoridad; así que esto ha sido un cambio total. Aquí no sólo es Ryan quien tiene a Neil bajo control, sino que realmente le fractura. Y ello me dejó hecho trizas, emocional y físicamente; todo el proceso del secuestro hace que Neil experimente un vuelco completo, con un punto de partida en el tipo encantador, confiado en sí mismo y triunfador del principio, y un punto final en el naufragio físico y mental que sufre en el espacio de tan sólo 24 horas. Jamás había visto nada parecido en un guión. Ese miedo absoluto, esa frustración y demencia que impregna toda la historia fue suficiente para que me apuntara».

Lo que asimismo hizo que Butler acceptara fue sus coprotagonistas. «Pierce es mi chico» —proclama con orgullo—. «Ha sido un auténtico honor trabajar con él. Desde el mismo instante en que nos cruzamos percibí que poseía esa increíble energía. Se trata de alguien bueno, amable, una persona con valores morales, pero también es un hombre rebelde, y eso me encanta. Allá donde quiera que hiciésemos escenas juntos, siendo los dos unos chicos celtas, era la locura. Parecíamos dos chicos grandes, unos colegas. Y Maria hizo que mi trabajo subiera de nivel: es una actriz increíble de verdad y un ser humano maravilloso, y creo que tenemos el mismo espíritu. Compartimos la misma pasión, amor, locura, y miedo… lo invertimos en nuestro trabajo y comprendemos de verdad lo que hay de bello en ello».

La admiración mutua entre Brosnan, Bello y Butler es mucho más profunda de lo que pueden sugerir los respectivos apodos para cada uno: PB, MB y GB. Dos meses de estrecha reclusión y un guión empaquetado con intensa lucha emocional dejaron a los tres actores agotados aunque llegaron a confiar entre si profundamente para mantenerse creativos. «El desafío residía en sobrevivir a la constante ansiedad de esta historia; pero al final de la jornada, la satisfacción siempre era plena» —comenta Bello, quien nutrió a sus coprotagonistas y equipo técnico con sopas y cassoulets caseras que traía a los platós.

«Nos hemos estado pegando durante ocho semanas, y depositábamos tanta confianza mutua que permitíamos que la rabia fluyera libre de nuestro interior. Debido a ello, todos tenemos nuestros golpes y cardenales, incluso costillas rotas. He alcanzado profundidades emocionales que nunca antes había logrado en cualquiera de mis películas. Y no hubiera podido hacer esto sin Pierce y Gerry».

El diseño de producción en un thriller es una labor subliminal que debe reseguir, palmo a palmo, el ritmo emocional de la película. «Hubo una preproducción fantástica respecto a esto» —informa el diseñador de producción Rob Gray—. «Mike Barker, el director de fotografía Ashley Rowe, y yo mismo mantuvimos un excelente grado de entendimiento acerca de adónde queríamos dirigirnos con todo esto; qué aspecto queríamos que tuviera; y cómo queríamos que se moviera.» En el primer encuentro entre Gray y Barker, contrastaron notas, y particularmente estuvieron proyectando unas diapositivas que Gray había preparado y que substancialmente coincidían con el libro de estilo que Barker había estado montando. Eran imágenes realizadas en particular por el director de fotografía Philip-Lorca di Corcia, quien se ha hecho un nombre rodando con gran meticulosidad escenas coreografiadas procedentes de la vida cotidiana. Significativamente, su labor proyectaba una sensación de soledad e introspección inmersas dentro del bullicio de la ciudad, lo cual iba como anillo al dedo para el film.

«Dado que hay tantas escenas en las que los tres actores se hallan atrapados en el interior de un coche, gran parte del diseño está en ese mundo exterior en torno a ellos, un mundo inadvertido de la pesadilla que esa gente está sufriendo» —explica Gray. Ese contraste es un extremo generador de una ansiedad elevada. Estar tan dolorosamente cerca de la liberación y sin embargo estar separado de todo simplemente por el vidrio de un automóvil crea una diabólica sensación de desamparo. «Es como estar en una pecera, y todos los diseños enfatizan el tipo de ventanas que permiten tanto mirar afuera como adentro. Creo que esto es también una metáfora para Neil, quien ciertamente no entiende que es transparente».

Elaborando en una escala de mayor matiz, el motivo de la pecera se recrea repetidamente con una acentuación de las superficies reflectantes que se han construido en cada escenario, incluso con las calles humedecidas de arriba abajo para las tomas nocturnas. Una porción de la historia se narra con un espejo, luego sacamos el espejo y captamos el encuadre inverso. En otra ocasión, la cámara mira a través de cuatro capas de vidrio. La historia tiene lugar en Chicago, una ciudad célebre por su arquitectura y escultura sublimes. Los edificios destacados de la ciudad se incorporan al film para contribuir al mundo embriagador y absorbente que configura la realidad de Neil Randall antes de la aparición de Ryan. «Se trata de una ciudad muy fuerte y masculina» —afirma Gray—. Los impresionantes edificios Corn Cob, el Millennium Park, el edificio Wrigley, y los clásicos edificios de Mies van der Rohe, incluso el set construido para la oficina de Neil… todo es representativo del éxito dinámico.

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