Estreno en España: 4 Abril 2008

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Sinopsis

Martin Scorsese ilumina con su propia visión al grupo de rock más grande de todos los tiempos. Un acercamiento riguroso, deslumbrante, divertido y profundamente humano a los cuatro miembros de The Rolling Stones. Filmado en el famoso Beacon Theatre de Nueva York en el otoño de 2006, Scorsese reunió a un legendario equipo técnico capaz de capturar la increíble energía de la banda.

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Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

Sólo un realizador de la talla de Scorsese puede darse el lujo de guardarse un papel en su propio documental sobre los Rolling Stones. La introducción de Shine a light nos augura un entretenido detrás de cámaras del concierto, una fuerte lucha de egos entre Marty y Mick Jagger, y una reflexión sobre cómo filmar un concierto enfrentándose a la improvisación, con momentos hilarantes, como ver a Scorsese preocupado por no quemar a Jagger con las luces, y a Keith Richards, quien luego de enterarse que deberán esperar a que lleguen los invitados de Bill Clinton, termina diciendo a cámara “Hey, Clinton, unbush!”. Sin embargo, cuando las luces del escenario se prenden, Scorsese actúa con sabiduría y se ocupa de lo que mejor sabe hacer: Captar la magia, la música y la mística de una de las bandas más importantes de todos los tiempos. Scorsese enriquece la filmación del concierto con una cuidada selección de material de archivo televisivo, de la que parece destacarse más la torpeza de los entrevistadores que las geniales respuestas de los Stones, y cuyos momentos más interesantes radican en las variadas respuestas que dio Jagger a lo largo del tiempo a la recurrente pregunta “¿Hasta cuándo piensan seguir tocando?”. La magia está ahí, tanto en las preguntas que disparan el material de archivo como en el recital en sí. Posiblemente nadie sepa cómo estos cuatro señores que por edad se encuentran más cerca del geriátrico que de las salas de ensayo, todavía pueden tocar igual o mejor que la primera vez, y cómo Mick Jagger puede desplazarse por el escenario con la energía de un veinteañero (en una de las canciones lo vemos cantar junto a Jack White, de The White Stripes, y al lado de Jagger, White se ve como un jubilado). Scorsese no responde esa pregunta, pero su mirada atrapa la energía y el carisma de los cuatro, y permite que esa pregunta permanezca flotando en el aire. Shine a light acrecienta el mito de los Stones como grupo y de las personalidades de Jagger, Richards, Wood y Watts, entregando una película musical a la altura de la gran banda y del gran cineasta detrás de esta. Un fastuoso y deslumbrante espectáculo, capaz de seducir en igual medida a fanáticos y detractores.

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Dirección: Martin Scorsese.
Países:
USA y Reino Unido.
Año: 2008.
Duración: 122 min.
Género: Documental, musical.
Producción: Michael Cohl, Zane Weiner, Steve Bing y Victoria Pearman.
Producción ejecutiva: Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts y Ron Wood.
Fotografía: Robert Richardson.
Montaje: David Tedeschi.
Estreno en USA: 4 Abril 2008.

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Biofilmografía de Martin Scorsese

Martin Marcantonio Luciano Scorsese (nacido el 17 de noviembre de 1942) es un director, guionista y productor de cine estadounidense, ganador de un Premio de la Academia, dos Globos de Oro, dos BAFTA, y del Directors Guild of America, además de ser uno de los fundadores de World Cinema Foundation.

Las obras de Scorsese abordan principalmente los temas de la vida ítalo-estadounidense, y los conceptos de culpa y redención católicos romanos,[1] el machismo y la violencia endémica en la sociedad estadounidense. Scorsese es ampliamente considerado como uno de los directores más influyentes de su generación.[2] Ganó un MFA por su obra como director de cine otorgado por la prestigiosa Escuela de Cine de NYU. Ganó el Premio de la Academia como Mejor director por su película The departed, la cual también ganó el Mejor película en la versión 79 de los Premios de la Academia celebrados en 2007.

Originalmente, Scorsese planeaba ordenarse como sacerdote, lo que se nota en muchas de sus películas, las que reflejan una crianza católica. Fue atraído hacia el cine a edad temprana, y admite estar «obsesionado» con las películas; obsesión que se aprecia en el documental de 1995 A Personal Journey with Martin Scorsese Through American Movies (Un viaje personal con Martin Scorsese a través de las películas de Estados Unidos). Siendo un niño enfermizo, pasaba mucho tiempo en recuperación en casa, observando lo que ocurría en la calle, desde su ventana. Gran parte de su infancia la pasó en cines, lo cual contribuyó a su determinación en ser cineasta.

Martin Scorsese pertenecía a una familia de la clase trabajadora; su padre era planchador de pantalones. Sus padres fueron el tema de su documental Italianamerican, y tuvieron numerosas apariciones en las películas de su hijo como actores secundarios.

Durante varios años, su madre trabajó como la proveedora oficial de comida en todas las producciones de Scorsese, mientras su padre trabajaba en el departamento de vestuario. En la película Goodfellas («Buenos muchachos ó Uno De Los Nuestros»), Scorsese dijo que nadie planchaba cuellos como su padre lo hacía.

Scorsese asistió a la Universidad de Nueva York, obteniendo una licenciatura en la escuela de cine en 1964, y una maestría en la misma disciplina en 1966. Realizó su primer largometraje, Who´s that knocking at my door? (1969) con su compañero de estudios Harvey Keitel, y a partir de entonces formó parte de la «banda» de cineastas de la década de 1970: Francis Ford Coppola, Brian De Palma, George Lucas, y Steven Spielberg. De Palma fue quien le presentó a Robert De Niro, lo cual resultó en una cercana amistad que los llevó a compartir muchos proyectos.

En este periodo, Scorsese también trabajó como editor de la película Woodstock.

En 1972, Scorsese dirigió Boxcar Bertha por encargo de productor de películas de serie B Roger Corman, quien había ayudado a muchos directores a comenzar sus carreras, entre otros Francis Ford Coppola, James Cameron y John Sayles. Con Boxcar Bertha, Scorsese aprendió a hacer filmes rápidamente y de forma económica, lo cual lo preparó para su primera película con Robert de Niro (aunque éste aún encarnaba a un personaje secundario y el protagonista seguía siendo Keitel), Mean Streets.

Hasta ésta película Scorsese no se sentía satisfecho con su trabajo, pero aquí fraguó finalmente un estilo personal e intransferible. La película no resultó un éxito de taquilla, pero llamó poderosamente la atención de la crítica, y Scorsese y De Niro comenzaron a sonar con gran fuerza en los circuitos de Nueva York. Entonces, la actriz Ellen Burstyn escogió a Scorsese para dirigirla en la película Alice Doesn’t Live Here Anymore (Alicia ya no vive aquí), de 1974. Burstyn ganó un Oscar a la mejor actriz por esta película. Scorsese demostraba con este drama realista, que podía moverse en muchos registros sin ningún problema.

A continuación, Scorsese exploraría sus raíces étnicas en el documental Italianamerican, sobre sus padres Charles y Catherine Scorsese.

Dos años después, en 1976, Scorsese asombró al mundo con Taxi Driver. Sobre un libreto de Paul Schrader, uno de los guionistas más brillantes de las últimas décadas del siglo XX en EEUU, quien se inspiró en varias noches noctámbulas que vivió tras su divorcio, Scorsese se vio catapultado al estrellato con esta perturbadora historia, que protagonizó magistralmente un Robert De Niro en plenas facultades tras su gran éxito con El Padrino, parte II. La película se alzaría con la Palma de Oro del Festival de Cannes y generaría un creciente prestigio que se mantiene hasta el día de hoy. Todavía hay un papel de reparto para Harvey Keitel y supuso el descubrimiento de una joven Jodie Foster, quien sería una de las cuatro nominaciones al Oscar (no consumadas) como mejor actriz de reparto.

Su enorme fama le dio coraje para afrontar un atípico musical, su primera película de alto presupuesto: New York, New York. La pareja protagonista fueron de nuevo De Niro, en su tercera colaboración con el director, y una incombustible Liza Minnelli. Ambos daban cuerpo a un dúo, él saxofonista ella tenor, que a lo largo de varias décadas mantienen una relación amorosa mientras trabajan juntos en varios espectáculos musicales. Cuenta con un gran trabajo de decorados a cargo de Boris Leven, Harry Kemm y Robert De Vestel, pero no fue suficiente para atraer al público a las salas y amortizar el alto coste del filme. Este tributo musical a la ciudad natal de Scorsese, fue un rotundo fracaso de taquilla. Para entonces, Scorsese ya había desarrollado una grave adicción a la cocaína.

Entre su adicción y la depresión provocada por el último filme, Scorsese aún encontró la creatividad suficiente para hacer The last Waltz (El último vals), 1978), un documental bellamente fotografiado sobre un concierto de The Band. Ese mismo año, apareció otro documental dirigido por Scorsese, titulado American Boy.

Convencido de que estaba haciendo su última película, Scorsese invirtió todas sus energías en Raging bull (Toro Salvaje), sobre la vida y la carrera pugilística del violento y perturbado Jake LaMotta, de nuevo sobre guión de Paul Schrader, que adaptaba libremente las memorias del deportista. Scorsese decidió rodar en blanco y negro, en parte para atenuar el rechazo a la enorme violencia del filme y en parte para hacerlo más realista, pero también perdió así gran potencial comercial. Robert De Niro interpretó con gran talento a LaMotta (ganaría su segundo Oscar por este papel), y Joe Pesci a su hermano. Además, ésta película supone el comienzo de la colaboración con la montadora Thelma Schoonmaker, viuda de Michael Powell, a la que conoció en los trabajos de Street scenes y Woodstock, y que desde entonces ha sido fiel colaboradora en todos sus proyectos y que le ayudaría a cristalizar sus ideas sobre montaje.

La película no resultó ningún éxito de público, pero afianzó nuevamente a Scorsese en el podio de los realizadores más poderosos del panorama norteamericano, a la vez que de los más arriesgados, en pleno momento de crisis, con los estudios radicalizando sus ideas y con los autores en estado de sospecha tras los fracasos de directores como Michael Cimino y Francis Ford Coppola. Recuperado por tanto de sus adicciones, Scorsese empezó la nueva década con una película votada la mejor de la década de 1980, por la revista británica Sight and Sound.

Por entonces Scorsese ya le daba vueltas a dos proyectos que tardarían en ver la luz: la adaptación de The Last Temptation of Christ (La última tentación de Cristo, 1988) de libro de Nikos Kazantzakis «La última tentación» (1951), y la adaptación de Gangs of New York. Originalmente, la primera iba a ser producida bajo el sello Paramount Studios en 1983 con Aidan Quinn en el papel de Jesús y Sting en el de Poncio Pilatos. Sin embargo, Paramount se retiró días antes de comenzar la filmación, argumentando presiones de grupos religiosos, por lo que el proyecto tuvo que esperar casi cinco años. La segunda sería una colosal producción para la que el director no tuvo inversión hasta veinte años después.

Tres años después de su drama sobre el boxeo, Scorsese estrenaría una de sus películas menos conocidas y más reivindicables, la comedia negra King of comedy, de nuevo interpretada por De Niro, que daba vida a un fanático de un cómico encarnado por Jerry Lewis. Nuevo fracaso de taquilla.

En 1985 regresa a Nueva York para rodar un filme más acorde a lo que generalmente se espera de él, esto es: un retrato de los bajos fondos neoyorquinos. Afer Hours representa, en cierta medida, un retorno a ambientes en los que él se maneja a la perfección, aunque esta ocasión se trata de un relato con tintes kafkianos, en el que un pseudo yuppie vive una delirante pesadilla dentro de los límites más perturbadores del Soho. La película obtendría un más que digno resultado en taquilla y le reportaría a Scorsese el premio al mejor director en el Festival de Cannes.

En 1986, dirigió The color of money (El color del dinero), protagonizada por Paul Newman, Tom Cruise y Mary Elizabeth Mastrantonio. El filme es una secuela de The hustler (El Buscavidas, de Robert Rossen), en la que Paul Newman ya interpretó al jugador de billar Eddie Felson. En esta ocasión se trata de un homenaje/segunda parte hacia aquel mítico filme, evitando el blanco y negro y proponiendo una aventura plenamente scorsesiana, con un ya maduro Felson redimiéndose de su pasado. Segundo Oscar para Newman después de que el año anterior ganara el primero como homenaje a toda su carrera.

Después, Scorsese dirigió el vídeoclip Bad (1987) para Michael Jackson.

Finalmente Scorsese pudo filmar The last temptation of Christ en 1988, con un presupuesto modesto, pues Scorsese sabía que el filme no iba a arrasar en las taquillas. Sin embargo, Scorsese no anticipó el furor y la controversia que iban a desatarse cuando el filme fue estrenado al año siguiente. Las protestas en todo el mundo llegaron a la quema de varias salas, y a su prohibición durante más de quince años en algunos países. Por este filme, Scorsese recibió su siguiente nominación al Oscar al Mejor Director; nominación que tampoco ganó. Sin embargo, el respaldo que varias figuras del mundo político le dieron a esta película otorgó credibilidad y prestigio al filme.

En 1989 se reunió con sus amigos Francis Ford Coppola y Woody Allen para rodar el filme colectivo Historias de Nueva York, para el que cada uno de ellos dirigiría un mediometraje. El primero de ellos es precisamente el de Scorsese, y quizá el mejor: Life lessons, sobre las relaciones amorosas de un pintor deprimido (interpretado por Nick Nolte), quien intenta inspirarse gracias a la presencia de Rosanna Arquette.

Lo primero que se vio en 1990 dirigido por él fue el alabado corto documental Made in Milan, en torno a la figura de Giorgio Armani. Pero ese año Scorsese dirigiría su primera película sobre la mafia desde Mean streets.

Con Goodfellas Scorsese regresa al aprendizaje acumulado en Little Italy, para contarnos la historia verídica del ‘ex-mafioso’ Henry Hill, interpretado por el entonces emergente Ray Liotta. En tono elegíaco, crispado y cínico, narra tres décadas en la vida de un trío de gangsters (Liotta, un recuperado Joe Pesci y De Niro) que trabajan para una familia siciliana asentada sobre todo en los alrededores del aeropuerto de New Jersey. Considerada por muchos analistas como una de las películas más importantes sobre la mafia que se han hecho, Goodfellas propone una irónica versión del Sueño Americano, pervirtiéndolo a través de los ojos de Hill.

La película obtuvo un sinfín de alabanzas, y era la favorita para los premios Oscar, largamente codiciados por Scorsese dada su cinefilia, pero perdió en favor del inferior Dances with wolves, aunque Pesci se alzó con la estatuilla a mejor actor en papel de reparto.

Scorsese prosiguió haciendo un remake de la película de 1962 Cape Fear (El Cabo del Terror, con De Niro como Max Caddy, Nick Nolte como Sam Bowden, Jessica Lange como su mujer y una debutante Juliette Lewis como la hija de ellos. Resultó el mayor éxito económico de su director hasta la fecha, aunque teniendo en cuenta que iba en principio a ser dirigida por Steven Spielberg mientras él haría Schindler’s List (luego se intercambiaron proyectos), y teniendo en cuenta que Spielberg ganaría el Oscar por ésta, supuso una nueva decepción más respecto al Oscar.

En 1993 regresaría a un cine mucho más personal y arriesgado, con la adaptación de Edith Warthon, en uno de sus textos más célebres: The age of innocence. Con Daniel Day-Lewis, Michelle Pfeiffer y Winona Ryder, muchos se sorprendieron de ver a Scorsese en un proyecto a lo Visconti, no sabiendo quizá lo mucho que admira él al director italiano. La película goza de una gran consideración crítica, y se mantiene hoy como un discurso más de su director dentro de la ciudad de N.Y.

En 1995 una nueva historia de gangsters, con un dúo conocido (De Niro y Pesci), y la sorprendente aportación de una fenomenal Sharon Stone, Casino, sobre los casinos controlados por la mafia en los años 70 y 80 en la ciudad de Las Vegas. Tres horas de melodrama en la línea de sus aportaciones al género y con un tono melancólico desconocido hasta el momento.

1997 sería el año de otro proyecto no muy bien recibido por sus admiradores, que siempre esperan películas de la mafia: Kundun, sobre la vida y exilio del decimocuarto Dalai Lama, una película que algunos sectores críticos intentan reivindicar.

En 1999 estrenó Bringing out the dead, que viene a ser como la otra cara de la moneda de la pesadilla urbana de Taxi driver, con un paramédico (Nicolas Cage) noctámbulo incapaz de olvidar que una noche no pudo salvar a una yonqui e intenta redimirse. La película fue acogida con frialdad.

En 2002, Scorsese por fin dirigió uno de sus más ansiados proyectos, Gangs of New York, la cual fue su empresa más arriesgada hasta el momento, con presupuesto superior a los cien millones de dólares, el más alto en la carrera de Scorsese. La reacción de la crítica hacia la película fue moderadamente positiva, y a pesar de su alto coste consiguió recuperar gastos e incluso produjo beneficios, por lo que la aventura se saldó con éxito. Además, recibió diez nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor Película, Mejor Director, y Mejor Actor (para Daniel Day-Lewis). Scorsese perdió nuevamente, esta vez frente a Roman Polanski y su El Pianista y frente a Chicago. Significó el comienzo de su alianza con Leonardo DiCaprio.

El siguiente filme de Scorsese fue The Aviator, película biográfica del excéntrico multimillonario y pionero de la aviación Howard Hughes. El filme fue lanzado a finales de 2004, con polarización de la crítica. Ganó tres Globos de Oro, incluyendo Mejor Película Dramática. En la entrega de los premios Oscar, El aviador fue la película con más nominaciones (once, incluyendo Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor para Leonardo Di Caprio). Esta vez, Scorsese también salió con las manos vacías, al ver a Clint Eastwood llevarse el Oscar al Mejor Director y a la Mejor Película con Million dollar baby.

Scorsese es Presidente de Film Foundation, una fundación sin fines de lucro dedicada a la preservación del material fílmico en deterioro.

El 5 de enero de 2005, Scorsese recibió el reconocimiento Légion d’honneur de parte del gobierno de Francia, por sus contribuciones al cine.

Después de presentar su documental sobre Bob Dylan en 2005, No Direction Home, sorprendió a todos en 2006 con su galardonada película The departed, con la cual ha cosechado numerosos elogios. En esta cinta policial se reunió nuevamente con Leonardo Di Caprio y, por primera vez, con Jack Nicholson. El 25 de febrero de 2007, la academia de las artes de Hollywood le entregaba el Oscar al mejor director (y otros 3 Oscars para esta película) con lo que se hacía justicia con uno de los más grandes directores de los EE.UU., que había sido nominado 8 veces y nunca había ganado, ni como director ni como guionista. Sin embargo muchos seguidores suyos opinan que no es más que un premio de consolación para una película menor en su filmografía.

A finales de 2007 rueda un spot publicitario para la firma de cava Freixenet. The Key to Reserva, traducido al español como La clave Reserva, en el que Scorsese ha realizado un cuidado homenaje a Alfred Hitchcock, especialmente a su película El hombre que sabía demasiado.

En 2008 realiza el documental Shine a light, sobre los Rolling Stones.

Filmografía

* 2009: Shutter Island.

* 2008: The Rise of Theodore Roosevelt.

* 2008: Shine a Light (Documental).

* 2007: The Key to Reserva (La clave Reserva).

* 2006: The Departed (Infiltrados, Los infiltrados).

* 2005: No Direction Home: Bob Dylan.

* 2004: The Aviator (El aviador).

* 2004: Lady by the Sea: The Statue of Liberty (Documental).

* 2003: The Blues: «Feel Like Going Home» (Serie de televisión).

* 2002: Gangs of New York (Pandillas de Nueva York).

* 2001: The Concert for New York City: «The Neighborhood» (Musical).

* 1999: Bringing Out the Dead (Al límite, Vidas al límite).

* 1999: Il mio viaggio in Italia (Mi viaje a Italia).

* 1997: Kundun.

* 1995: Casino (Casino, de Scorsese).

* 1995: A Personal Journey with Martin Scorsese Through American Movies (Un viaje personal con Martin Scorsese a través del cine americano) (Documental).

* 1993: The Age of Innocence (La edad de la inocencia).

* 1991: Cape Fear (Cabo de miedo, El cabo del miedo).

* 1990: Goodfellas (Buenos muchachos, Uno de los nuestros).

* 1989: New York Stories: «Life Lessons» (Historias de Nueva York: «Apuntes Del Natural», Lecciones de Vida).

* 1988: The Last Temptation of Christ (La última tentación de Cristo).

* 1987: Bad (Vídeo musical).

* 1986: The Color of Money (El color del dinero).

* 1986: Amazing Stories: «Mirror, Mirror» (Cuentos asombrosos: «Mirror, Mirror) (Serie de televisión).

* 1985: After Hours (Después de hora, Jo, ¡qué noche!, Después de las horas).

* 1983: The King of Comedy (El rey de la comedia).

* 1980: Raging Bull (Toro salvaje).

* 1978: The Last Waltz (El último vals, El último rock).

* 1978: American Boy: A Profile of: Steven Prince.

* 1977: New York, New York.

* 1976: Taxi Driver.

* 1974: Alice Doesn’t Live Here Anymore (Alicia ya no vive aquí).

* 1974: Italianamerican.(Documental).

* 1973: Mean Streets (Malas calles, Calles peligrosas).

* 1972: Boxcar Bertha (El tren de Bertha, Bertha: ladrona y fugitiva).

* 1970: Street Scenes.(Documental).

* 1967: Who’s that knocking at my door? (¿Quién llama a mi puerta?, ¿Quién toca a mi puerta?).

* 1967: The Big Shave (La gran afeitada) (cortometraje).

* 1964: It’s Not Just You, Murray! (cortometraje).

* 1963: What’s a Nice Girl Like You Doing in a Place Like This? (cortometraje).

* 1959: Vesuvius VI (cortometraje).

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NOTAS DE PRODUCCIÓN

Shine A Light documenta una asombrosa actuación de la que sin duda es la banda más grande de la historia del rock and roll, rodada por uno de los más legendarios directores americanos y un equipo de estrellas de la cámara y la cinematográfia. La película se llevó a cabo en un momento único en que todas estas fuerzas estelares se alinearon en Nueva York y fueron capaces de capturar esa gran actuación en celuloide.

La idea se forjó en Mick Jagger, mientras se encontraba en medio de la gira mundial de A Bigger Bang. Su idea en principio era hacer una película sobre la gira y Jagger tenía además en mente filmar el mejor concierto en la historia de The Rolling Stones: «Al principio pensé que sería algún tipo de grabación sobre la gira, y como íbamos a hacer este gran concierto en Rio de Janeiro, en la playa, empecé a pensar que sería distinto a otros conciertos. Iba a ser un gran evento, un millón de personas en la playa, un público gigantesco, una gran ocasión. Habría mucho material para rodar. Llegamos a realizar un presupuesto para hacerlo», comenta Jagger.

Una vez que las ruedas de acero de esta colosal empresa se pusieron en movimiento, el siguiente paso lógico era encontrar un director adecuado para esta misión. Para Jagger la respuesta era obvia: «Empezamos a pensar que si íbamos a hacer esto debíamos buscar un director de los grandes. Es bueno empezar en lo más alto», dice Jagger sonriendo. «Martin Scorsese es quizás el director americano con más talento y los Rolling Stones somos, bueno, ya sabes, una buena banda de rock, con un enfoque artesanal y clásico de las cosas, la combinación de ambos puede resultar, esperemos, en un par de horas interesantes».

Keith Richards es también un gran fan de Scorsese y dice que ha estudiado cada una de sus películas. «De alguna de ellas me sé casi todos los diálogos. Sólo escuché que Marty podría rodar a los Stones, y dije, yeah!!! Si te dan la oportunidad de que te filme uno de los grandes, ¿quién diría que no?».

¿Y cuál fue la respuesta de Scorsese a la propuesta? Creo que simplemente dijo: «Por supuesto», comenta Pearman. «Al principio recibí una llamada de su manager diciendo que les encantaría hacerlo. Entonces empezamos con las reuniones y a discutir el tema, y vimos que se trataba de una gira mundial tan enorme que, por razones logísticas, sería muy difícil reunir a toda la gente a la vez en el mismo lugar sólo para hablar sobre el proyecto».

Jane Rose, manager de Richards durante 25 años, y productora ejecutiva, describe el proceso: «Cuando nos enteramos de que Marty quería hacer la película, se reunió con Keith, y tuvieron una larga conversación sobre la historia del cine. Keith siente un gran respeto por él y estaba encantado de que le fuera a dirigir el director de Good Fellas. Confiaba en él plenamente».

Una vez que Scorsese estuvo a bordo, lo siguiente eran los productores. Llegó la participación de Steve Bing con el apoyo financiero de Shangri-La Entertainment, que ya tenían experiencia en este tipo proyectos gracias a haber participado en el concierto documental «Neil Young: Heart of Gold» y también llegó Michael Cohl, quien ha producido ya otros documentales sobre los Stones en el pasado. Esto dio forma al proyecto y lo llevó adelante.

Se celebraron reuniones para pulir los detalles del proyecto: «Tuvimos esta increíble reunión en mi habitación de hotel” dice Jagger. “Había una tormenta enorme, soplaba el viento, había una ventana que no se cerraba, las cortinas se agitaban y la araña del techo se movían de lado a lado. Hablamos de rodar en 3-D e IMAX, porque iba a ser algo muy grande, yo pensaba que iba a ser algo muy grande y Marty parecía muy excitado con la idea».

Jagger invitó al director a verles en gira, y Scorsese aceptó. Sin embargo la idea de filmar un gran concierto dio paso a otro enfoque.

«Cada vez que les veía tocar, a veces desde lejos, a veces desde el escenario, me obsesionaba más y más con filmar eso», comenta Scorsese. «Hablamos de hacer una película sobre la gira, pero en un cierto momento pensé que hacer algo más íntimo iba más conmigo como cineasta y facilitaría una mejor conexión entre el público y la banda».

Además, como dice Scorsese, un concierto de los Stones es ya de por sí un espectáculo tan grande, que ofrecer un concierto en un local más pequeño daría una perspectiva nueva de la legendaria banda. «Fui a verles de nuevo, y les vi en una pantalla. Estaban siendo rodados por 50 cámaras, ¿qué podía aportar yo a eso?, y pensé en convencerles para que tocaran en un sitio más pequeño, como el Beacon Theater de Nueva York y filmarlo con los mejores cámaras del mundo».

Y los convenció. Aunque a Jagger le costó decir adiós a su proyecto inicial, es difícil discutir el plan del director. «Marty vino y dijo que había estado pensando sobre el asunto, y que quería hacer algo más íntimo. Así fuimos de un extremo al otro, de un concierto para un millón de personas a algo pequeño. Le dije, Marty, ¿sabes que no tenemos ningún local pequeño en esta gira, verdad? y además tenemos el calendario completo, ¿cómo lo vamos a hacer?».

«Y bueno, me costó bastante hacerme a la idea porque estaba bastante convencido del tema del show gigantesco. En mi cabeza era algo increíble para un director poder rodar algo así, enorme, en la playa, en Brasil. Habría mucha acción, mucha gente y mucha música distinta».

Richards también fue receptivo a la idea de tocar en ese teatro, dónde además ya había tocado antes con su banda The X-pensive Winos: «La idea de hacerlo en el Beacon era fantástica, yo había tocado allí con los Winos. Hicimos cinco noches allí, así que conocía bien la sala».

Una preocupación mayor para Richards era el posible choque entre la banda y el equipo de rodaje durante el concierto. «Le pregunté a Scorsese si creía que se podría hacer sin que fuéramos conscientes de las cámaras, porque si no sería una película, no un concierto. No habría espontaneidad si todo el mundo estuviera pendiente de que Martin Scorsese les estaba grabando».

Para Scorsese el Beacon era el escenario perfecto, lo suficientemente grande para que hubiera espacio para las cámaras, luces, carriles para las dolly, pero lo suficientemente pequeño para capturar de cerca la química de los Stones.

«Me gustaba el Beacon Theatre de Nueva York. El escenario tenía el tamaño justo para filmar, pero también había espacio para que los Stones se movieran. Así pronto pasamos a la fase de ver cómo juntaríamos el rodaje de una película con un concierto de los Stones en el mismo escenario. Quería capturar la música y la interacción en el escenario, quería que la gente se sintiera como si estuviera arriba en el escenario, con ellos. En el montaje, quedó claro que cada canción tiene su propia historia que contar, era como si las escucháramos por primera vez. Es fascinante como funcionan esas canciones, de forma casi chamanística, son como hechizos, algo primario pero muy pensado a la vez. Cada miembro de los Stones tiene su propia personalidad y una manera de relacionarse con los otros y estás en la mejor posición para verles actuar y ver cómo envuelven al público en sus manos y básicamente lo llevan donde quieren», dice Scorsese.

El director capturó la electricidad del show con la ayuda de más de 18 cámaras, rodando cada retazo de acción desde todos los ángulos imaginables. Esas cámaras estaban manejadas por algunos de los mejores directores de fotografía del mundo, incluyendo a Albert Maysles, quien dirigió a los Stones en “Gimme Shelter”, al dos veces ganador del Oscar John Toll , todos trabajando coordinados por Robert Richardson, director de fotografía habitual de Scorsese y ganador de dos Oscars por “El Aviador” y por “JFK” de Oliver Stone, además de haber sido nominado en otras tres ocasiones. Richardson fue el responsable por ejemplo del esquema de luces, cosas como el muro de luz que estalla cuando Jagger entra en el teatro por la parte trasera de la sala.

Todo cayó en su sitio. Jagger alaba la lealtad para con su proyecto de Scorsese, y su capacidad para mantener el control sobre los elementos en un espacio pequeño. «Pienso que por eso Marty no quería hacerlo en un sitio grande, porque de esa manera estás retirado del escenario, y no tienes esa relación entre el público y la banda. Sé que Marty había visto nuestra película en IMAX y que le parecía que era algo impersonal. Además quería estar en un espacio pequeño lleno de cámaras captando un montón de ángulos, lo que te proporciona un mayor control».

Esto no quiere decir que rodar en una sala más pequeña fuera algo fácil, para el director o la banda. De hecho la primera noche en el Beacon sirvió como una especie de ensayo y calentamiento, y la mayoría del material proviene de la segunda noche.

«Hablamos sobre todas las cámaras y el único problema que vimos es que cada vez que una cámara se mueve necesita mucho espacio. Querían un montón de carriles para mover las cámaras y grúas, de todo, pero no había mucho espacio en la sala ni en el escenario. Si colocas dos grandes grúas en el escenario no queda mucho espacio libre, así que hubo que hacer recortes. Aprendimos mucho la primera noche. Fuimos mucho más eficientes la segunda», informa Jagger.

El proceso de documentar a los Stones generó algo de tensión creativa en Scorsese, algo que revela con humor irónico los primeros fotogramas de la película, y algo que también estuvo presente tras la cámara.

«Yo quería ver la música, pero tienes que darte cuenta de que si pones cinco cámaras delante de una persona que no para de moverse, es fácil que choque con alguna de ellas. Así que fue cuestión de probar y equivocarse y corregir, y tuvo mérito teniendo en cuenta que ellos estaban constantemente de gira y yo estaba terminando Infiltrados, así que fue imposible reunirnos todos de manera consistente hasta una semana antes del rodaje. Así tuve que pensar la forma de capturar todo ese movimiento con las cámaras mientras ellos también se movían. No quería inhibirlos de ninguna manera pero también quería las mejores tomas posibles».

Había dos estilos artísticos opuestos trabajando juntos, la legendaria meticulosidad de Scorsese y la espontaneidad desenfrenada de los Stones.

«Lo preparé todo meticulosamente, pero sabía que el 75% no saldría como estaba planeado, y por otra parte quería que todo saliera bien. Las cámaras tenían que estar en su sitio para capturarlo todo. Esa era la tensión. En último término había ciertos movimientos con las grúas, que pedí específicamente para algunos pasajes y los conseguimos», dice Scorsese.

También se preparó para la impulsividad de los Stones sobre el escenario con la ayuda de las muchas cámaras y de los más aclamados directores de fotografía del mundo que las manejaban.

«Una vez que designamos con qué Stone trabajaba cada director de fotografía, planeamos los seguimientos. Sabía que si Mick salía del rango de cámara de John Toll, sería recogido por otro. Tenía un gran monitor delante y si veía que algo realmente se nos estaba escapando podía decirle a la cámara número 15 que siguiera donde la 12 lo había perdido. En un principio, una vez que sabíamos los parámetros de los movimientos, de quién sigue a quien, de cómo se superponen planos, ya teníamos la base para poder trabajar. Todas esas cámaras también nos ayudaban con el problema del enfoque, porque los Stones se mueven rápido, son muy espontáneos y sería una pena tener el movimiento y no tenerlo enfocado. Así que si teníamos una cámara asignada a una posición, Richardson establecía otra para respaldar a ésta, en otra posición, sobretodo para conseguir un buen enfoque. Las imágenes primarias salen de unas cámaras y las demás son refuerzos, se intenta rellenar espacios y conseguir las mejores composiciones en situaciones imposibles».

Pearman destaca el espíritu incluyente y aglutinador de Scorsese para conseguir que banda y equipo trabajaran juntos por el éxito de la producción: «Lo maravilloso de Marty es que es muy colaborador, y que siente un gran respeto por la música. Fue fantástico contemplar tanto respeto mutuo entre las partes implicadas, ver la colaboración y haber podido trabajar como productora».

«Una las mejores cosas sobre la forma en que Marty lo organizó todo es que realmente te olvidabas de que se estaba grabando algo», comenta Richards. «Estamos acostumbrados a las cámaras para las pantallas de video, pero aunque teníamos 16 cámaras delante, no lo hubieras dicho. Marty las disimuló muy bien. No sentí que estaba actuando para las cámaras, no más que cualquier otro concierto».

«Es un placer trabajar con él, y muy fácil», dice el guitarrista Ron Word. «Me gusta su ética de trabajo y su credibilidad, es como un chaval de instituto pero mayor, con una actitud relajada, en plan, disfrutemos, riamos y vayamos a por el trabajo, a ver qué sale. Es un tipo muy cálido, y creo que saca lo mejor de ti, sea lo que sea. Te hace sentir cómodo, incluso con todas esas cámaras alrededor. Miraras donde miraras veías un trípode enorme con un aparato enorme encima y alguien señalando a alguien. Pero tenías que concentrarte en la música que era lo que Marty quería».

Las canciones de los Stones han aparecido a menudo en películas de Scorsese, declara Pearman: «Ha usado canciones de los Stones en muchas de sus películas y siente un enorme respeto por ellos».

«Sus canciones siempre han resultado extraordinariamente bien en el cine, hay una energía, y una autoridad en su música… He utilizado Gimme Shelter en dos de mis películas. La idea de que estamos solos, pero a veces necesitamos un refugio, y no lo voy a conseguir de ti y voy a tener que buscarlo yo mismo, es un reflejo de la desesperación que existió en cierto momento de los 60 pero también es algo contemporáneo, por eso la volví a utilizar para Infiltrados, es un reflejo de dónde nos encontramos hoy en día. Esa película retrata como una zona 0 moral, no sabes la posición de nadie, nadie parece decir la verdad, ¿y qué demonios significa la verdad de todas maneras? Gimme Shelter era la única que parecía funcionar».

Mucho antes de que Scorsese se convirtiera en un director famoso, antes incluso de que viera a los Stones en directo, la música de la banda le habló en un lenguaje cinematográfico.

«Su música era una inspiración. Los Stones tienen una fuerza muy poderosa para la música y el sonido que crean. Tiene que ver con la forma en que la banda se orquesta, el uso de las guitarras y la batería y el sonido de la voz de Mick. Hice mis primeros cortometrajes en 1963 ó 1964, y cierta música creó unas impresiones visuales en mi mente que han permanecido conmigo. Los Stones fueron claves creando imágenes en mi imaginación, sentimientos e impresiones que encontraron su camino en muchas de mis películas. El sello de Malas Calles, por ejemplo, fue Jumpin Jack Flash. Todo esto ocurrió incluso antes de que los viera en persona. La primera vez que los vi fue en el Madison Square Garden, o al menos algo que se les parecía, porque estaba sentado muy alto en los asientos malos. Pero para entonces ya estaba hecho en mi cabeza. En otras palabras, creaba guiones en mi cabeza mientras escuchaba su música», dice.

Richards y los Stones no son novatos en el tratamiento cinematográfico por los grandes maestros. De los más de 18 documentales que se han hecho sobre ellos, Shine A Light es uno más de la docena encabezados por un «autor». Está el que hizo Jean Luc Godard en 1968 desde una postura activista-arrivista, «Sympathy for the Devil: one plus one»; el documental de limitado estreno de Robert Frank (fue mostrado en público quizás tres veces), sobre su depravada vida durante las giras, «Cocksucker Blues»; el film artístico de Peter Whitehead «Charlie is My Darling»; el «Gimme Shelter» de los hermanos Maysles, y el «Let’s Spend the Night Together» de Hal Ashby. Seguidor del cine como es, Richards dice: «No hay que olvidar Hail!, Hail!, Rock and Roll», un documental de Taylor HAckford sobre un legendario concierto de Chuck Berry, en el cual Richards aparece y que también coprodujo. «Para mí, Shine a Light está a la par que ese film. Es diferente porque es un show de los Stones, pero como película sobre el rock and roll es muy superior».

¿Y por qué es este film tan importante para él como intérprete y como artista? «De hecho, para mí», dice Richards, «lo que fue realmente fascinante fue conseguir que Marty se encargara de esto, y su visión. Para mí, el asunto era que Martin Scorsese quería hacer algo, y yo pensé, bien, debe tener algo en la cabeza que vaya más allá de este tipo de actuaciones grabadas. Así que de verdad quería averiguar qué era lo que Marty quería».

¿Quién habría adivinado que detrás del disfraz del último rockero rebelde late el corazón de un amante del cine de filmoteca que sólo quería complacer a uno de los grandes autores? «Cuando estás de verdad ahí arriba haciendo el trabajo, realmente lo transmites todo al director, así que en ese sentido sólo haces lo que tienes que hacer, y tratas de hacerlo lo mejor posible, y al final puedes ver si lo hiciste o no, y entonces te paras a ver, ahhh, esta es su visión de todo esto», observa Richards. «Tal y como es revelado lentamente en Shine a Light, el inteligente uso que hace Marty del material de archivo y de las imágenes en directo, por ejemplo, dan un buen sentimiento de ello. Te vas dando cuenta de ello lentamente, mientras lo ves. De otra manera, no tienes ni idea. No puedes meterte en el cerebro de otra persona».

La atención de Scorsese a los detalles y su sentido musical en la edición son otros de los sellos que atraparon a Richards. En una escena, el artista invitado Jack White sube al escenario para interpretar «Lovin’ Cup», una pieza con tres guitarras acústicas en la cual Jagger se ata una Taylor acústica y White utiliza un ‘metal slide’ sobre su propio mástil. El filme entonces muestra a Richards con una acústica de 12 cuerdas para interpretar la canción de los 60 “As tears go by”, una de las actuaciones más raras de la noche.

El tratamiento de las guitarras en esta secuencia fue la evidencia definitiva que tuvo Richards de que se había puesto en manos de un maestro. «¿Cuántas veces hemos visto dedos yendo arriba y abajo?», dice Richards. «Lo que hizo Marty fue volver la observación hacia un Rembrandt. Muestra la belleza de la guitarra en sí misma. No se trataba sólo de quién las tocaba. Eran planos preciosos sobre los instrumentos en sí mismos, lo que me parece muy, muy bonito».

De acuerdo con Richards, fue Scorsese quien le empujó a interpretar «You Got the Silver», del clásico álbum «Let it Bleed», en la película. «Fue un momento muy especial para mí, porque fue la primera vez que lo hacía sin tocar realmente la guitarra. Soy un guitarrista, ya sabes», ríe. «Quiero decir, a veces canto. Pero simplemente la libertad de hacerlo sin tener que pensar en la mano derecha y en la izquierda, y tener que averiguar qué es lo que vas a hacer sin la guitarra, porque tienes que hacer otra cosa. Tienes que moverte con la banda. Fue una gran novedad para mí, y muy muy divertido».

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