Estreno en España: 5 Diciembre 2007

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Sinopsis

Mr. Brooks es un hombre torturado incapaz de controlar sus emociones. Tiene una mitad diabólica, un álter ego amante del asesinato y el caos. La detective Atwood es una experimentada investigadora cuya devoción por su trabajo capta la atención y la admiración del asesino que esconde Mr. Brooks.

 

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Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

Uno comienza a ver Mr. Brooks y se le aparece la imagen de John Lithgow en Demente (Raising Cain), aquel film absurdo y excesivo que, precisamente por ello, fue de los más criticados en la filmografía de Brian De Palma. Lithgow teñía con su rostro el tono general de la película y borraba de un plumazo todo atisbo de verosimilitud y seriedad en su narración. Mr. Brooks se relaciona con Marshall (William Hurt, por lejos, el mejor del elenco), aquel que, desde las sombras de su propia conciencia, lo incita a hundirse en su adicción a los crímenes, de forma tan desbordada como lo hacía Lithgow con su lado oscuro. La diferencia es que Mr. Brooks, la película, pretende ser un thriller serio, y los confusos y ambiguos reveses de la trama, atentan permanentemente contra esta idea. Cuando uno termina de ver esta película, correctamente protagonizada por Kevin Costner, no termina de saber con qué se ha encontrado. En principio, con una historia con momentos y situaciones que exceden la lógica del cine de suspenso, a la vez que estas mismas situaciones terminan sin ir un paso más allá, y se vuelven presas de su propia forma. No sabemos si estamos ante las fantasías del señor Brooks, o ante los hechos que le sirven a la detective Tracy Atwood (personaje que hubiera estado completamente de más, si no estuviese incluso mejor construido que el propio Brooks) para buscar al asesino de las huellas. En realidad estamos ante ambos, pero la trama no termina de decidir qué camino tomar. Y la indecisión, y la multiplicidad de subtramas que se abren, no hacen más que agregar confusión a lo que se quiere contar. Imaginemos, si este film lo hubiese dirigido David Lynch, habría tenido mucha más lógica, una lógica anárquica, propia de las películas lyncheanas, pero lógica al fin. Lo cierto es que no la dirige Lynch, ni De Palma, y queda como un subproducto que no es una cosa ni la otra, y si se hubiera animado a transitar un camino, el de la lógica detectivesca o el de las fantasías del protagonista, pero solo uno de ellos de principio a fin, estaríamos ante una película completamente distinta.

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Dirección: Bruce A. Evans.
País:
USA.
Año: 2007.
Duración: 120 min.
Género: Thriller.
Elenco: Kevin Costner (Mr. Brooks), Demi Moore (Tracy Atwood), William Hurt (Marshall), Dane Cook (Smith), Marg Helgenberger (Emma Brooks), Ruben Santiago-Hudson (Hawkins), Danielle Panabaker (Jane Brooks), Aisha Hinds (Nancy Hart), Lindsay Crouse (Lister), Jason Lewis (Jesse Vialo), Matt Schulze (Thorton Meeks).
Guión: Bruce A. Evans y Raynold Gideon.
Producción: Kevin Costner, Jim Wilson y Raynold Gideon.
Música: Ramin Djawadi.
Fotografía:
John Lindley.
Montaje: Miklos Wright.
Diseño de producción: Jeffrey Beecroft.
Vestuario: Judianna Makovsky.
Estreno en USA: 1 Junio 2007.

 

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CÓMO SE HIZO «MR. BROOKS»

1. Origen del proyecto

La perturbadora cuestión acerca de cómo es posible que un vecino carismático, socio de una empresa floreciente, y padre de familia pueda ocultar la personalidad de un asesino despiadado lleva mucho tiempo confundiendo a la sociedad, inspirando a guionistas y novelistas quienes invitan al público a mundos oscuros llenos de suspense y cierta fascinación jamás visitados con anterioridad. Con el Sr. Brooks asistimos a una propuesta renovadora en esa narración acerca de cómo un hombre puede llevar una doble vida, la del éxito resplandeciente y la del crimen pavoroso. ¿Es el Sr. Brooks un tipo fantástico del que poder estar orgulloso al llamarlo amigo, o se trata de un asesino retorcido con el que definitivamente no quisiéramos toparnos por equivocación una noche oscura? Seductor y letal a un tiempo, gallardo y amoral contra toda medida, el Sr. Brooks resulta tan irresistible y terrorífico precisamente porque suma ambos extremos. “La cuestión estriba en el hecho de que el Sr. Brooks podría ser perfectamente alguien a quien conocemos” —comenta el director Bruce Evans, que ha coescrito el guión del film con su viejo amigo Raynold Gideon—. “Todos tenemos nuestro lado oscuro, pero el Sr. Brooks lleva el suyo al límite. Es el tipo que jamás creerías capaz de matar una mosca, que adora con pasión a la familia, y que lleva una maravillosa vida acorde con la medida de la normalidad, sin embargo, le domina una compulsión terrible que es incapaz de controlar”. La intensidad en el drama, la oscuridad y el suspense que nutren la cinta ha significado un punto de partida de lo más imponente para casi la mayoría de todos los involucrados en la producción de Mr. Brooks. Eso fue así desde el mismo arranque, cuando Evans y Gideon —célebres por el guión nominado al Oscar del ahora todo un clásico del cine iniciático, Cuenta conmigo (Stand by Me, 1986), así como por comedias de atronador éxito como De jungla a jungla (Jungla 2 Jungle, 1997), y el film romántico de ciencia-ficción Starman (Star Man, 1984)— comenzaron a enfrentarse a una historia en nada parecida a cualquier otra que hubieran emprendido antes.

Gideon explica: “Habitualmente, se nos asocia a los filmes familiares; sin embargo, esta vez hemos querido ahondar en una historia más oscura. Ambos creímos que la adicción era una zona interesante, lo que nos llevó a preguntarnos cuál podría ser la adicción más horrible, y a la idea de un hombre cuya adicción consistía en asesinar a gente, una actividad que le encanta y le resulta imposible contener, aunque le gustaría dejar de exponer a su familia a los peligros inherentes”.

Mr. Brooks surgió de este modo y con él cobró vida su alter-ego, Marshall; los más inexplicables pensamientos y urgencias del Sr. Brooks se corporizan en una especie de “amigo imaginario” diabólico” —Evans sigue—: “Marshall es la voz que todos tenemos en la mente diciéndonos: ‘Adelante, se malo; ya verás que es estupendo, y divertido;’ y el personaje nos facilita el modo de visualizar eso”.

Con esta singular hoja de ruta alimentando la locura inmoral que anida en la cabeza de un asesino, Evans y Gideon ya podían explorar el descenso del Sr. Brooks hacia su propia peor pesadilla, cuando se ve encalzado tanto por una detective como por una joven “admiradora” perturbada, al tiempo que encara la posibilidad de que la horrible verdad acerca de él vea finalmente la luz y destruya a su familia.

La cultura popular y las películas clásicas han mostrado largamente la torcida realidad del asesino en serie en obras como los libros de Hannibal Lecter, y las peliculas de Zodiac Killer, de El estrangulador de Boston, El talento de Mr. Ripley, Extraños en un tren, Seven, Psicosis, o Jack el destripador, y el reciente asesino lleno de remordimiento de la célebre serie de Showtime, Dexter (2006), entre muchos otros ejemplos. Evans y Gideon vislumbraron que la historia del Sr. Brooks podía transitar por terreno no pisado. Sus crímenes son distintos, pues el Sr. Brooks lleva a cabo una especie de cortejo inquietante con sus víctimas: las escoge con sumo cuidado, las sigue, aprende de sus hábitos y estilo de vida, y luego experimenta una euforia inusitada cuando consuma la “relación” con un asesinato ejecutado espeluznantemente pero planeado con absoluta eficiencia.

“Earl Brooks no es el asesino en serie al uso” —opina Evans—. “Siempre hemos pensado en él como un genio haciendo radiografías de la gente, como el tipo más inteligente del salón. Justo eso es lo que lo ha convertido en un hombre de negocios y marido con tanto éxito: sabe lo que los demás están pensando. Y es esa misma capacidad la que le hace un asesino tan eficiente. Lee el pensamiento de las víctimas y el de los investigadores de la policía, manteniéndose siempre un paso por delante de todos ellos, lo que forma parte de esa sensación que experimenta y a la que se ha hecho adicto”.

Sin embargo, el hecho de que el Sr. Brooks sea percibido como alguien de incuestionables entereza y rectitud en el seno de su comunidad también parecía acertar con una realidad que ha desorientado a muchos en la cultura popular. “A menudo se ve y oye en los mass media declaraciones sobre los asesinos como ‘Era tan buen tipo…,’ o ‘llegaba a ser tan encantador…’” —aproxima Evans—. “Incluso el histórico BTK Killer (el asesino que ataba, torturaba y asesinaba), [Dennis Rader], era diácono de la iglesia. En ocasiones, la gente puede ocultar el lado oscuro de sí misma a ojos de todo el mundo, y creo que ello es parte de lo que nos intriga con respecto a ese tipo de personajes”.

A medida que la historia de Earl Brooks iba desplegándose, los guionistas se vieron sorprendidos por los súbitos cambios de dirección que aquello tomaba. “Nos gusta escribir de un modo muy orgánico, de modo que las sorpresas no cesan de producirse” —informa Gideon—. “Para nosotros, una de éstas fue cuando Marshall penetra en la historia de súbito y verbaliza todos los miedos, engaños, ansias, y percepciones erróneas jamás dichas del Sr. Brooks, que de hecho basten su instinto de supervivencia. Y ello se hacía también cierto con la hija del Sr. Brooks. Con franqueza, no sabíamos de quién se trataba hasta que empezamos a preguntarnos la razón por la cual Jane había dejado la escuela. Ello nos llevó hacia algunas direcciones interesantes”.

El tono del guión también evolucionó orgánicamente, bebiendo tanto de la comedia negra como del film noir elegante de modo que se genera una tensión competitiva entre ambos. “La comedia surge dada la mirada sobre la vida que compartimos Ray y yo” —comenta Evans—. “Creo que ambos percibimos que todos cabalgamos al borde del abismo, y aún así la vida es en verdad divertida. No importa cuan oscuras puedan llegar a ser las cosas… siempre hay un momento cómico”.

Intrigados en cada momento por el siguiente movimiento del Sr. Brooks, Evans y Gideon se vieron escribiendo a todo gas, finalizando el guión en tan sólo diez semanas. Incluso mientras escribían ya iban vislumbrando cuál sería el actor a quien más les gustaría ver encarnando al Sr. Brooks; siempre se les aparecía Kevin Costner. Los dos guionistas creyeron que sería el hombre perfecto justamente porque estaría actuando de modo absolutamente opuesto a la tipología.

“La percepción que se tiene de Kevin es tanto la del héroe romántico o de acción que precisamente por ello era el tipo de actor que queríamos” —nos explica Evans—; “el héroe carismático que te arrastra hacia él y entonces, súbitamente, te deja perplejo al comportarse de este modo totalmente opuesto”.

En un primer momento, la idea de Costner dando vida al Sr. Brooks no era mucho más que un castillo en el aire, particularmente teniendo en cuenta que Evans albergaba la esperanza de hacer de esta cinta su segunda tentativa como director cinematográfico. Sin embargo, aspirando a lo máximo con el mayor atrevimiento, Evans y Gideon pasaron el guión completo a su mutuo amigo Kevin Reynolds, quien impresionado por la historia se comprometió a hacerlo llegar a manos de Costner. La espera que siguió podría catalogarse de dantesca mientras las informaciones que llegaban hablaban de un Costner que estaba fuera, o de que no había recibido el guión, o peor aún, que lo había perdido. Pero entonces se produjo la llamada telefónica que lo cambió todo.

“Hubo una llamada, y la voz dijo: ‘Hola, soy Kev,’” —recuerda Gideon—. “A lo que respondí: ‘Kev, ¿quién?’; y entonces la voz respondió: ‘Kevin Costner. ¿Por qué no os dejáis caer por mi casa y así hablamos del guión?”

A aquel encuentro tan largamente esperado, siguieron más conversaciones; finalmente, Costner estaba dentro y del todo, pues no sólo se comprometió a protagonizar la cinta sino también a producirla como film independiente. A propósito de su primera reacción, Costner nos comenta: “Es una historia muy oscura, pero enfocada con inteligencia; uno se ríe a carcajadas pese a, o precisamente debido a lo escalofriante que llega a ser. Creo que se trata de una narración verdaderamente irresistible surgida de un tema muy escabroso”.

Y continúa: “Quedé atónito por la calidad del guión y por la capacidad para devenir ventana por la que mirar en el interior de la vida de un asesino en serie. Al Sr. Brooks no se le da cuartel, y se suministra una visión realmente intrigante del interior de la mente de un hombre horrible. En verdad que el guión transita por el filo de la navaja”.

Junto a Costner, también se incorporó al proyecto el productor Jim Wilson, que cofundó Tig Production con el actor y ha producido muchas de las películas del mismo, entre ellas la oscarizada Bailando con lobos (Dances with Wolves, 1990); El guardaespaldas (The Bodyguard, 1992); Wyatt Earp (Wyatt Earp, 1994) y Mensaje en una botella (Message in a Bottle, 1999).

En un primer momento, Wilson se sorprendió por el argumento, pero el guión y la idea de un cambio de dirección radical en la carrera de Costner le estimularon. “En verdad que se trataba de un papel absolutamente inusual para Kevin” —admite Wilson—. “Recuerdo preguntarle: ‘¿Estás seguro de querer hacer esto?’ Y me respondió que ‘absolutamente.’ Una vez que leí el guión, me pareció uno de esos materiales que no puedes abandonar hasta que se acaba; me gustó que no se tratara simplemente de un thriller, que presentara la lucha de la consciencia y el fracaso de la misma en ese embate, ocurriendo todo en lo más hondo del Sr. Brooks. Por encima de todo, lo que me encantaba era lo impredecible; se trata de una historia acerca de un asesino que no transita por ninguno de los senderos habituales. Pese a tratarse de alguien diabólico, el Sr. Brooks es como una cebolla de infinitas capas. No puedes evitar querer saber más y más acerca de quién es en realidad y qué lo hace funcionar”.

Bruce Evans nos habla acerca de su trabajo con Wilson: “Se trata del tipo de productor tan interesado en lograr una buena película que con tal de lograrlo casi no te deja respirar. Captó maravillosamente la esencia de lo que tenía que ser el film, y nos permitió mucho margen de maniobra para poder realizarlo del mejor modo posible”.

Con objeto de lograr que la visión que tenían cobrara vida, los productores se asociaron con Element Films, sitos en Los Ángeles y uno de los nuevos sellos de producción y financiación de cine independiente a la cabeza del sector, bajo la dirección de Sam Nazarian y Adam Rosenfelt. Con anterioridad, Element había producido una lista de filmes independientes interpretados por actores como Edward Norton, Ryan Reynolds, Laurence Fishburne, Ryan Phillippe, Brendan Fraser, y Michael Keaton, entre otros.