Estreno en España: 6 Julio 2007

Puntuación: * * * (de 5)

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Sinopsis

Un grupo de misioneros viaja al corazón de la selva del Amazonas en busca de los waodani, una tribu de fieros guerreros al borde de la extinción. Cuando cinco de los misioneros mueren atacados por las lanzas de un feroz grupo tribal, sus familias, empujadas por su inmensa sensación de pérdida, deciden viajar a Ecuador y arriesgar su vida viviendo entre los waodani. Un joven, que lucha por encontrar sentido a la muerte de su padre, debe aprender a aceptar una tragedia que no puede cambiar en esta historia de sacrificio, coraje y redención basada en un hecho real.

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Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

Película de tintes épicos y basada en una historia real, que recuerda el tono de films pacifistas como Bailando con lobos. Aquí, el problema mayor para construir ese mensaje de convivencia racial, es la imagen excesivamente cruel que se da de los waodani, una tribu acostumbrada a matarse entre sí. De esa manera, el hombre blanco es aquel hombre imbuido de una descomunal bondad, casi un santo (como el apellido del protagonista) que se interna en tierras desconocidas, en nombre de paz y para aportar su cuota de civilización. Una imagen limitada sobre el conflicto, que la emparenta con las historias de los western clásicos. Quizás lo más interesante desde el punto de vista narrativo, sea la forma en que se muestra la falta de comunicación entre el hombre blanco y el indio, y el mejor personaje sea el de Dayumae, la mujer india que convive con los blancos y vuelve a la tribu, oficiando de nexo entre un pueblo y otro. Sin embargo, lo más atractivo de la película es el sorprendente despliegue visual, sorprendente además por ser una ópera prima. Los paisajes están muy bien aprovechados, y la puesta en escena, salvo algunos errores, logra esa cuota de belleza épica, bastante dejada de lado en el cine norteamericano de los últimos años. La música, que no se diferencia de las bandas sonoras tradicionales, en determinados momentos se integra perfectamente a las imágenes, como en los planos generales del avión internándose en la selva, y en la escena de la muerte de Nate Saint, mientras que en otros momentos se extiende demasiado. Una película dura y bella, bien narrada en general, y con un planteo histórico que no consigue escapar de ciertos elementos trillados y lugares comunes.

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Dirección: Jim Hanon.
País:
USA.
Año: 2005.
Duración: 108 min.
Género: Drama.
Interpretación: Louie Leonardo (Mincayani), Chad Allen (Nate Saint/Steve Saint), Jack Guzman (Kimo), Christina Souza (Dayumae), Chase Ellison (Steve de joven), Sean McGowan (Jim Elliot), Sara Kathryn Bakker (Raquel), Cara Stoner (Marj Saint), Beth Bailey (Elisabeth Elliot), Gil Birmingham (Moipa).
Guión: Bill Ewing, Bart Gavigan y Jim Hanon.
Producción: Bill Ewing, Mart Green, Tom Newman y Bart Gavigan.
Música: Ronald Owen.
Fotografía:
Robert Driskell Jr.
Montaje: Miles Hanon.
Diseño de producción: Clarence L. Major.
Vestuario: Mari-An Ceo.
Estreno en USA: 20 Enero 2006.

 

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Biografía de Jim Hanon

Con más de veinte años de experiencia en publicidad y cortometrajes, Jim Hanon es director y coguionista de El Final del Espíritu.

Fue vicepresidente de la importante agencia de publicidad Leo Burnett en Chicago antes de cofundar su agencia de publicidad y su productora. Se unió a Every Tribe Entertainment como Director del Departamento de Guiones.

El trabajo de Hanon le ha colmado de reconocimiento tanto entre el público como entre la crítica. Ha obtenido el premio del Festival de Cine Internacional de Nueva York y el del Festival de Cine Internacional de Chicago.

CÓMO SE HIZO «EL FINAL DEL ESPÍRITU»

En enero de 1956 un grupo de misioneros americanos y sus familias se trasladaron a la selva amazónica de Ecuador. Su intención era establecer contacto con una tribu salvaje, conocida entonces como los Auca, pero llamados hoy en día los Waodani. Este pueblo era totalmente ajeno al mundo de la civilización y además estaban al borde de la extinción debido a su violenta forma de vida. Los americanos encontraron la tribu pero fueron brutalmente asesinados. Sus mujeres se trasladaron a vivir a la tribu y los Waodani vieron como su estilo de vida cambiaba de la violencia a la paz. El resultado de este cambio ha hecho que la media de homicidio dentro de la tribu haya descendido más del 90%. Esta sorprendente historia de aventuras, suspense, tragedia y reconciliación, basada en un hecho real, ocupó titulares en los medios de comunicación más importantes de todo el mundo. Un periodista gráfico de la revista Life dijo de ella: “Ha sido una de las aventuras más extraordinarias de mi vida; el reportaje más gratificante que he tenido. A los lectores de Life les ha entusiasmado”. La historia ha sido también el punto de partida de numerosas publicaciones. En los cincuenta años que han pasado desde que esto ocurrió, los Waodani han pasado de la Edad de Piedra al siglo XXI. Muchos han sido los que han querido llevar la historia al cine, pero por diversas razones, entre ellas que no se habían conseguido declaraciones de nadie cercano a los Waodani, no ha sido posible hasta el momento.

El productor Mart Green se interesó por la historia y quiso contarla desde el punto de vista de la tribu, mostrando lo que los Waodani sintieron y experimentaron tras entrar en contacto con los misioneros. Logró convencer a Steve, el hijo de uno de los misioneros que murió y sobrino de Raquel, la mujer que vivió en la tribu junto a los Waodani. Steve, aunque vivía en Estados Unidos, había nacido en Ecuador por tanto era el nexo perfecto entre la cultura norteamericana y la cultura Waodani.

El guionista y director Jim Hanon nos comentó: “Steve ha visto cómo su familia se convertía en una familia Waodani por tanto respeta y protege de una manera muy especial a todos los que aparecen en la historia. Esto hace que se convierta en la clase de amigo que te gustaría tener aunque también es un tipo difícil a la hora de hablar sobre los derechos de la película. Steve quería el cincuenta por ciento de los beneficios de la película para ayudar a los Waodani y a otras tribus indígenas y Mart Green, que era el responsable de financiar el proyecto, estaba totalmente de acuerdo”.

Antes de empezar a rodar los productores decidieron vivir con los Waodani y hacer un documental sobre su tribu. Esto les ayudó a hacerse una idea de la historia mucho antes de empezar a rodar la película.

Los productores Bill Ewing y Bart Gavigan se unieron a Jim Hanon para escribir el guión. “Esta historia es bastante compleja así que el proceso de creación del guión nos proporcionó la visión de la historia que mejor ilustraba el conjunto. Lo que parece invisible en un personaje puede encontrar una expresión física y materializarse en la estructura global de la película”.

“Que un guión sea bueno o malo depende del conocimiento que el director tenga de la historia. Los actores siguen también un proceso similar. Ellos hacen que la película resulte mejor o pero en la medida en que se involucran en su papel lo mismo que el director se involucra en el proceso global”.

La mayor parte de los personajes de la historia son miembros de tribus de las selvas de América del Sur, por tanto, se buscaron actores latinos. Louis Leonardo, dominicano pero afincado en Nueva York, fue elegido para interpretar a Mincayani, el guerrero salvaje que finalmente se reconcilia con Steve, el hijo del hombre que mató algunos años atrás.

El afamado actor Chad Allen fue elegido para interpretar a uno de los misioneros asesinados y al hijo de éste, Steve, cuando ya de adulto regresa al poblado Waodani. Allen ha actuado desde muy joven en series y películas para la televisión y actualmente su carrera está en pleno auge.

Con respecto al casting en el que encontraron a Chad Allen para interpretar al padre y al hijo, Hanon dice: “Estábamos contando la historia con toda la autenticidad que podíamos, respetando el punto de vista de los Waodani. Ellos vivían en un círculo de venganza en el que los hijos son responsables de vengar la muerte de los padres. Queríamos que Steve se pareciera físicamente lo máximo posible a su padre cuando, ya adulto, se encuentra cara a cara con el indio que le mató. Consideramos que con este parecido físico el dolor, la culpa y el tormento del personaje de Mincayani sería mayor y más acusado al enfrentarse con el hijo del hombre al que mató”.

Cristina Souza, otra latina afincada en Nueva York, fue elegida para el papel de Dayumae, la chica Waodani que escapa para salvar su vida y que abre el camino a las esposas de los misioneros para visitar la tribu y establecer contacto con ellos. Souza, que empezó a actuar con tan solo cinco años, consiguió una gran ovación por parte del público del musical Fama en el que interpretaba a Carmen. Ha sido protagonista de Selena: A Celebration of Life.

Al comenzar la producción, el director y los productores se encontraron con un gran obstáculo en las localizaciones. Según el director “no puedes experimentar el viaje de una tribu por la selva si no tienes selva”.

“Mientras hicimos el documental, vivimos con los Waodani y queríamos que el espectador experimentara los mismo que experimentamos nosotros. Exploramos la zona alrededor del territorio Waodani en Ecuador e intentamos que todo saliera bien. Queríamos involucrar a la tribu en el rodaje y pensamos que podíamos alquilar sus servicios para que construyeran las cabañas que íbamos a necesitar pero tras siete días de evaluación nos dimos cuenta que no podíamos ofrecer al equipo y a los actores todo lo que necesitaban. Las semanas de preproducción y de rodaje fueron muy duras”.

Bill Ewing se encargaba de buscar las localizaciones. Había viajado por todo el mundo con un proyecto anterior para encontrar localizaciones en la selva. Había llegado hasta Panamá, a una zona en la que los militares habían construido carreteras en un área de selva extremadamente densa. En esa zona se habían rodado otras películas como Basic o El Sastre de Panama. En nuestro caso, Panamá se convirtió en nuestra localización principal para la fotografía de la película”.

Mark recuerda “Durante nuestra exploración por la selva visitamos la tribu Embera que vive de manera muy similar a los Waodani. Mark Fincannon, nuestro director de casting, nos abrió las puertas hasta ellos de una manera sorprendente. Llevamos a Steve a uno de los poblados y él mismo les explicó la historia. Esta tribu habla español, además de su lengua nativa., por tanto era fácil comunicarse con ellos. La historia les impactó y estuvieron de acuerdo en ayudarnos con la película. Muchos de los miembros de la tribu participaron como actores en la película interpretando a indios Waodani, y se mezclaron con los otros miembros del equipo. Kathleen Thompson trabajó mucho para hacer que tanto los indios como el resto de los actores internacionales parecieran miembros de una misma tribu”.

Además, se eligieron a ocho Waodani para ir a Panamá a trabajar junto a los Embera. Sobre todo les enseñaban a cazar, pescar y técnicas para usar la lanza con destreza. También les enseñaron cómo hacían sus útiles de cocina y otras herramientas. Las dos tribus viven en la selva de una manera muy similar: duermen en hamacas, llevan poca ropa, corren descalzos por la selva…

Hanon dice: “Los Embera nos dijeron que esperaban que este proyecto impactara a la tribu y les ayudara a vivir mejor. Los Waodani también nos dijeron que esperaban que su historia ayudara a los Embera a vivir mejor. Teníamos por delante unos días muy interesantes”.

Rodar en el interior de la selva requería mucha imaginación, sobre todo para adaptar el equipo de rodaje a las peculiaridades del entorno. En el tiempo en que estuvimos haciendo el documental previo, el director y el equipo creativo habían diseñado unos sistemas de cámara que permitían capturar unas tomas muy buenas de los momentos de caza y de las carreras por la selva para utilizar más tarde en la producción.

Sabíamos que nuestro presupuesto no podía costearse los sistemas de los que disponíamos,” dice Hanon. “Necesitábamos tecnología de bajo coste que nos ofrecieran soluciones de alta calidad y que, por lo tanto, pudieran mantenerse”.

El director tenía en mente tres conceptos diferentes para lograr sus objetivos. El primero era un rail de luz modular que se podía instalar en terrenos poco uniformes, que se podía extender con facilidad a unos cien pies de distancia, y que se podía mover con precisión. La llamamos la Obe-cam (Obe significa serpiente en la lengua nativa de los Waodani).

El segundo concepto era una plataforma de suspensión de cable de iluminación. El cable estaba conectado a dos árboles, podía ajustarse a cualquier altura y el operador de cámara se podía desplazar hasta una distancia de trescientos pies. A esto le llamamos el Gata – cam, (Gata significa mono en lengua Waodani).

El tercero era una brújula que se colocaba en un helicóptero, un coche, una barca o en cualquier otro vehiculo. Como donde más se usaba era en el helicóptero, lo llamamos el Ayamo – cam, (Ayamo significa pájaro en lengua Waodani).

Miles, el hermano del director, que había sido ingeniero mecánico antes de dedicarse a montar películas, encabezaba el diseño de los sistemas con la ayuda de Andy Frostenson. Dave, el otro hermano del director, encabezaba la manufactura de los sistemas.

“Tanto Dave como Miles formaban parte del equipo del documental”, dice Hanon “y entendieron perfectamente lo que había que conseguir con esos equipos y como tenían que manejarlos en la selva”.

La imaginación, la técnica y la persistencia recompensaron a este equipo con tanto talento. No solo pudieron acabar la producción a tiempo y dentro del presupuesto estimado sino que los sistemas que desarrollaron se pueden seguir utilizando para futuros proyectos.