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Sinopsis

Todo empieza en una pequeña escuela pública masculina situada en la región industrial del norte de Inglaterra, en la que ocho alumnos, un número sin precedentes, se disponen a emprender el definitivo sueño británico: ser admitidos en una de las dos legendarias universidades inglesas. Trastornados por el sexo, los deportes y el caos que supone crecer en los años ochenta, los chicos se ven ayudados, y en ocasiones estorbados, en su búsqueda por dos profesores diametralmente opuestos en sus métodos. Al tiempo que ambos profesores se disputan la lealtad, las mentes y hasta los corazones de los muchachos, imparten lecciones fundamentales y revelan sus propios defectos humanos.  

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Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

History boys es el regreso británico al tema del “profesor que modifica la vida de sus alumnos”, tema que, en el cine, siempre genera tela para cortar. En este caso, la trama guarda muchos puntos en común con La sociedad de los poetas muertos, con ciertas diferencias en su planteo.

La historia de History boys (valga la redundancia) se sitúa en la década del ochenta, en una escuela secundaria de varones que aspiran a ingresar en las universidades más prestigiosas. En ese ámbito, los conflictos sexuales afloran, tanto en profesores como en alumnos, y el carácter coral de la historia, colabora en potenciar esos elementos en cada personaje, reflejo de una sociedad menos represiva que la que se exponía en el film protagonizado por Robin Williams.

Los mayores aciertos de esta película radican en la exposición de distintos métodos de enseñanza, y en mostrar la presión que ejercen padres, docentes, y directivos de la escuela, hacia los chicos, exigiéndoles que ingresen a Oxford o Harvard a cualquier precio. Esta línea, si bien recorre toda la película, queda relegada a elemento secundario detrás del contenido sexual, que va cobrando más fuerza a medida que transcurre el film.

La dirección, si bien irregular es, la mayor de las veces, correcta, fallando en ciertas secuencias excesivamente teatrales, evidenciando el paso de Nicholas Hytner, director de la puesta original de la obra, a la versión cinematográfica. Con una sobresaliente y emotiva interpretación de Richard Griffiths, el elenco en general colabora en hacer fluir la narración entre la comedia y el drama, con excepción de Clive Merrison, cuyo papel de director de la escuela resulta algo esquemático y grotesco.

Cálida obra, con algunos innecesarios golpes bajos sobre el final, y adaptada al cine con sencillez, corrección, y buenas actuaciones. 

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Dirección: Nicholas Hytner.
País:
Reino Unido.
Año: 2006.
Duración: 104 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Richard Griffiths (Hector), Frances de la Tour (Sra. Lintott), Stephen Campbell Moore (Irwin), Samuel Barnett (Posner), Dominic Cooper (Dakin), James Corden (Timms), Jamie Parker (Scripps), Russell Tovey (Rudge), Samuel Anderson (Crowther), Sacha Dhawan (Akhtar), Andrew Knott (Lockwood), Penelope Wilton (Sra. Bibby), Adrian Scarborough (Wilkes).
Guión: Alan Bennett; basado en su obra.
Producción: Kevin Loader, Nicholas Hytner y Damian Jones.
Música: George Fenton.
Fotografía:
Andrew Dunn.
Montaje: John Wilson.
Diseño de producción: John Beard.
Vestuario: Justine Luxton.
Estreno en Reino Unido: 13 Oct. 2006.

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CÓMO SE HIZO «HISTORY BOYS» Notas de producción

1. Origen del proyecto

En mayo de 2004, la nueva y provocadora obra de Alan Bennett sobre la anarquía de la adolescencia, la finalidad de la educación y la naturaleza de la historia, “The History Boys,” se estrenó en el Teatro Nacional de Londres bajo la dirección de Nicholas Hytner. Causó sensación nada más ponerse en escena. Rebosante de malicioso ingenio, de energía juvenil y de insistentes preguntas sobre absolutamente todo, desde por qué hay alguien que lee poesía hasta el mismo cogollo de la ética sexual, la obra registró un sinfín de llenos y acaparó numerosos premios, entre los que figuran los Premios Lawrence Olivier a la Mejor Obra Nueva, al Mejor Director y al Mejor Actor, así como los premios del Evening Standard y del Círculo de Críticos a la Mejor Obra. A una gira mundial de enorme éxito la siguió un temporada triunfal en Broadway. A pesar de su ambientación evidentemente británica, el argumento le llegó al público estadounidense con tanta fuerza como al de su país de origen, llegando el New York Times a calificar la obra como “locamente divertida y cautivadora”. Barrió en los Premios Tony, logrando los correspondientes a seis categorías, incluidas las de Mejor Obra, Mejor Director, Mejor Actor Protagonista y Mejor Actriz Destacada.Aun antes de que la obra llegara a Broadway, la gigantesca avalancha de entusiasmo provocada por sus temas y personajes no dejó duda de que Hytner y Bennett – que anteriormente habían colaborado en LA LOCURA DEL REY JORGE, película candidata al Oscar® e igualmente basada en una producción del Teatro Nacional – deberían pensar en llevar el argumento a la pantalla. Decidieron trabajar a la velocidad del rayo para mantener esa chispa mágica que se había encendido en el escenario, rodando la película en sólo cinco semanas, aprovechando un breve intervalo entre la temporada del Teatro Nacional y el comienzo de la gira mundial. Optaron por la rapidez con toda intención.“La obra había sido ensayada en profundidad cuando la escenificamos por primera vez y, pasado poco más de un año, realizamos la película”, explica Hytner. “Las películas pueden exigir años, y más años y todavía más tiempo, y, en ocasiones, cuando por fin se finalizan, toda la pasión se ha consumido. Pero Alan escribió la obra rápidamente, en un relámpago de inspiración, y nosotros nunca perdimos nuestro entusiasmo por ella. En el proceso de trasladarla del escenario a la pantalla – de volver a pensar en cómo contar la historia, de concebirla de nuevo, de revisualizarla – ni por un momento levantamos el pie del acelerador”.Aunque Hytner y Bennett habían decidido anteriormente realizar una película basada en HISTORY BOYS, no revelaron sus intenciones ni procuraron activamente la participación de nadie más hasta que hubieron terminado el guión y elaborado un calendario completo de producción. Querían estar listos para entrar en acción en un instante. Sabían que era necesario moverse a toda velocidad – se les presentaba una limitadísima oportunidad antes de la gira mundial y durante las vacaciones en Inglaterra, que les permitiría rodar en un auténtico colegio cerrado durante el verano. Lo que era más importante, ellos sabían que cualquiera con el que realizaran la película tendría que estar de acuerdo en utilizar precisamente el mismo reparto de la producción del Teatro Nacional, muchos de cuyos miembros eran jóvenes primerizos sin experiencia cinematográfica – pero que ya se habían metido por completo en sus personajes, habiéndolos ensayado rigurosamente y representado cientos de veces en escena.“No sucede muy a menudo que una obra tenga un reparto perfecto desde cualquier punto de vista”, afirma Hytner. “Cuando eso ocurre, un material que ya es rico y resonante se enriquece todavía más. La combinación de las partes tal y como aparecen escritas en el papel y lo que cada noche recrean unos actores imaginativos que se meten en la piel de lo que representan, mantiene todo más que vivo. De ninguna manera íbamos a realizar esta película sin el reparto con el que habíamos estado trabajando durante los 12 meses anteriores”.Cuando Hytner y Bennett estuvieron listos, se dirigieron a unos productores independientes notablemente iconoclastas como Kevin Loader (LA MANDOLINA DEL CAPITÁN CORELLI, EL INTRUSO, THE MOTHER) y Damian Jones (WELCOME TO SARAJEVO, MILLONES, GRIDLOCK’D). A Loader y a Jones les entusiasmó formar parte del proyecto y dejar que Hytner y Bennett llevaran a la pantalla la historia que habían ideado poniendo en primer plano sus propios instintos creadores. “Nuestra aportación a la fiesta fue un conocimiento de cómo hacer esta película con un reducido presupuesto y dar a Nicholas y Alan el tipo de libertad absoluta de creación que querían”, resume Loader.“Kevin y Damian elaboraron con suma habilidad un paquete financiero y los que tomaron parte – BBC TWO Films, DNA Films y Fox Searchlight Pictures – respaldaron al 100 % la idea de que prosiguiéramos por el camino que ya habíamos emprendido”, añade Hytner.Al enfrentarse con la adaptación cinematográfica, Alan Bennett se ciñó en gran medida a la producción escénica. Bennet, uno de los narradores teatrales y cinematográficos más populares de Inglaterra, se había inspirado para escribir la obra en su propia experiencia como un joven que hizo cuanto pudo para aprobar los exámenes de ingreso en Oxford y Cambridge”, pero que ansiaba conocer a uno de esos míticos profesores consumidos por una ardiente pasión de saber y aprender por el mero hecho de aprender.
“Si hubiera tenido a alguien que hubiera podido infundirme un entusiasmo tan evidente como Hector era capaz, entonces me habría quedado más claro el objetivo”, reflexiona Bennett. “Hay personas que lo hacen pero, en todos mis años de estudiante, sólo conocí a uno. Justo al final de mis estudios en Oxford, tuve un tutor que enseñaba historia medieval. La historia medieval es, dicho con moderación, una asignatura muy marginal pero él lograba que pareciera que ella y sólo ella era lo que hacía la vida que mereciera la pena. Todavía hay profesores de esa clase, que sobreviven aun en las terribles condiciones de la enseñanza actual, pero yo nunca tuve uno cuando era un muchacho y supongo que por eso intenté darle vida a uno”.Bennett ambienta su relato en los años ochenta, en un colegio de segunda enseñanza donde se palpa la tensión entre la cultura pop y la superior, el lugar idóneo para plantear preguntas sobre cómo resolvemos la lucha entre estilo y substancia en la vida, y cómo enseñan y son mutuamente enseñados los seres humanos. Lo hizo creando a dos convincentes profesores opuestos por el vértice: Hector, el profesor de “Ciencias Sociales”, excéntrico y amante de la diversión, e Irwin, el pulcro profesor de Historia que se guía por los resultados.Si bien el personaje de Hector – delicado, sabio y de contorno tan amplio en su persona como en su vibrante pasión por el saber – da en ocasiones la impresión de ser un héroe nada convencional y desamparado, también está lleno de enormes fallos que Bennett trató con emotiva honestidad en su obra.Cuando se le pregunta por qué eligió dotar a Hector del perturbador talón de Aquiles de sentirse atraído por sus alumnos, Bennett contesta: “Me pareció que encajaba con su carácter; de verdad. Me pareció correcto y, en cierta forma, le convertía en un inocente. Los chicos de la obra tienen 18 años y creo que realmente son muchos más sabios que Hector. Su actitud hacia él es de una tolerancia harta; el totalmente inútil toqueteo que reciben yendo en su motocicleta no les alarma ni les daña; simplemente les aburre. Al mismo tiempo – y éste podría ser un concepto romántico – sienten afecto por él y le dejan seguir. Simplemente lo soportan y piensan que es una de esas cosas de la vida. No creo que se aparte tanto de la verdad ”.En efecto; tanto Hector como Irwin demuestran ser demasiado humanos como para servir de modelos perfectos de comportamiento para los muchachos – pero en opinión de Bennett da lo mismo, porque les corresponde a los chicos abrir sus propios caminos hacia lo que de verdad quieren lograr en la vida. Así lo resume: “Yo quería mostrar que, al fin y al cabo, los chicos saben más que cualquier profesor. Emprenderán su propio camino y se labrarán su propio futuro. Tomarán de cada uno de estos profesores lo que quieran. Eso es lo que muestra la última escena, que no queda precisamente idílica. Los chicos no son ni completamente nostálgicos ni del todo materialistas, y cuando cuentan lo que han hecho en la vida, el empirismo y la experiencia ganan por completo”.Cuando hubo que transformar la obra de teatro en guión cinematográfico, Bennett optó por no realizar cambios radicales, dejando el relato, ya suficientemente enérgico, fundamentalmente intacto. “Me limité a eliminar partes que me parecieron inadecuadas o que no quedarían bien, y Nick recortó más”, dice Bennett. “Luego añadí lo que me pareció necesario para completar el cuadro. Introduje en el guión unos pocos personajes simplemente porque hacía falta ver al director deambulando por el colegio, y porque en las escenas que se desarrollan en la sala de profesores hacía falta ver a los profesores. Escribí una breve escena – aunque ella la convierte en muy buena – que se desarrolla en el departamento de arte, a cuya cabeza está Penelope Wilton. Y añadí a un profesor de educación física bastante religioso interpretado por Adrian Scarborough, un personaje ligeramente inspirado en alguien que asistía al colegio en mi época”.Los productores quedaron impresionados con los resultados, que mantuvieron vivo el espíritu de la obra a la vez que reforzaban la experiencia íntima que del argumento tiene el público. “Alan comprendió instintivamente que no tenía mucho sentido ampliar HISTORY BOYS para empezar cortando algo que tan favorable efecto causó a los espectadores del Teatro Nacional, por buscar alguna falsa cualidad cinematográfica”, explica Kevin Loader. “La ventaja del paso del escenario a la pantalla, en este caso, consiste en que la película nos hace sentirnos más cercanos a estos personajes; nos hace participar más de sus historias emocionales y nos brinda la oportunidad de sacar el máximo partido al asombroso detalle de estas interpretaciones”.Por su parte, Nicholas Hytner vio en ello la ocasión de correr algunos riesgos cinematográficos. “Para mí resultaba maravillosamente emocionante intentar sacar una película de personas muy brillantes que se alumbran ideas mutuamente, que se destrozan uno a otro intelectualmente intentando ser más astuto que su émulo, desplegando gran ingenio y alegría de vivir, todo lo cual oculta una seriedad subyacente”, explica Hytner. “Tratamos de reflejar todo esto en la forma como rodamos y montamos la película. Pero igualmente intentamos expresarlo permaneciendo, en ocasiones, tan estáticos como es posible estarlo en una película. Pienso especialmente en la escena en la que Hector y Posner discuten juntos el poema ‘Drummer Hodge’ y desnudan sus corazones, descubriéndose indirectamente a través de la discusión de este poema original de Thomas Hardy. La escena es casi exactamente igual en el teatro y en la pantalla, apenas está modificada”.Hytner, que fue alumno de Cambridge, concibe en definitiva la película como centrada en un tipo de educación que va mucho más allá de las paredes del aula. “Quiénes somos y en qué nos convertimos es el resultado de muchas influencias distintas”, observa. “Sin duda nuestra educación tiene mucho que ver con ello, aunque mucho menos de lo que nos inducen a creer cuando andamos a la caza de las notas, en busca de la admisión en la universidad. Ingresar en Cambridge era para mí lo más importante del mundo. Lo logré y me encantó mi estancia, pero desde que me licencié nadie me preguntó nunca en qué colegio había estudiado. Las voces de la señora Lintott y de Hector transmiten una gran fuerza en el guión, sugiriendo que eso realmente no importa. En modo alguno cree la película, como tampoco ninguno de ellos al final de la misma, que esas dos universidades sean lo máximo y la culminación de todo. No lo son. Pero eso es lo que les dicen a los chicos y ellos se esfuerzan en alcanzarlo”.Con todo, Hytner optó por no pronunciarse claramente a favor de nadie en el feroz debate de Bennett entre el concepto pragmático que Irwin tiene del mundo, y la visión, impulsada por el alma y el corazón, de la educación que alimenta Hector – decidiendo dejar la discusión indecisa para que el público medite sobre el particular. “Es mucho lo que resulta atractivo en la forma como Hector enseña”, reconoce Hytner. “En un nivel emocional es muy fácil responderle a él y resulta más duro hacerlo con Irwin, o con la señora Lintott. Pero la película no supone en modo alguno un respaldo inequívoco del enfoque de Hector. Nos hallamos ante un debate que no tiene una conclusión clara – ni siquiera pide al público que extraiga una conclusión. Pero sí pide a los espectadores que mediten muy profundamente sobre lo que se discute”.