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Sinopsis

Harry Caul (Gene Hackman), un espía profesional que trabaja para poderosos clientes, solitario y católico devoto, comienza a desarrollar un sentimiento de culpa, al sospechar que detrás de la grabación de una conversación de una pareja en un parque, se ocultaría un futuro asesinato. Este sentimiento lo lleva a involucrarse en el caso, poniendo en peligro su vida.

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Crítica de Cine.com por Leo Aquiba Senderovsky

Esta pequeña película, realizada por Francis Ford Coppola entre las primeras dos partes de El padrino es, según sus propios dichos, su película preferida. Cierto es que le ha dado varios motivos para estar orgulloso, entre los cuales se encuentra la Palma de Oro en el Festival de Cannes, y las tres nominaciones obtenidas en los Oscar (Mejor Película, Mejor Sonido y Mejor Guión Original).

La conversación es un film menos pretencioso si se quiere que la saga de El padrino y Apocalipsis now, pero detrás de él se esconde un formidable ejercicio sobre la paranoia. El planteo es sencillo desde el desarrollo del personaje, ya que su condición de ferviente católico lo lleva de la indiferencia a la culpa por trabajar a ciegas, grabando una conversación que podría estar vinculada con un futuro asesinato.

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Si bien en ningún momento se abandona su punto de vista, y el espectador observa prácticamente lo mismo que Harry, la película cobra aún más fuerza cuanto más se apoya en ese diálogo registrado al comienzo del film, aparentemente banal, pero que sutilmente se irá resignificando una y otra vez durante toda la película, llevando a una vuelta de tuerca inesperada, incluso para el protagonista.

Con una puesta en escena austera y que certeramente sabe tomarse su tiempo, unida a una soberbia interpretación de Gene Hackman, y considerables apariciones de Robert Duvall y de un joven Harrison Ford (previo a Han Solo), y sobre todo, con un diseño de sonido brillantemente realizado por el maestro Walter Murch, que juega con la grabación de esa conversación y con sonidos que van volviendo aún más extraño y enigmático lo que sucede alrededor de ella, convierten a esta película en una de las gemas del cine norteamericano de los setenta.

Su lectura política deja ver una clara crítica a la Norteamérica de Nixon, y hace pensar en la vigencia de la trama a la luz de la sofisticación en los sistemas de vigilancia. Que aquellos grabadores analógicos no anclan al film en una época determinada, y que aquel espíritu paranoico de Harry Caul, hoy se encontraría fuertemente potenciado. No por nada, el cine volvió una y otra vez sobre historias similares a esta, como el caso directo de Enemigo público, de Tony Scott, con Hackman en un personaje similar, Blow out, de Brian De Palma, o el film argentino Tiempo de revancha, de Adolfo Aristarain.

En síntesis, un excelente film en todos los aspectos, que sigue exponiendo aún hoy las miserias de una sociedad que, por dinero y poder, ha vendido la moral y ha degradado el valor de lo privado.