Publicado originalmente en «Yo Soy George Clooney»

Un breve zapping me lleva a la que quizás sea la noticia más desoladora del año. A tres días de consagrarse como el gran ganador del año en la última entrega de los Premios Cóndor, muere a los 47 años Fabián Bielinsky.

Tal vez siga por horas (y por días) consternado, esperando que alguien desmienta la noticia, pero no será así. Inmediatamente pienso en Lucho Bender (el director de Felicidades), que también murió a los 47 años (dentro de una semana justamente, el 6 de julio, se cumplen dos años de su fallecimiento), y murió preparando la que hubiese sido su próxima película, ambos fuera del país (Lucho Bender murió en España, Bielinsky en Brasil).

Pero esta vez me duele mucho más. Ayer mismo lo vi a Bielinsky en una entrevista reciente que le hizo Sebastián Tabany para El Acomodador, por Volver. Bielinsky hablaba de sus próximos proyectos, decía que estaba barajando ideas y posibilidades parasu próxima producción. Nada hacía pensar su triste desenlace al día siguiente.Read More

La gente que estaba cerca mío me preguntó si lo conocía, si había trabajado con él, por cómo me puse al enterarme de su deceso. Luego me doy cuenta que hay una sóla respuesta para esas preguntas: Ojalá. Ojalá lo hubiera podido conocer, ojalá hubiera podido tener la dicha de trabajar con él, en alguna de sus películas, aunque sea como eléctrico, alguien que sólo está allí para ver cómo trabaja un maestro, cómo un artista pinta con furia su lienzo.

Desde que empecé a escuchar las primeras noticias sobre la que sería su segunda película, era el film que más ansiaba ver. Recuerdo cuando fui a ver con MaroEl aura, cómo nos levantamos de las butacas ante tremenda lección de buen cine, esa hermosa sensación que experimentamos los cinéfilos cuando asistimos a la primera visión de una obra maestra. Aún guardo la ya ilegible entrada, pero son esas cosas que uno agradece haber conservado y que se atesoran con esa mezcla de cinefilia radical y profunda admiración. Si quieren ver mi opinión de El aura, lean el post titulado «Darín toma tegretol», que publiqué con motivo de su estreno el año pasado. Aquí basta decir que enseguida afirme haber visto la que consideraba, y aún considero, la mejor película argentina de los últimos diez años (por lo menos, pero sin dudas está entre las mejores películas argentinas de todos los tiempos).

Como sea, Bielinsky me parece el mejor director nacional de los últimos treinta años. Hablo a título personal porque considero que es la única forma de escribir esta especie de obituario, pero se que mis dos amigos y corresponsables del blog comparten conmigo estas palabras. Con Fabián (me tomo el atrevimiento de llamarlo por su nombre, aunque no tuve el gusto de conocerlo, pido disculpas pero es como si se hubiera ido un familiar, alguien muy cercano), se nos va el mejor referente de un tipo de cine que en Argentina, hasta Nueve reinas, creíamos muerto, y con su consolidación, se veía como una forma recuperada en su máxima expresión. El respeto y admiración por el cine nortemaericano clásico, por la puesta en escena, por el riesgo (pensemos que después de un exitazo sin precedentes como Nueve reinas podría haber hecho cualquier película y, sin embargo, apostó por una vertiente personal, por arriesgar su carrera más que cualquier otro cineasta del llamado Nuevo Cine Argentino), el amor y la defensa del cine como forma de contar una historia, pero a su vez como forma de expresión, pierde al mejor narrador, al mejor director.

No recuerdo haberme sentido así antes, mis mayores referentes son directores fallecidos hace mucho, no recuerdo haber asistido antes al fallecimiento de alguien a quien admiraba profundamente. El aura la festejé como no he festejado ningún film antes, festejé mucho cuando tres días atrás Bielinsky se cansaba de recibir premios por su enorme film.

Si este artículo llega por casualidad a algún conocido, familiar o amigo de Bielinsky, aprovecho para mandar mis condolencias ante tan lamentable pérdida (aunque no tengo más crédito que el de ser un simple estudiante de cine y un ferviente admirador suyo). Con la muerte de Lucho Bender hace dos años el cine argentino perdía una verdadera promesa, con la muerte de Fabián Bielinsky desaparece un consagrado, un hombre que obtuvo el título de maestro con sólo dos películas en su haber, un tipo que tenía mucho cine para dar. Como el instante del aura, asistimos a un momento extático, que hoy se vislumbra como algo tristemente efímero. Con su muerte, muchos nos quedamos con los ojos vacíos.

Fabián Bielinsky – 3/2/1959 – 28/6/2006 – Q.E.P.D.