f16c5_syrianaPublicado originalmente en la revista Segunda impresión y en Yo soy George Clooney

Todo está conectado. Así sugiere el tagline de Syriana, película escrita y dirigida por el guionista de Traffic, Stephen Gaghan. Bajo esa frase se esconde todo el entramado que sostiene la corrupción en Estados Unidos, las intervenciones en Medio Oriente, el surgimiento de terroristas y, detrás de todo eso, el negocio del petróleo. Sobre todos estos temas se mueve Syriana, una de las propuestas más interesantes en plena temporada de estrenos con sabor a Oscar.

El film trabaja con tres historias principales, la primera de ellas es la de Bob Barnes, un agente de la CIA (George Clooney, físicamente irreconocible, no tanto por razones argumentales sino para despegarse de su imagen de galán); la segunda es la de Bryan Woodman (Matt Damon), analista ecónomico y asesor de un futuro candidato a Emir con ideas revolucionarias; y la tercera es la de Bennett Holiday (Jeffrey Wright), un abogado que investiga la fusión de compañías petroleras. Todos ellos son apenas tres puntas de un mismo conflicto, meras presas del accionar del gobierno norteamericano, por presiones de empresarios petroleros. De esa manera se tejen todas las historias, a Barnes le asignan una misión casi suicida para sacárselo de encima y los ex trabajadores del petróleo, inmigrantes ilegales, son reclutados para ser convertidos en futuros terroristas.

Si bien la película pierde dinamismo al caer en escenas puramente discursivas y al abrirse a muchas subtramas (su carácter coral la asemeja mucho a Traffic), esto no perjudica la destreza visual, muy similar al eclecticismo de Soderbergh (éste ahora productor junto con Clooney de este film), aunque con menor presupuesto en este caso, y las notables actuaciones del reparto, en especial de George Clooney y de algunos actores secundarios. Pero sobre todo, no consigue afectar la importancia histórica que tiene esta película, tal como Munich, de Spielberg, surgidas en un ámbito que naturalmente margina estos films por su controversia y por decir “demasiadas verdades en 120 minutos”.