Publicado originalmente en «Yo soy George Clooney»

¿Puede una mediocre dirección ser una decisión estética? ¿Puede alguien ser un autor filmando mal? Mientras escribo estas líneas están dando por Retro Embrujada, de Armando Bo. Una vez más nos encontramos, como es habitual ya en varios canales de cable, con la filmografía de Armando Bo, motivo por el cual me surgió la idea de plantear este interrogante. Y para plantearlo decidí analizar brevemente el cine de Armando Bo como el caso paradigmático del cine nacional que responde a esto.Read More

bo-sarliMuchos han bastardeado a lo largo de los años la figura de Armando Bo. Es fácil adoptar esa posición habiendo visto algunos de sus films por separado, sin embargo resulta tarea compleja el abordar su obra completa para un análisis, por diversas razones. La primera de ellas es la dificultad que representa el ver alguna de sus películas de principio a fin, siempre sobrecargadas y bordeando o incluso metiéndose de lleno en una exacerbación del kitsch y la cursilería hecha cine, sumado esto al erotismo siempre presente a través del voluptuoso cuerpo de Isabel Sarli. La segunda de ellas es descubrir que Bo ha realizado películas que podrían denominarse “correctas” hacia el inicio de su carrera. ¿Cómo se explica entonces el devenir de su carrera? El primer film de Bo, El trueno entre las hojas (a su vez la primera aparición/desnudo de Sarli), es si se quiere un film convencional, correctamente filmado, adaptación de famoso libro, con elenco solvente. ¿Qué fue entonces de aquel Armando Bo?

Su prolífica carrera no hace más que confirmarlo. En vez de mejorar su pulso como director, perfeccionarse en el oficio, Bo optó por radicalizar sus propias ideas sobre el cine. Y vaya si las tenía. La evolución del cine de Armando Bo implicó la transgresión de absolutamente todas las reglas del cine, hablando mal y pronto, descubrió rápidamente que el sentido de su cine estaba en cagarse en toda norma preestablecida. Ya había demostrado que podía filmar bien, luego debía demostrarse a sí mismo que podía quebrar todo y aún saber imponer su cine. Extraño caso el de Armando Bo, pocos como él comprendieron el gusto popular, pocos como él tuvieron que enfrentarse habitualmente con la censura.

Cito un extracto de una de las afirmaciones realizadas por Bo a Rodolfo Kuhn y plasmadas por el mismo Kuhn en su libro “Armando Bo. El cine, la pronografía ingenua”: “Vos sabés que el director era un hincha pelotas (n de R: Kuhn puso puntos suspensivos, creí innecesario caer en eufemismos tales), como debés ser vos, perdoname, ¿no? Pero era de esos directores que miran un rato largo por el visor y vos sabés que a mí me pone nervioso porque yo trabajo muy rápido. (…)” He aquí una de las máximas de Armando Bo. Alguien que sabía como pocos lo que hacía. El hecho que Rodolfo Kuhn, uno de los máximos exponentes de la denominada Generación de los 60, lo haya valorado en su época (el ensayo data de 1977) al punto de dedicarle un ensayo, no hace más que confirmar esta teoría. Bo tenía cosas para decir.

Pocos a su vez eran tan recatados como él, recatado pero acusado de pornógrafo. Al respecto Kuhn afirma: “En Armando Bo, la ingenuidad es una cualidad que no sólo está presente en su cine. También en su persona. Por eso en su cine es una cualidad. Porque es totalmente auténtica.” En su discurso, Kuhn llega a sobrevalorar el nivel de autoconciencia de Bo, al escribir uno de los pasajes más irónicos del ensayo, a saber: “(…) el proceso del cine de Armando Bo es mucho más rico. Lo es por su ingeuidad, por su rescate de elementos del viejo radioteatro argentino, y sobre todo por su moralismo, por esa riqueza que le da la simple redención de la mayoría de los personajes de Isabel. Suele ser la pecadora que se redime y vuelve a Dios. Y tal vez sea una escena de Carne donde se llegue al summum de esto. El personaje de Isabel, arrepentido de tanto coito y tanto pastoreo, reza. Y en un mismo cuadro aparecen Isabel Sarli + un Cristo frente al que reza + un cartel de naranja Crush al fondo que se prende y se apaga. ¿Qué otro realizador del mundo logró meter en un solo cuadro a una gran Diosa del sexo + Dios + el símbolo de las multinacionales y la sociedad de consumo?”

Con este pasaje indudablemente gracioso, cierro este breve comentario sobre Armando Bo, quizás en otra oportunidad volveré a escribir sobre su obra, indudablemente hay mucho más para hablar, y la lectura del libro de Kuhn deja en el tintero otras cosas al respecto. Vale la pena volver sobre el interrogante, así como Bo es el fiel exponente dentro del cine argentino de cómo la brutalidad se junta con la coherencia (si se quiere) autoral, ¿qué otros realizadores del cine mundial poseen estas mismas características? ¿Qué otros directores oscilan entre estos dos mundos, el de la subcultura y la ferocidad, por un lado, y el de la genialidad propia de un artista consecuente con su obra, por el otro? Dejo este interrogante para aquellos lectores que deseen contestarlo. Comienzo con un posible candidato/ejemplo: John Waters.