Publicado originalmente en «Yo soy George Clooney»

Comienzo con este una serie de artículos sobre ciertas cosas que pasan por acá, en nuestro cine y no nos enteramos o no nos damos cuenta. El propósito de estos artículos no es hacer crítica de las películas en sí, sino comentar ciertas cuestiones anecdóticas que las rodean y nos muestran el estado de las cosas en nuestra industria. Aclaro que al que no le interese el cine argentino puede dejar de leer este artículo, y a aquellos a los que les interesen estos textos de debate y comentario, les agradecería que dejaran comments al respecto, con sugerencias y, si tienen interés en que tratemos algún tema o película argentina en particular, hágannoslo saber.

En este caso les presento un caso extraño dentro de lo que es el cine argentino reciente. Este ya se estrenó, y es bastante raro, no la película en sí, sino las circunstancias que la rodean.Read More

buda00El caso de Un buda:

Seguro que esto ya lo escucharon en algún medio. Un chabón llamado Diego Rafecas que hizo mucha guita con una empresa de decoración multinacional, un día se le aflojó una tuerca (o vio la luz, véanlo como quieran) y se hizo monje zen, se dio cuenta que tenía que aprovechar su veta actoral y escribió un guión sobre el camino espiritual que emprende un joven, guión que luego produjo con su empresa creada para la ocasión, para luego dirigirlo y de paso ser uno de los protagonistas (cuac). La película se estrenó el jueves 14 y aclaro que no la vi, así que no la voy a juzgar acá. Lo cierto es que junto con la distribuidora Pachamama la lanzaron con 25 copias, acto descomunal para el cine independiente argentino, que está acostumbrado a lanzar películas con diez copias como mucho. A todo esto, y por si no fueran por demás curiosos todos estos datos anecdóticos, el día de su estreno las críticas de los principales diarios la aplastaron completamente, y aunque no la vi debo decir que por lo menos la crítica de Vinelli en Clarín deja mucho que desear, no dice absolutamente nada, y en el artículo, la única crítica propiamente dicha está en el párrafo final donde dice que se aburrió. Al margen de esto, y después de un bastante aceitado mecanismo de promoción, el mismo día del estreno aparecieron en las calles de Buenos Aires todos los carteles de la película con pegatinas sobre ellos con la siguiente leyenda “La crítica conservadora no la entenderá. La revolución interior. Mandanos tu opinión a www.unbuda.com.ar

Ok, a la película le pegaron por los cuatro costados, no descarto que el film sea poco interesante, demasiado convencional y con muy poco rigor estético, pero me resulta más curioso que el film en sí es esta especie de diálogo entre la crítica y los que lanzan al mercado la película, que más que diálogo parece una lucha desequilibrada, donde algunos dirán, y con mucha razón, que los productores pecan de cercenar la libertad de expresión de los críticos (queda totalmente claro que no se puede defender a una película solo porque es argentina, si es mala es mala) y otros dirán que pobres estos chicos que para lanzar una película con 25 copias tienen que estar totalmente convencidos que va a llevar gente, y lo de los carteles es un manotazo de ahogado en busca de espectadores para recuperar los costos de producción y lanzamiento. En fin, júzguela usted mismo. En otra oportunidad les prometo analizar cómo hoy en día ciertos sectores se dedican a desprestigiar a la crítica cinematográfica, para la próxima, sin embargo, tengo un tema más espeso.

Nos vemos, señores.